La (des)ventaja de llamarse Antonio – Antonio Villalba Moreno

La (des)ventaja de llamarse Antonio – Antonio Villalba Moreno

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La (des)ventaja de llamarse Antonio

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La (des)ventaja de llamarse Antonio

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La (des)ventaja de llamarse Antonio

En teoría, España es un país laico, pero la Iglesia sigue teniendo importancia, la religión aún está presente en la vida cotidiana, ahí tienen el peso que conservan las cofradías en la sociedad. Muchos dirán que es debido a la tradición, así es. Al menos es lo que pienso. Aunque hay costumbres ligadas a ella que se están perdiendo. Un ejemplo claro es la de celebrar el día del santo.

Recuerdo que en la infancia, en mi entorno se celebraba con más repercusión el día del santo que el del cumpleaños, era común un festejo general cuando llegaba una fecha señalada con los nombres más habituales: Juan, Antonio, Pepe, Pedro, Miguel, Francisco… En cada familia había repeticiones de nombres ya que ni se planteaba buscar alguno al gusto de los progenitores, el dilema de buscarlos estaba limitado a los nombres de los abuelos para los hijos mayores, lo normal era tener muchos hijos y entonces, en los siguientes entraban en liza el de los padres o de algún familiar fallecido, de ahí las repeticiones en los descendientes.

En mi caso mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo eran Antonio, pero además coincidían en que todos hemos sido primogénitos, como también ocurre con mi hijo. Tenemos el nombre más frecuente de España. Tiene algún que otro inconveniente. En la era analógica, cuando no existían los móviles solo había un teléfono en casa, así que cuando llamaban preguntando por Antonio era lógico la frase ¿el padre o el hijo? Algún que otro malentendido en el colegio, ahora en la oficina o en grupos de whatsapp. Como ven, una desventaja insignificante.

Me traslado a los veranos en los que trabajaba de peón de albañil entre curso y curso. Me acuerdo que en una de las construcciones nos juntamos ¡cinco Antonio! Imagínense cuando nos reuníamos todos. Acabamos llamándonos por el apellido, como lo hacíamos en la mili. Aunque yo, para ellos, era Antoñito. Por cierto, recuerdo a un tocayo mío, de apellido Fernández, el mejor peón que yo pueda recordar que me repetía continuamente lo mismo que mi padre: “Ya estás viendo lo duro que es la obra, si no quieres trabajar en ella, estudia”.

Me desvío del asunto en cuestión. Van a tener razón mis compañeros y mis hijos: que doy demasiados rodeos a cualquier tema. Siguiendo con el nombre común, también tiene sus ventajas. ¿Y lo tranquilo que va uno por la calle sin estar pendiente si oyes la llamada de alguien con tu nombre? Yo, al menos no me doy por aludido a no ser que lo hagan por mi apellido.

Sin embargo en la actualidad la tendencia está cambiando. Si en mi clase de EGB éramos tres o cuatro Antonio, en la de mi hijo el único era él, al igual que en su equipo de baloncesto, donde sin embargo había dos Alejandro, dos Daniel y dos Alberto.

¿Seguirá la tradición mi hijo? ¿Nombrará a su sucesor con su nombre y el de sus antepasados? Le doy a leer el artículo. A los dos minutos se me queda mirando para hacerme dos salvedades, la primera, que en su clase él no era el único Antonio: “Papá, te has olvidado de mi amigo Flores, Toni”. Vale, un olvido lo tiene cualquiera, además es la excepción que confirma la regla. De todas formas, que yo sepa siempre ha sido Toni, no Antonio.

“La segunda es que difícilmente voy a seguir esa costumbre porque creo que no voy a tener ningún hijo.”

¿Qué hago? ¿Envío el artículo a Café Montaigne obviando estos dos últimos matices o los añado al mismo?

Ya están leyendo el resultado. Firmado: el penúltimo Antonio Villalba, el tataranieto de aquel tocayo mío que trabajaba en el campo y que a buen seguro era analfabeto como la mayoría de los de su época. Supongo que si estuviera aún con nosotros, al igual que sus sucesores, al igual que mis predecesores, estarían orgullosos de aparecer en estas líneas años después. Sin haberlo pretendido he vuelto a darles vida a todos esos Antonio que, antes que nosotros, estaban en esta tierra.

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 Antonio Villalba Moreno

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