El imperio de las preguntas frecuentes – Antonio Costa Gómez
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El imperio de las preguntas frecuentes
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El imperio de las preguntas frecuentes
(Por un solitario infrecuente)
Ya no habrá personas, solo máquinas a las que pedir cosas fríamente, y programas de internet, y preguntas frecuentes a las que escapa toda la riqueza de la vida, y simplismos, y fórmulas.
Llegaras a una casa una casa de turismo rural como dicen ahora, muy pija donde te cobran el triple por todo, y nadie te recibirá, teclearás un código y se abrirá una puerta, y entrarás en una casa llena de grises y triángulos.
Ya no habrá tabernas propias de cada zona, ya no habrá casas con los tejados de mil maneras, ya no habrás pueblos diferentes según la geografía o las lluvias.
Solo habrá locales de diseño, con triángulos y grises en todas partes, con los mismos diseños fríos y aburridos repetidos en el mundo entero.
Ya no habrá comidas abundantes y sabrosas, en mesones, tabernas, figones, bouchons, bistrós.
Solo locales de diseño minimalistas y metálicos, con un bocado de alta cocina (tan alta que ni la boca llega hasta ella), con aire a precio de oro.
Y si alguien protesta, un sesudo crítico de un gran diario te dirá que te pareces a Paco Martínez Soria, el paleto del pueblo que protestaba contra la ciudad.
Porque para los críticos sesudos y tan listos todo es lo mismo en todas las épocas, en todas las circunstancias vale la misma fórmula.
Y todo quedará reducido a fórmulas. Y los ríos y las montañas, las catedrales y los amores, ya no existirán porque estarán metidos en internet impalpable, en la nube, en la gilipollez inasequible.
Y cambiarán el mundo entero por la gilipollez inasequible. Por la sublimidad inasequible de la gilipollez digital. Por los culos triangulares y digitales. Y de diseño, por supuesto.
Solo programas, el universo entero un programa. Y el Aburrimiento universal como religión. Todo previsto y previsible y controlable. Fabricarlo todo para tenerlo todo en nuestras manos. Y no existe nada que no controlen nuestras manos.
Lo diseñamos todo desde los genes. Lo programamos todo. Por eso, cuando mando un libro a una editorial, me responde: Estamos programados para los próximos diez años. Qué vida más aburrida.
Tienen programado a Nicanor Pérez y Filomeno Palurdo y muchos más. Y entretanto aparece Rilke para hablarles y ni le contestan. Porque ya lo tienen todo programado.
Solo respuestas frecuentes a preguntas frecuentes. Voy a una empresa de transportes a preguntar una cosa y me pregunta la empleada: A qué envío se refiere. No me refiero a ningún envío, es otra cosa. Y la empleada dice: Pero a qué envío se refiere. Que no me refiero a ningún envío, coño, que quiero comentar su funcionamiento en general.
Pero todo el mundo está programado. Y no se sale del programa. Y da respuestas frecuentes a preguntas frecuentes. Y no ve nada más.
Le dijo Hamlet a Horacio: Hay más cosas en el cielo y en la tierra, amigo Horacio, de las que caben en tu filosofía. Pero ahora la gente no sabe ni quién es Shakespeare. Con estos planes de estudios. Solo saben de programas y de fórmulas para adelgazar.
Qué hará vagando por el desierto. Si no hago ninguna pregunta frecuente y entonces no me contestan nada. Y entonces el programa no me reconoce.
En una esquina del imperio quedaba Astérix, con su amigo Obélix. Se había caído en una marmita mágica y tenía una fuerza prodigiosa. Un ánimo indomable. Y resistía.
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Antonio Costa Gómez
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