A Rafael Guardiola Iranzo, «in memoriam» – XXIV – Buenas nietzsches, Rafa – XII – All the world’s a stage… – Tomás García
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A Rafael Guardiola Iranzo, in memoriam – XXIV – Buenas nietzsches, Rafa – XII – All the world’s a stage… – Tomás García
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A Rafael Guardiola Iranzo, in memoriam – XXIV
Buenas nietzsches, Rafa – XII
All the world’s a stage…
[…] Life’s but a walking shadow, a poor player
That struts and frets his hour upon the stage
And then is heard no more. It is a tale
Told by an idiot, full of sound and fury
Signifying nothing.
William Shakespeare, Macbeth, Act V, Scene V
All the world’s a stage,
And all the men and women merely players;
They have their exits and their entrances,
And one man in his time plays many parts,
His acts being seven ages. At first, the infant,
Mewling and puking in the nurse’s arms.
Then the whining schoolboy, with his satchel
And shining morning face, creeping like snail
Unwillingly to school. And then the lover,
Sighing like furnace, with a woeful ballad
Made to his mistress’ eyebrow. Then a soldier,
Full of strange oaths and bearded like the pard,
Jealous in honour, sudden and quick in quarrel,
Seeking the bubble reputation
Even in the cannon’s mouth. And then the justice,
In fair round belly with good capon lined,
With eyes severe and beard of formal cut,
Full of wise saws and modern instances;
And so he plays his part. The sixth age shifts
Into the lean and slippered pantaloon,
With spectacles on nose and pouch on side;
His youthful hose, well saved, a world too wide
For his shrunk shank, and his big manly voice,
Turning again toward childish treble, pipes
And whistles in his sound. Last scene of all,
That ends this strange eventful history,
Is second childishness and mere oblivion,
Sans teeth, sans eyes, sans taste, sans everything.
William Shakespeare, As You Like It, Act II, Scene VII
Veinte minutos. Es exactamente el tiempo que tardó Rafa, Rafael Guardiola Iranzo, en responder al correo electrónico que le había enviado a las 19:19 del domingo 15 de Enero de 2017. En dicho correo le informaba de la reciente creación de un grupo – ‟informal, de momento, de opinión y debate […] para facilitar la transmisión de todo tipo de información artístico-científico-filosófica (sí, ya sé que suena muy rimbombante…) […]” – y le animaba a formar parte del mismo. Días antes, durante las vacaciones de Navidad, me había encontrado con Javier Sádaba Garay en una de las calles de nuestro barrio. A él también le había informado de la existencia, incipiente, del grupo y en nuestra conversación habían salido a relucir los nombres de Rafa y de Carmen, con los que se había encontrado, no recuerdo cuándo exactamente, en Málaga.
Se trataba de una especie de segundo inicio, de una segunda circunnavegación, si bien no sabría decir con precisión alrededor de qué. Un primer inicio, si es que semejante cosa ha tenido o tiene lugar alguna vez, había sucedido en los pasillos de la Facultad de Filosofía de la bendita U.A.M. En una de sus encrucijadas, con la apariencia de un vestíbulo, uno de mis compañeros de entonces y, no obstante, amigo, bastante preocupado, me espetó a modo de pregunta ‟apocalíptica” si era cierto que ‟yo” me ‟había pasado a los analíticos”. Le tranquilicé diciendo que no, que semejante espantosa cosa no había ocurrido, pero que era deber de un buen aspirante a la sabiduría, con perdón, entretejer dimes y diretes con los miembros de todas las sectas filosóficas posibles, y aquella de ‟los analíticos” tenía una marcada presencia en esa facultad durante aquellos años. Rafael Guardiola Iranzo podía ser o parecer un miembro destacado de dicha secta. Escribo ‟ser o parecer” porque Rafa era demasiado inteligente como para formar parte de cualquier ‟club” exclusivo y excluyente. Para defenderse preventivamente frente a cualquier tentación en ese sentido estaba su prodigioso sentido del humor. Y del amor también. Hacía suyas, de un modo completamente natural, sin alharacas, las tres pasiones, ‟simples, pero abrumadoramente intensas”, que Bertrand Russell manifiesta haberle gobernado su vida: ‟el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad”. La querencia de Rafa hacia o por la denominada filosofía analítica era su modo de vehicular de una forma tranquila y sensata el, a veces, ingobernable flujo de esas pasiones. Que en su cartera llevara siempre una fotografía, en tamaño carnet, de Moritz Schlick no era más que su perfecta rúbrica.
Nacido el mismo día, si bien de un año diferente, que Ludwig Josef Johann Wittgenstein, David Hume y, como él mismo solía recordar con cierto orgullo, el emperador-filósofo Marco Aurelio [obvio deliberadamente escribir el nombre uno de los clubes de fútbol de la ciudad de Madrid que comparte con los anteriores la coincidencia cronológica de su aparición en escena] , parecía destinado a la papiroflexia o al cultivo esmerado de los rosales. Y, así, decidió ‟[…] Codo con codo – como simple y fundamental instrucción de vida -, en tanto que profesor de filosofía, ayudar a arrancar las malas hierbas del campo de aguacates y a aprender a reparar los engranajes del mundo, a aventar la hojarasca y a crear cosas nuevas”.
Madrid, Palma de Mallorca, Málaga… La vida le llevó de acá para allá, con una ruta cambiante, no al garete sin embargo. Establecido, desde 1994, en la bella ciudad de Málaga junto a su pareja, amiga y compañera Carmen, iluminó con su carisma , con su inteligencia y su sentido del humor, tiempos y lugares, almas en busca de un espejo a través del cual poder encontrarse. Del otro lado, que siempre está en éste, aunque apenas vislumbrado.
