El mundo onírico de Enrique Queipo [Con motivo de la exposición de su trabajo pictórico en la Sala de Exposiciones Roberto Harvey – Museo Gálvez de Macharaviaya / Málaga – Desde el 24 de Julio al 10 de Ocubre de 2026] – Inmaculada García Haro
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El mundo onírico de Enrique Queipo [Con motivo de la exposición de su trabajo pictórico en la Sala de Exposiciones Roberto Harvey – Museo Gálvez de Macharaviaya / Málaga – Desde el 24 de Julio al 10 de Ocubre de 2026]
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El mundo onírico de Enrique Queipo [Con motivo de la exposición de su trabajo pictórico en la Sala de Exposiciones Roberto Harvey – Museo Gálvez de Macharaviaya / Málaga – Desde el 24 de Julio al 10 de Ocubre de 2026]
El viernes 24 de Julio de 2026, se inauguró la exposición El mundo onírico de Enrique Queipo (Málaga, 1962) en el Museo de Los Gálvez de Macharaviaya. Comisariada con gran acierto por Katie Hallybone, tuvo una gran acogida con un nutrido público. El alcalde de Macharaviaya, Antonio Campos Garín, presidió el acto que consolida al municipio como uno de los referentes culturales de la Axarquía (Málaga) dado que la oferta cultural de esta localidad es diversa y constante. El catálogo editado contó con textos de Luís Temboury, Antonio Ruíz Meliveo y del escritor Pedro Molina Temboury. Las quince obras de gran formato que podremos contemplar hasta el 10 de octubre, pueden considerarse como un rescate, una señal en el tiempo del que fuera uno de los artistas malagueños más destacados del panorama artístico nacional durante las décadas de los ochenta y noventa del pasado siglo.
En 1979 Jean Farnçoise Lyotard publicó La condiión postmoderna [1] y, un año después aparece en España el ensayo de Victoria Combalía El descrédito de las vanguardias artísticas donde afirma que nos hallamos ante una práctica que cree perfectamente justificada la relectura y la reinterpretación –según estos nuevos principios- de los grandes de la pintura del siglo XX. Los criterios de innovación ya no justifican, para estos artistas, la calidad o el interés de un producto [2]. Es en este ámbito donde surge la obra de Enrique Queipo.
La movida de los 80, última oleada de los movimientos contestatarios de las décadas 60 y 70 fue un movimiento sociocultural que en España tuvo gran efervescencia dada la reciente transición política hacia la democracia. Por ese motivo se vivió con igual o mayor intensidad que en otros países de la órbita occidental. Ciudades como Londres, Madrid y Barcelona fueron núcleos emergentes de esa revolución lúdica que conmovió los cimientos de la cultura y la sociedad españolas.
Málaga, ciudad cosmopolita por excelencia, no se quedó atrás. Baluarte de esa movida en todas sus facetas, la capital, y algunas localidades de la provincia (Torremolinos, Fuengirola, Coín, etc.) se plagaron de locales pintados de negro, grupos musicales de primer orden y, sobre todo, de artistas plásticos de primera línea, herederos de los excelentes pintores de la anterior generación agrupados, en su mayoría, en el Colectivo Palmo. En ojo del huracán estaba el entonces jovencísimo pintor Enrique Queipo y su obra, como extraordinariamente joven era la movida y la estrenada libertad política, social y cultural.[3]
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La exposición abarca, fundamentalmente, las dos primeras etapas de la trayectoria pictóricas de Queipo y anuncia con la obra de 1992 Cuatro producciones en cadena, las posteriores rutas de un artista en continua evolución.
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Como indica Arturo Ruíz Meliveo [4], ..Tras unos comienzos a finales de los 70 de una figuración con personajes mecanizados (….), durante los primeros años 80 aparece, en cuadros de gran formato, una etapa Psicodélica, justamente a la que dedicamos los ocho primeros cuadros de esta exposición.
En esta primera etapa, la influencia de la corriente Psicodélica es crucial, aunque de su formación en El Colectivo Palmo, [5] conservaría la técnica depurada de Béjar y su continua actualización con las últimas tendencias de la década de los 70 que nos ofrecía Enrique Brikmann.
Pero fue, sin duda, la obra de afamados artistas de la Psicodelia como el estadounidense Alex Grey, la gran fuente de inspiración como podemos ver en el lienzo Director de Orquesta sobre Paisaje Lunar (1980), ejecutado por un joven de 18 años, que desvela, además, su precoz genialidad y pericia.
