«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – VII – Fernando de Rojas / «La Celestina» – Santiago Blanco del Olmo

«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – VII – Fernando de Rojas / «La Celestina» – Santiago Blanco del Olmo

«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – VII – Fernando de Rojas / La Celestina

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Celestina. Tragicomedia de Calisto y Melibea [1519 – Cesare Arrivabene – Venezia] – [Courtesy of the Hispanic Society of America, New York, USA]

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«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – VII

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Fernando de Rojas

La Celestina

En esta obra dialogada, la “Tragicomedia de Calisto y Melibea”, pero demasiado extensa como para ser representada, escrita circa 1500 por un Fernando de Rojas del que apenas sabemos nada, el personaje de la alcahueta se convirtió en el verdadero protagonista en la conciencia del público lector, de forma que tan sólo unas décadas después de su aparición ya era conocida la obra como La Celestina, en demérito de la pareja de desordenados amantes. La obra gozó de veinticinco ediciones a lo largo del siglo XVI y fue traducida a las lenguas europeas cultas de su época.

El humanista Gaspar Barth la tradujo al latín en el año 1624. Estamos hablando de un clásico de nuestras letras que posee una ventaja sobre la obra de Juan Ruiz, dejando de lado la época y el género, y es que la lengua de Rojas continúa siendo hoy inteligible para los más de los lectores apenas con ayuda de notas a pie de página o de un diccionario. El habla del arcipreste resulta más lejana y difícil y está mucho menos estudiada. Teniendo en cuenta que la gracia y el valor de la obra de Ruiz radica en un 90% en su lenguaje, el resultado es que hoy es obra poco conocida salvo de filólogos y otros curiosos. Paradójicamente hay más lectores avezados con el latín de Ovidio y de Virgilio que con el castellano de Juan Ruiz.

Pero volvamos a nuestra alcahueta. Independientemente de que esta obra es la más extensa de todas cuantas he estudiado en estas páginas y aquella en que el personaje de la alcahueta es nuclear, pienso que Celestina reúne las características de todas sus colegas mentadas previamente. Con todo, y en comparación con su más inmediata predecesora castellana, Trotaconventos, observamos que el ambiente de tolerancia y libertad de la Hita del mil trescientos, la bendita coexistencia de las tres culturas y también la peculiar manera de entender la religión que tenía Juan Ruiz, han pasado a la historia. En la Celestina se alude un poco de pasada a un par de procesos inquisitoriales sufridos por la protagonista de los que por lo menos ha podido salir con vida, pero consta que la amiga de Celestina y madre de Parmeno ha muerto en el curso de uno de estos autos. Ya sólo hay una religión. Son otros tiempos.

Vamos a ver en primer lugar una presentación de nuestra heroína en boca de Parmeno, de domicilio y oficios conocidos:

“Si entre cien mujeres va y alguno dice, ¡puta vieja!, sin ningún empacho luego vuelve la cabeza, y responde con alegre cara. En los convites, en las fiestas, en las bodas, en las cofradías, en los mortuorios, en todos los ayuntamientos de gentes, con ella pasan tiempo. Si pasa por los perros, aquello suena su ladrido; si está cerca las aves, otra cosa no cantan; si cerca los ganados, balando lo pregonan; si cerca las bestias, rebuznando dicen: ¡puta vieja! Las ranas de los charcos otra cosa no suelen mentar; si va entre los herreros, aquello dicen sus martillos… ¿Qué quieres más, sino que si una piedra topa con otra luego suena puta vieja?”

“Tiene esta buena dueña al cabo de la ciudad, allá cerca de las tenerías, en la cuesta del río, una casa apartada, medio caída, poco compuesta y menos abastada. Ella tenía seis oficios, conviene saber: labrandera, perfumera, maestra de hacer afeites y de hacer virgos, alcahueta y un poquito hechicera. Era el primer oficio cobertura de los otros, so color de cual muchas mozas de estas sirvientes entraban en su casa a labrarse y a labrar camisas y gorgueras y otras muchas cosas.”

