Elogio de Κορνήλιος Καστοριάδης / Cornelius Castoriadis – Luis Roca Jusmet

Elogio de Κορνήλιος Καστοριάδης / Cornelius Castoriadis – Luis Roca Jusmet

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Elogio de Κορνήλιος Καστοριάδης / Cornelius Castoriadis

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Κορνήλιος Καστοριάδης / Cornelius Castoriadis [Imperio Otomano, Constantinopla – Estambul, 11 de Marzo de 1922 – Francia, París, 26 de Diciembre de 1997]

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Elogio de Κορνήλιος Καστοριάδης / Cornelius Castoriadis

Nació, en el seno de una familia pequeño-burguesa, en el Imperio Otomano [Constantinopla – Estambul] en 1922 y murió en Francia [París] en 1997. En 1922, como consecuencia de la Guerra greco-turca, su familia abandonó Constantinopla – Estambul y se estableció en Atenas. En la universidad de dicha ciudad, Cornelius Castoriadis estudio Derecho, Economía y Filosofía, y se afilió al KKE [Partido Comunista de Grecia]. Posteriormente, ya en Francia, continuó sus estudios de Filosofía en el Institut de France y se acercó al trostkismo del PCI [Parti Communiste Internationaliste], donde conoció a Claude Lefort, creándose así el grupo Socialisme ou Barbarie, absolutamente radical e innovador frente al dogmatismo comunista de Jean-Paul Sartre y su revista Les Temps modernes. En dicho grupo se llegaron a relacionar con Edgar Morin, Henri Lefebvre, Jean-François Lyotard, Gérard Genette y Guy Debord, entre otros.

Castoriadis lleva a cabo una crítica radical del marxismo. Critica su teoría económica expuesta en El Capital, que supone que el modo de producción capitalista funciona por leyes económicas. Para Castoriadis, las sociedades funcionan por muchos factores combinados, algunos relacionados con la intervención humana y el desarrollo tecnológico, totalmente imprevisibles. Por otra parte, las clases sociales se han ido configurando de manera diferente. Los asalariados pueden ser ejecutivos con más poder efectivo que los propietarios, hay una nueva pequeña burguesía asalariada de tipo tecno-burocrático. En los países de capitalismo burocrático, como la URSS o China, la clase dominante es la burocracia dirigente del partido único. Crítica a la teoría de la historia orientada en un sentido, cuando la historia no tiene ninguna sentido teleológico. Crítica a la propuesta política de una revolución basada en la clase obrera y su vanguardia. Las transformaciones por la emancipación la pueden hacer diversas clases o grupos subalternos y no debe haber ninguna supuesta vanguardia que se arrogue su representación.

La propuesta emancipatoria de Cornelius Castoriadis es la de la autonomía del sujeto y la auto-gestión colectiva. Para Castoriadis, la emancipación quiere decir autonomía y también autodeterminación. Estamos, como individuos y como sociedades, muy condicionados, pero hemos de evitar que estos condicionamientos nos determinen. La libertad individual es la capacidad de distanciarse de estos condicionamientos para decidir por uno mismo. El sujeto autónomo y libre es abierto en el sentido que puede determinarse y puede encontrar nuevas determinaciones. La auto-gestión es la participación en la vida pública. En una sociedad auto-gestionada, los ciudadanos son activos y tienen que ver con la creación de las instituciones. Pero para esto han de ser autónomos, tener criterio y capacidad de decisión. Autogestión no quiere decir funcionamiento asambleario ni que no hayan dirigentes y dirigidos en términos relativos, sino que no hay una jerarquía absoluta entre dirigentes que deciden y ejecutantes que obedecen, por miedo o por manipulación.