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Como indica Luís Temboury, Queipo se centró en la creación de lienzos donde ponía de relieve su concepción mecanizada del hombre del futuro, en cuanto hombre del siglo XX transformado e inmerso en un universo tubular donde al sujeto le quedan pocas opciones de libertad, excepción hecha de la creación artística. Desde aquellos personajes robotizados, músicos simbióticos y hombres tubo, Queipo se orienta hacia la invención de animales imposibles o quimeras probables, por ejemplo, la unión entre el escorpión y el langostino produce un resultado entre peligroso y delicioso, difícil de aprehender. [6]
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Queipo creó su propio bestiario con una técnica impecable de veladuras de óleo propias de un pintor “de oficio”, una paleta de color desbordante y un minucioso estudio de perspectivas y planos volumétricos que envuelven al observador en una atmósfera onírica propia del más puro surrealismo para obtener una personalísima relectura de la corriente Psicodélica.
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Artista precoz, con solo 21 años tuvo su primera exposición individual en la Galería de Arte Caja de Ahorros de Antequera (Málaga 1983) en una meteórica ascensión que le llevó a participar en numerosas exposiciones colectivas en ciudades de toda España, a obtener numerosos premios y a mostrar su obra en la feria de arte ARCO con la Galería Alfredo Viñas (1992), siendo galardonado por dos años consecutivos por la MUESTRA ANDALUZA DE ARTISTAS PLÁSTICOS (1991 y 1992).
Pero a partir de su visita por tercera vez a la Feria de Arte Contemporáneo, ARCO (Madrid, 1984) y su contacto con las esculturas de John Chamberlain construidas con piezas de desguace y chatarra del automóvil, resultó una especie de revelación que aplicará en su obra [7]. A partir de este momento una nueva etapa dominada temáticamente por la máquina se apodera del artista. Para ello hizo acopio de catálogos de motores de automóvil y desarrolló, como era habitual, obras de gran formato cuyos protagonistas fueron piezas, engranajes, tornillos que conformaban un aparente caos pleno de armonía. Su sinfonía de color bajó de agudos a graves y en este nuevo universo futurista, en torno a 1988, el autor abandonó el óleo para, con la utilización de la pintura acrílica y el polvo de mármol; su pintura, siempre inconfundible, cobró una orgánica volumetría.
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A principios de la década de los 90 el uso del aerógrafo marcó y nuevo giro en su trayectoria. La geometría que siempre estuvo presente en sus lienzos, se adueñó de su estudio de la plaza Uncibay. Después de diferentes guiños al minimalismo, al hiperrealismo, etc., corrientes todas entre las que se movía con gran facilidad dado su virtuosismo, se alejó paulativamente de la figuración para crear un universo de geometrías, a veces imposibles y otras tan palpables y orgánicas que parecían tener vida. [8]
Pero si hay algo que caracterizó el núcleo temporal de su carrera fue, sin duda, el sentido lúdico y hedonista de la vida y el arte, denominador común de la corriente postmoderna y eso solo puede atestiguarlo los que visitaron su estudio-taller en Galerías Goya, templo de la cultura malagueña durante dos décadas.
Como indica Pedro Molina Temboury en el texto que introduce el catálogo de la exposición “Geometría INDY”, pese a las apariencias, el ermitaño de Galerías Goya es enormemente sociable. Las noches que no pinta, le gusta llenar su estudio de gente y hablarnos de sus obras, aunque tales conversaciones siempre ocurren después, cuando ya están terminadas. [9]
Como muchos de sus amigos y amigas podemos atestiguar, las fiestas y reuniones en su taller fueron su fiel reflejo, absolutamente impregnado del espíritu postmoderno e individualista que convierten a cada una de sus piezas en un objeto irrepetible del universo Queipo. Una muestra de su particular edén es esta magnífica exposición donde podemos contemplar: El mundo onírico de Enrique Queipo.
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Imágenes fotográficas
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Inmaculada García Haro
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Notas al texto
[1] Lyotard, J. F. La condición postmoderna. Ediciones Cátedra, 2006.
[2] Combalía, V. El descrédito de las vanguardias artísticas. Editorial Blume. Barcelona, 1980.
[3] García Haro, I. Catálogo de la exposición Geometría Indi. Salla Italcable. Málaga, febrero, 2005
[4] Catálogo de la exposición. Mayo, 2026
[5] Castaño Alés, E. La experiencia artística y personal del Colectivo Palmo (1978-1987). https://www.enriquecastanos.com/palmo.htm
[6] Temboury, L. La matemática imperfecta. https://laecumene.com/Artistas/EnriqueQueipo.html
[7] Temboury, L. Una década más uno. Texto de la exposición “El mundo onírico de Enrique Queipo. Macharaviaya, 2026.
[8] García Haro, I.“INDIO” O EL ECO DE FAUSTO -ENRIQUE QUEIPO. 1962- . ANS. MAGAZINE ATENEO DEL NUEVO SIGLO. Málaga, enero 2015.
[9] Molina Temboury, P. Texto de la exposición Geometría INDY. Sala Italcable, Málaga, 2005.
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