Ahora veamos algo de sus dotes como hechicera, igualmente en boca de Parmeno:

“… y en otro apartado tenía para remediar amores, y para quererse bien. Tenía huesos de corazón de ciervo, lengua de víbora, cabezas de codornices, sesos de asno, teta de caballo, mantillo de niño, haba morisca, guija marina, soga de ahorcado, flor de hiedra, espina de erizo, pie de tejón, granos de helecho, la piedra del nido del águila y otras mil cosas.

Venían a ella muchos hombres y mujeres; y a unos demandaba el pan do mordían, a otros de su ropa, a otros de sus cabellos; a otros pintaba en la palma letras con azafrán, a otros con bermellón; a otros daba unos corazones de cera llenos de agujas quebradas, y otras cosas en barro y plomo hechas, muy espantables de ver. Pintaba figuras, decía palabras en tierra. ¿Quién te podría decir lo que esta vieja hacía? Y todo era burla y mentira.”

Dentro de estos aspectos brujeriles, veamos a continuación la conjura de Celestina al triste Plutón:

“Conjúrote, triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la corte dañada, capitán soberbio de los condenados ángeles, señor de los sulfúreos fuegos que los hervientes étneos montes manan, gobernador e veedor de los tormentos y atormentador de las pecadoras ánimas; regidor de las tres furias: Tisífone, Megera y Aleto; administrador de todas las cosas negras del reino de Éstige y Dite, con todas sus lagunas y sombras infernales y litigioso caos; mantenedor de las volantes arpías con toda la otra compañía de espantables y pavorosas hidras; yo, Celestina, tu más conocida cliéntula, te conjuro por la virtud y fuerzas de estas bermejas letras; por la sangre de aquella nocturna ave, con que están escritas; por la gravedad de aquestos nombres y signos que en este papel se contienen; por la áspera ponzoña de las víboras, de que este aceite fue hecho, con el cual unto este hilado, vengas sin tardanza a obedecer mi voluntad, y en ello te envuelvas, y en ello estés sin un momento te partir, hasta que Melibea, con aparejada oportunidad que haya, lo compre; y con ello de tal manera quede enredada, que cuanto más lo mirare, tanto más su corazón se ablande a conceder mi petición; y se le abras y lastimes de crudo y fuerte amor de Calisto, tanto que, despedida toda honestidad, se descubra a mí y me galardone mis pasos y mensaje. Y esto hecho, pide y demanda de mí a tu voluntad. Si no lo haces con presto movimiento, ternásme por capital enemiga; heriré con luz tus cárceles tristes y oscuras; acusaré cruelmente tus continuas mentiras; apremiaré con mis ásperas palabras tu horrible nombre; y otra vez y otra vez te conjuro. Y así, confiando en mi mucho poder, me parto para allá con mi hilado, donde creo te llevo ya envuelto.”

Ahora veamos a nuestra alcahueta hacer una descripción del poder del amor y a continuación una exhortación a aprovechar el tiempo presente:

“Mucha fuerza tiene el amor; no sólo la tierra, más aun los mares traspasa según su poder. Igual mando tiene en todo género de hombres. Todas las dificultades quiebra. Ansiosa cosa es, temerosa y solícita. Todas las cosas mira en derredor…”

¿No es cierto que recuerda el verso final de la Commedia del Dante: “l´amor che move il sole e l´altre stelle”? Otro autor del Trecento.

Y ahora el “carpe diem”:

“Gozad vuestras frescas mocedades, que quien tiempo tiene, y mejor le espera, tiempo viene que se arrepiente; como yo hago ahora por algunas horas que dejé perder cuando moza, cuando me preciaban, cuando me querían; que ya, mal pecado, caducado he, nadie me quiere.”