La democracia real, para Castoriadis, es el nombre de esta sociedad auto-gestionada con sujetos autónomos. Es una cultura más que un procedimiento, que exige sujetos autónomos y activos. Lo que hay ahora, para Castoriadis, son oligarquías liberales porque los dirigentes quieren individuos sometidos por una servidumbre voluntaria. Hay un poder burocrático, repartido en un sistema de partidos, que manipula a individuos pasivos que lo que hacen es votar cuando toca manipulados por la publicidad. La democracia es incompatible con el capitalismo, basado en el poder sin límites de un capital que necesita obreros y consumidores obedientes.La democracia no es incompatible con las empresas y con el mercado pero debe democratizarse el funcionamiento y que haya un mercado real responsable, sin publicidad ni reducido a oligopolio de por la intervención del Estado.

Para Castoriadis, es necesaria una transformación radical, una revolución. Revolución no quiere decir una guerra civil ni una acción violenta. Revolución quiere decir auto-transformación de la sociedad. Quiere decir cambio de algunas instituciones centrales de la sociedad. Quiere decir una acción política colectiva creativa, un imaginario social instituyente. En los años 60 y 70 hubo movimientos emancipatorios que desaparecieron a partir de los años 80. La revolución no responde a una exigencia histórica ni tiene una clase social como sujeto. Responde a una exigencia política y humana emancipadora, a la necesidad de vivir en libertad. Este proyecto viene de Grecia y ha reaparecido en la Europa occidental moderna.

¿Qué es una comunidad? Si es un grupo cohesionado que se define por una identidad homogénea, soy anti-comunitario. Porque siempre funciona con el «nosotros y ellos» y porque niega la autonomía de sus miembros. Si comunidad quiere decir un grupo de sujetos autónomos que establecen vínculos solidarios y se comprometen en la gestión de lo común, entonces defiendo la comunidad. Como siempre, tantos malentendidos por la ambigüedad de los términos. En todo caso defender una comunidad política de sujetos autónomos puede ser una afirmación republicana interesante frente a una sociedad liberal atomizada que delega el gobierno en unos gestores.

Cornelius Castoriadis es un filósofo político enormemente sugerente en sus análisis y propuestas. Uno de los más potentes del siglo XX, a mi modo de ver, desde el punto de vista de un proyecto emancipatorio. Pero no comparto con él, que tanto critica las utopías, la manera en que entiende su proyecto de una sociedad de sujetos autónomos en una sociedad auto-gestionada. No lo hago porque esta auto-gestión no deja de ser una propuesta imposible por su desmesura. Podemos hablar de participación, pero desde los cauces de una democracia liberal, que él tanto critica como un gobierno oligárquico. Tiene demasiados prejuicios contra el liberalismo y esto le hizo romper con Claude Lefort, mucho más lúcido y realista en este sentido. Hablar de instituciones contra el Estado como hace Castoriadis resulta difícil de pensar por mucha satisfacción retórica que nos pueda proporcionar.

Castoriadis habla de tres espacios: el espacio privado, el privado-público y el público. El espacio privado es hoy la casa de cada cual (del solitario, de la pareja o de la familia). El espacio público deberían ser el Parlamento y las instituciones. Que no lo es, por lo menos en España, ya que, a día de hoy, no hay debates auténticos sostenidos por argumentaciones. Y ¿el espacio privado-público? Los espacios presenciales y virtuales donde conversar, intercambiar y actuar con los otros. Las redes sociales no lo son mayoritariamente, pero deberíamos intentar con nuestro trabajo que lo sean.

Para Castoriadis, vivimos en una sociedad a la deriva. En la Modernidad conviven el imaginario capitalista-liberal y el imaginario del proyecto de emancipación basado en la autonomía individual y en la auto-gestión colectiva. Ha ganado el primero.

No hay memoria ni proyecto. Solo un hedonismo banal basado en el consumo de objetos. Estar distraídos, entretenidos. El único valor real es el dinero y la única fe se dirige a la tecnología. Una sociedad basada en un conformismo generalizado, con individuos alienados e infantilizados. Privatización y despolitización. El triunfo del individualismo capitalista.

