El mermeladismo rampante – Antonio Costa Gómez

El mermeladismo rampante – Antonio Costa Gómez

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El mermeladismo rampante

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Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domènech, ​marqués de Dalí de Púbol – Reloj blando explotando en 888 partículas después de veinte años de inmovilidad total [ca. 1954 – Fundació Gala-Salvador Dalí / Figueres [Girona] – Colección privada]

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El mermeladismo rampante

Todo se trivializa, se vacía. Y a eso le llaman democracia, progreso. Millones de personas tienen un título pero no saben nada. Millones de personas visitaron el Taj Mahal pero no se enteraron de nada. Millones de personas fueron como borregos en rebaño por las ciudades y miraron cuatro tópicos o la rana de Salamanca.

Millones de personas escucharon música pero las músicas machaconas y estúpidas que suenan en los coches, o las músicas relamidas y triviales que sueltan los cantantes pop. Millones de personas leyeron libros, pero leyeron best-sellers llenos de tópicos, de fórmulas, de frases tranquilizadoras que no les hicieron existir, que no les hicieron conocer la hondura de las palabras.

Millones de personas hacen fotos, pero captan tópicos y trivialidades. Millones de personas subirán pronto al Everest, ven a la diosa Afrodita en un anuncio. Para los adolescentes Afrodita ya no es una diosa griega, es un anuncio de sopa o el nombre de una discoteca. Porque los mitos ya no existen y todo se trivializa.

Todo se convierte en mermelada sin contenido. Ya no hay jamón profundo y nutritivo, hay hamburguesas hechas en serie o jamón de york metido en plástico. Les parece que todo el mundo accede a todo pero todo el mundo solo accede a la trivialidad y la inanidad. Les parece que hay elecciones democráticas, pero las voluntades populares se compran, se manipulan, se traen y llevan.

Porque ya no hay pueblos, hay masas triviales. Ya no hay Fellini, hay millones de películas producidas en serie cada mañana para que den dinero y dinero. Donde se sueltan los tópicos de la época y se rentabiliza lo políticamente correcto.

Todo se trivializa y se vacía. Los hombres dejan de ser hombres, y solo son seres-masa mecánicos llevados de aquí para allá por las grandes empresas, seres  que compran lo que la empresa les manda  Todo se trivializa y se vacía. Todo pierde contenido. Qué progreso.

Italo Calvino contó la historia de un barón rampante, que se subió a vivir en un árbol. Y no quiso pisar más la tierra. También Calvino era un poco rampante, por mucho que lo pusieran de moda ciertos progres. Sus libros no tenían fuerza de imaginación ni capacidad evocadora, eran solo capricho intelectuales sin cuerpo.  Ni arrebataban ni fascinaban ni alimentaban. Solo jueguecitos mentales y piruetas en el aire. Encima de los árboles, pero sin sentir los árboles.

Y ahora nos invade el mermeladismo, que es una forma de italocalvinismo. Escribió una novela sobre caballeros andantes y no se enteró de nada. Ni sabía lo que eran caballeros andantes ni lo que eran místicos. Para él la mística era un vacío y un pasmo sobre el vacío, en lugar de ser la plenitud concreta y apasionada de que hablan los místicos. Y Perceval el místico con las gotas de sangre en la nieve para él solo es un pasmado que no mira nada.

Hablaba así porque no tenía ni idea. Ni tampoco tenía carne. Pero nos invade el mermeladismo en todos los ámbitos. En la Historia, en la Literatura, en la Vida en general. Todo es mermelada y se acabó el jamón de verdad.

Cuando yo era joven siempre decía que no ligaba nada porque las mujeres prefieren a los petisús sin sustancia, antes que a mí que era un jamón con mucha sustancia.

Pero nos invade por todas partes el petisusismo. Además del mosquismo. En otro artículo, en otra revista, señalé los males del mosquismo. Pero el mermeladismo es otra peste.

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Antonio Costa Gómez

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