Las colecciones españolas de novela breve en el primer tercio del siglo XX: el otro gran fenómeno editorial de la literatura de la Edad de Plata – II – Gloria Jimeno Castro

Las colecciones españolas de novela breve en el primer tercio del siglo XX: el otro gran fenómeno editorial de la literatura de la Edad de Plata – II – Gloria Jimeno Castro

Las colecciones españolas de novela breve en el primer tercio del siglo XX: el otro gran fenómeno editorial de la literatura de la Edad de Plata – II

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Las colecciones españolas de novela breve en el primer tercio del siglo XX: el otro gran fenómeno editorial de la literatura de la Edad de Plata – II

En esta primera de portada figuraba también el precio de cada uno de los ejemplares de la colección, que como ya hemos señalado era de 30 céntimos. En segunda de portada se incluía la mancheta de la publicación, el número de la colección, la fecha y los precios de suscripción. En esta página se presentaban una serie de noticias relativas a la propia colección o referentes a la vida literaria del momento, detalle este último, que pone de manifiesto el interés de sus responsables por formar el espíritu literario de sus suscriptores. La tercera de portada contenía información acerca de la vida teatral, tanto española como francesa, en secciones como “La semana teatral”, “Información teatral extranjera”. Se presentaba, además, la lista de las obras escritas hasta entonces por el autor que firmaba la novela de ese número de la colección. Se buscaba con ello, claro es, familiarizar al lector con la obra del escritor, enmarcar cada relato de El Cuento Semanal en la trayectoria del literato correspondiente.

En cuarta de portada y páginas finales se adelantaba cuál iba a ser el próximo número, y se reproducía la lista de los títulos publicados hasta el momento. El director de la colección creyó conveniente, asimismo, ofrecer informaciones relativas a la vida cultural española, noticias sobre las exposiciones más destacadas, amén de incluir datos sobre las últimas publicaciones presentadas por editoriales y librerías como Pueyo, Villavicencio, Fernando Fe… [1].

En contra de lo esperado, el éxito de El Cuento Semanal fue enorme, quizás por la sabia intuición de su director, Eduardo Zamacois, de incluir en la nómina de colaboradores tanto a autores consagrados como a jóvenes talentos de la novela, tal como manifiesta en la declaración inserta en el primer número de la colección (4-1-1907):

El Cuento Semanal publicará en cada número una obra de arte inédita y completa, y aceptará no solo las firmas ya consagradas de los maestros, sino también las de esos jóvenes que hoy luchan en la sombra todavía, pero que están llamados a ser los conquistadores del mañana.

El ofrecimiento de El Cuento Semanal de poner sus páginas al servicio de los jóvenes escritores se hace aún más patente con la convocatoria, el mismo año de su aparición, de un concurso literario, con el cual se buscaba premiar con 500 pesetas un relato corto inédito. Al certamen se presentaron 330 originales, de los cuales, el jurado integrado por Ramón del Valle Inclán, Pío Baroja y Felipe Trigo, siendo Zamacois su secretario, eligió la novela Nómada, firmada con el pseudónimo de El Bachiller Sansón Carrasco. El autor que se ocultaba tras el cervantino pseudónimo resultó ser un escritor novel, cuya trayectoria posterior le convertiría en un insigne literato: Gabriel Miró [2]. Granjel pone de relieve la importancia que se concedió en el ambiente literario a la convocatoria del concurso organizado por Eduardo Zamacois, puesto que cuando se procede a reproducir el acta redactada por los miembros del jurado, publicada en el n.º 56 de El Cuento Semanal, en ella se recomendaba, asimismo, la edición de los relatos enviados al concurso por una serie de escritores de gran fuste literario: López Roberts, José María Matheu, Ramón María Tenreiro… [3].

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Con respecto a los colaboradores de  El Cuento Semanal, ya hemos subrayado cómo Zamacois en el primer número de la colección, concretamente, en el apartadotitulado“Nuestro propósito”, expresó su deseo de contar, tanto con grandes figuras literarias, como con autores jóvenes y noveles; sin embargo, el director de la colección mostró una gran inteligencia y habilidad editora, al seleccionar para sus primeros números a novelistas españoles de renombre, con los que podía ganar el favor del público y, de paso, dotar a su colección de un cierto prestigio literario. Granjel propone el ejercicio de analizar la lista de los primeros colaboradores de El Cuento Semanal, para de este modo averiguar cuál era el espíritu que alentaba este proyecto editorial y determinar la orientación literaria que Zamacois imprimió a su colección.

En los primeros números hallamos a dos representantes destacados del naturalismo decimonónico como son Jacinto Octavio Picón, quien publica Desencanto, novela que inauguró El Cuento Semanal, y a Emilia Pardo Bazán con Cada uno… (n.º 7). Zamacois invita a participar también en su proyecto editorial a Felipe Trigo, quien le entrega su novela Reveladoras (n.º 9) y a dos comediógrafos, a Jacinto Benavente, que publica La sonrisa de la Gioconda (n.º 2) y a Manuel Linares Rivas, que ofrece a la colección su relato La espuma del champagne (n.º 15). Joaquín Dicenta, sobradamente conocido por el triunfo obtenido con su dramaJuan José y por sus crónicas en El Liberal, igualmente ve que le abren las puertas de la colección para presentar alguno de sus trabajos: para esta publicación escribe Una letra de cambio (n.º 8).