Hay que recordar que fue Presidente de la Asociación Andaluza de Filosofía, miembro de la Sociedad Española de Filosofía Analítica y organizador, durante muchos años, de la Olimpíada Filosófica de Andalucía.
Trasladó, también, muebles de una lengua a otra: Principium sapientiae. Los orígenes del pensamiento filosófico griego, de Francis Macdonald Cornford [1987], De la mente y otras materias, de Nelson Goodman [1995], Los historiadores del arte críticos, de Michael Podro [2001], Arte y bojetualidad, de Michael Fried [2004].
Por otra faceta, en su faceta de notario del Zeitgeist, ha sido colaborador habitual de los diarios ‟El Mirador de Churriana” y ‟La Opinión de Málaga”. Sus artículos, reseñas e ilustraciones han sido publicadas en revistas tales como Revista de Occidente, Theoria, La balsa de la Medusa, Alfa, Sociedad , Filosofía para Niños, Boletín de Arte, La Garbia, Descubrir el Arte, HomoNoSapiens y Café Montaigne. De ésta última, además, formaba parte de su equipo de redacción de sus inicios, va a hacer en el próximo de Diciembre diez años.
Lo que significa que sí, que su respuesta a aquel correo electrónico al que me refería al principio de esta página suelta más acá, o más allá, de the dark backward and abysm of time, por decirlo con el viejo Will, fue afirmativa y bastante entusiasta. Se trataba, en efecto, de una oferta que no podía rechazar. No iba a ganar dinero alguno, dado que la revista se creó sin ánimo de lucro alguno – y así continúa – y el combate, además, era, si no inútil, como le hubiese gustado a un Cyrano de Bergerac, si de incierto resultado. Lo ideal para un joven libertino y libertario. Rafa lo fue, lo era y lo sigue siendo.
En cuanto a la música, qué decir. Nada, la verdad. La música podría ser un ‟asunto”, sí, como cualquier otro. Pero no, la música no es un asunto, es el auténtico nombre del jardín que se bifurca, es decir, el tiempo. Su íntimo envés, que lleva cosido a la espalda. Cabe Rafael Guardiola Iranzo, Rafa, la música aparecía siempre, y siempre aparece, como el natural discurrir de un arroyo de montaña, con sus meandros y la desigual intensidad de su discurso. Abrupto en ocasiones, calmo y lento, con la lentitud del paso de los bueyes, en otros momentos. Dmitri Shostakóvich y Johann Sebastian Bach, o a la inversa. El Konzert für Violine und Orchester D-Dur op. 61 de Ludwig van y el Tren ofiarom Hiroszimy de Krzysztof Eugeniusz Penderecki. My Heart’s in the Highlands, como cantaba Robert Burns:
[…] My heart’s in the Highlands my heart is not here,
My heart’s in the Highlands, a-chasing the deer;
Chasing the wild-deer, and following the roe,
My heart’s in the Highlands, wherev’r I go
My heart’s in the Highlands, farewell.
Arvo Pärt, György Ligeti, Vltava (El Moldava), la segunda de las piezas de Má vlast, de Bedřich Smetana, el Valse triste, op. 44, nº 1 de Johan Julius Christian Jean Sibelius. el Cuarteto de cuerdas nº 1 en Si menor, op. 50, de Serguéi Prokófiev y, ya puestos, también el nº 2 n Fa, op. 92. Johannes Brahms y Pyotr Ilyich Tchaikovsky, claro, que decidieron nacer ambos un 7 de mayo. Claudio Antonio Monteverdi… Sì dolce è’l tormento… Gabriel Fauré y su Requiem.
‟Muss es sein? Es muss sein!”, que se escucha en la sección cuarta y última, Der schwer gefaßte Entschluß Grave — Allegro — Grave ma non troppo tratto in F minor – Allegro, del Streichquartett Nr. 16 F-Dur op. 135 de Beethoven.
¿Debe ser? Sí, ello debe ser…
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En un artículo titulado ‟Saliendo a escena”, publicado en y por La Opinión de Málaga el 19 de Junio de 2026, Rafael Guardiola Iranzo cerraba con las siguientes palabras:
‟[…] Por eso les dejo aquí, antes de despedirme, y para su disfrute, los versos del poeta de Olivenza Manuel Pacheco (1920-1998) titulado ‘No solo de pan muere el hombre’: «El hombre muere de saberse animal como los perros,/ de ser racional y sentirse vivir en su razón/ y saberse condenado a muerte; de tropezar en la misma piedra/ y al final del camino encontrarse un hoyo/ para dormir su estiércol (…) El hombre muere de querer alcanzar/ un cielo de color aire,/ de mirar que al espejo de sus días se le quita/ la piel/ y no encontrar su imagen detrás de los/ cristales,/ de ser un animal racional y vivir de raciones/ de amor,/ de libertad/ de paz y de belleza. (…) No solo de pan muere el hombre. / El hombre muere de no sentirse vivo». Es difícil hacer un diagnóstico tan certero con tan pocas palabras, palabras vivas, pese a su crudeza, que llevamos tatuadas en nuestra piel de náufragos, funambulistas o diletantes, rozando el límite de lo pensable, soñando alcanzar un cielo de color aire y encontrar nuestra imagen cada vez que salimos a escena, aunque sea con afanes carniceros y teniendo que achicar el agua cada dos por tres.”
Es probable que con ello, con todo ello, con el silencio de la música y el crepitar de la escritura, saliendo a escena, caminando por el espacio vacío del Teatro del Mundo mientras que somos observados, no resolvamos el enigma del que adolece el actual rey de Francia, pero sí, me parece, que, como niños jugando en la arena de una playa, contribuyamos a hacer de este mundo el mejor de los mundos posibles. Algo que Rafael Guardiola Iranzo, Rafa, lograba cosiendo y cantando.
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Tomás García