Finalmente, y para terminar de caracterizar a Celestina con fragmentos tomados de su propia obra, incluyo aquí uno en elogio del vino:

“Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que escanciar; porque quien la miel trata, siempre se le pega de ello. Pues de noche, en invierno, no hay tal escalentador de cama; que con dos jarrillos de estos que baba cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche: de esto forro todos mis vestidos cuando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene continuo en un ser, esto me hace andar siempre alegre; esto me para fresca. De esto vea yo sobrado en casa, que nunca temeré el mal año; que un cortezón de pan ratonado me basta para tres días. Esto quita la tristeza del corazón, más que el oro ni el coral; esto da esfuerzo al mozo, y al viejo fuerza; pone color al descolorido, coraje al cobarde, al flojo diligencia; conforta los cerebros; saca el frío del estómago, quita el hedor del anélito, hace potentes los fríos, hace sufrir los afanes de las labranzas, a los cansados segadores hace sudar toda agua mala, sana el romadizo y las muelas; sostiénese sin heder en la mar, lo cual no hace el agua… No tiene sino una tacha, que lo bueno vale caro, y lo malo hace daño.”

Sin duda uno de los recursos estilísticos que más contribuyen a la belleza del libro es el lenguaje alambicado y metafórico, de oraciones simples enlazadas unas a otras y adjetivación variada, con todo tipo de sabias reflexiones tomadas a veces de escritores clásicos y otras de los textos bíblicos. Este lenguaje puesto en boca de Celestina se purifica o se vulgariza amoldándose siempre a la categoría social del interlocutor, de modo que los pensamientos y las razones más sutiles alternan con una rica veta de refranes populares. Esta “facundia” es una característica propia de todas las alcahuetas que hemos visto, así las antiguas como las medievales.

Me resulta irreal que una vieja prostituta reconvertida en alcahueta pudiera poseer tal caudal de palabras y semejante capacidad expresiva en tantos niveles de lenguaje. Cuando releo estos pasajes más pienso que son ejercicio de un estudiante avanzado de alguno de los cursos de retórica de la universidad de Salamanca, recuérdese que Nebrija publicó pocos años después de la aparición de la Celestina su El arte de hablar en público, en latín, en 1515, como manual de clase para sus lecciones, tomando como modelo la Retórica a Herennio,  a Cicerón y, tal vez, o al menos así lo afirmaba él mismo, a Aristóteles. Se trata de Literatura.

El contraste exagerado entre niveles de lenguaje tan separados, culto, coloquial y del hampa, sirve en la obra a veces como motivo de comicidad muy efectivo, es imposible no sonreírse.

La impresión general que guardo de Celestina no es tan amable como la dejada por Trotaconventos a su muerte. Nadie llora a Celestina, como ella misma decía: “nadie me quiere”. Así también ella misma es responsable de su muerte por un simple error de cálculo causado por el pecado de avaricia. Queriendo quedarse ella sola con la preciosa cadena que le entrega Calisto sin compartirla con sus adláteres Sempronio y Parmeno, acabará siendo asesinada por éstos.

Celestina está en la parte oscura de la sociedad de su tiempo, cercana al mundillo de la delincuencia, y esto la hermana con las alcahuetas de Propercio y de Ovidio, con la salvedad que la idolatría o el mundo pagano dejaba más libertad de acción a las “actividades brujeriles” y mágicas, una libertad definitivamente extirpada con el empleo de la religión en España como herramienta del estado.

Para terminar, sólo quisiera añadir a modo de colofón unos versos portugueses que leí en el Cancioneiro geral de Garcia de Resende, obra publicada en 1516, de Alvaro de Brito Pestana, en donde se nos advierte que hemos de cuidarnos de estas alcahuetas:

“Por surdas alcoviteiras
Barateiras e beatas
Muitas ardem
Em desonestas fogueiras;
Desbaratem tais baratas
Nao lhes tardem.
Nao cuidem com elas ter
Conversaçao sem doesto,
Ca nao podem
Muitos días se manter,
Que nao vao pelo cabresto
E s´enlodem.”

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Santiago Blanco del Olmo

Categories: Crítica Literaria

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