No obstante, Cornelius Castoriadis hace una propuesta interesante: entre el espacio público (el de la gestión institucional) y el privado (la vida de cada cual) generar un espacio público-privado para que los ciudadanos puedan conversar sobre los asuntos públicos. Pienso que este es el buen uso que podemos dar a algunos de los instrumentos que se han podido crear con las nuevas tecnologías; la Red, principalmente. Los peligros los conocemos, pero, como con todos los instrumentos, hay que saber utilizarlos para darles un buen uso.

El problema de la educación, plantea Castoriadis, debería solucionarse a partir de tres cuestiones: la primera es que los alumnos quieran aprender; la segunda es que los profesores quieran enseñar , aprecien aquello que enseñan y quieran transmitirlo a los alumnos. Lo tercero es que la sociedad en la que se enseña tenga valores reales.

Ninguna de las tres se cumple actualmente, ya decía Castoriadis hace décadas. Los alumnos no quieren aprender porque van a la escuela por obligación, la única motivación es conseguir un título. Los profesores no están reconocidos y la mayoría preferiría realizar otro trabajo. Se habla de valores, pero todos saben que el único valor real de nuestra sociedad es el dinero.

Otra de las importantes que elabora es la del imaginario social radical. Cada sociedad crea un mundo de significaciones imaginarias cognitivas, desiderativas y afectivas. El ser humano es una anomalía de la evolución biológica, es inepto para sobrevivir. Tiene que construir colectivamente una sociedad, que es un conjunto de instituciones que configuran un imaginario social que cohesiona a la comunidad. Las instituciones básicas son la lengua, las normas, las creencias, valores… Todo impone una manera de pensar y de actuar. Las significaciones imaginarias sociales son la encarnadas por las instituciones. No son totalmente «reales» y racionales. Están creadas por la imaginación humana. Establecen un mundo que, en cierta forma, está clausurado. Pero solo relativamente, ya que cuanto menos clausurado y más abierto sea, habrá más autonomía y más libertad. Cuanto más abierto sea el imaginario social, más lo serán los imaginarios individuales que forman parte de él, que es un magma a partir del cual aparecen sus manifestaciones esquemáticas y simbólicas. Siempre contiene elementos irracionales, míticos [la «nación», la «identidad»…].

Castoriadis también fue psicoanalista. Se forma con Jacques Lacan, pero se irá distanciando de él. No acepta la división lacaniana entre lo imaginario (significaciones) y lo simbólico (El Gran Otro de la Lengua y la Ley). Tampoco la subordinación a la lingüística y el dominio del significante. Para Castoriadis, todo forma parte del imaginario social radical. Acepta menos aún el intento de formalización de Lacan. Tampoco la idea de que el infante ya nace inscrito en ese Otro. Para Castoriadis, el infante es una mónada psíquica que se va socializando y formando parte de este imaginario social. El deseo, para Castoriadis, puede ser consciente o inconsciente. Mientras que el análisis, para Lacan, es caminar hacia el sujeto del inconsciente, para Castoriadis se trata de hacer al sujeto más autónomo, transformando el deseo inconsciente en voluntad. La voluntad es la sublimación del deseo, haciéndolo más reflexivo.

Para Castoriadis, como ya hemos señalado anteriormente, hay tres esferas de la vida social, considerada desde el punto de vista político. Una esfera privada, que es el mundo íntimo y doméstico de cada cual. Una esfera pública donde se elaboran, gestionan y aplican las decisiones que nos afectan a todos. Y una esfera público-privada, donde se viven las actividades culturales colectivas. Retomando los términos griegos: οἶκος, ἐκκλησία y ἀγορά. Castoriadis considera que Hanna Arendt mezcla lo privado y lo público-privado y que esta confusión se mantiene cuando se habla de «sociedad civil». Considera que la sociedad contemporánea es el dominio de la insignificancia y de la privatización. Todo se despolitiza y hasta los gobernantes se convierten en gestores en un mundo cada vez más burocratizado.

Cornelius Castoriadis es, hoy día, un filósofo poco conocido, pero me parece que de una gran actualidad y, por ello, invito a su lectura.

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Luis Roca Jusmet

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