Las intenciones de Zamacois, de cualquier modo, quedan bien patentes en la lista de colaboradores que adelanta en el primer número de El Cuento Semanal: Pío Baroja, los hermanos Quintero, Luis Bello, Blasco Ibáñez, Rubén Darío, Unamuno, Alejandro y Miguel Sawa…[4]. Debemos mencionar aún algunos nombres relevantes, fundamentalmente, del grupo más nutrido de colaboradores de la colección, constituido por los novelistas que Sainz de Robles bautizó con el sobrenombre colectivo de  “promoción de El Cuento Semanal”, precisamente por el papel tan decisivo que estos escritores jugaron en la historia de esta publicación nacida de la inventiva de Eduardo Zamacois [5].

En el primer año de vida la colección, 1907, encontramos a novelistas como Alberto Insúa, Emiliano Ramírez Ángel, Alejandro Larrubiera, José López Pinillos, Colombine… En el año 1908, Zamacois logra aumentar la nómina de sus colaboradores, de tal suerte, que en este nuevo año de vida de El Cuento Semanal registramos firmas nuevas como las del peruano Felipe Sassone y la del autor salmantino Alfonso Hernández Catá, cuya infancia y primera juventud transcurrieron en tierras cubanas.  A estos nombres hay que sumarles los de Federico García Sanchiz, Augusto Martínez Olmedilla, José Ortiz Pinedo y Andrés González-Blanco, además del gran Benito Pérez Galdós.

La buena acogida de esta colección literaria entre el público lector español durante los años 1907 y 1908 se refleja en el hecho de sacar al mercado reediciones de los primeros números [6]. En el n.º 16 de El Cuento Semanal, fechado el 19 de abril de 1907, se comunicaba a los lectores la puesta a la venta de la segunda edición del n.º 8 de la colección, que correspondía a Una letra de cambio, obra de Joaquín Dicenta, que había sido muy demandada por el público. A lo dicho anteriormente, se le unía la circunstancia de que en el n.º 45, perteneciente al 8 de noviembre de 1907, se avisaba también a los lectores de que se acababan de imprimir los primeros dieciocho títulos de la colección, en respuesta a las numerosas solicitudes llegadas a la redacción de la revista [7].

El prestigio conquistado por la empresa de Zamacois le permite abandonar los locales de la madrileña calle de San Andrés, donde comenzó a poner en marcha su proyecto editorial, para instalar la redacción de la colección en un piso de mayores dimensiones en la calle de Fuencarral, 90, aumentando, asimismo, los puntos de venta. En 1908, Zamacois logra, incluso, que El Cuento Semanal tenga quiosco propio en la madrileña calle de Alcalá, en el n.º 31.

Para hacernos una idea del éxito y de la difusión [8] de las colecciones de novela breve hemos de tener en cuenta los datos aportados en los números 33, 91 y 116 de El Cuento Semanal: esta publicación se podía adquirir también en La Habana, en México, Buenos Aires y París [9]. Empero, el éxito editorial no siempre conllevará beneficios económicos, ya que el 30 de mayo de 1908 la marcha de la revista da un vuelco: el propietario de El Cuento Semanal, Antonio Galiardo, se suicida acuciado por las deudas. Zamacois, tras la muerte de su socio, declara públicamente ser el dueño de la empresa, según lo establecía una cláusula del contrato firmado con Galiardo; pero la viuda le rebate dicha afirmación y entabla con el director de El Cuento Semanal un largo pleito que termina con una sentencia del Tribunal, que otorga la propiedad de la empresa a la esposa de Galiardo. Zamacois, entonces, se ve forzado a dejar la dirección de El Cuento Semanal, que pasará a manos del escritor y diplomático Francisco Agramonte en el año 1909 [10].

La colección continuará con su trayectoria, debido a la labor esforzada de su nuevo director, quien seguirá apostando por los autores más afamados y emergentes del país como Ramón del Valle-Inclán, Ricardo León, Concha Espina, José Francos Rodríguez, Eugenio Noel… A pesar de ello, a partir de 1910, El Cuento Semanal encuentra dificultades para que los literatos que años atrás apoyaron la andadura triunfal de la revista, y que se hicieron un nombre en ella, continúen participando en la colección.  Por esta razón, El Cuento Semanal tendrá que recurrir a ofrecer traducciones de literatos extranjeros como Baudelaire, Guy de Maupassant, Anatole France, Prevost, Stevenson, Mark Twain, Tolstoi, Eça de Queiroz…

Los lectores protestaron ante la publicación de novelas extranjeras, porque, precisamente, el interés de la colección residía en que eran autores españoles los que escribían [11]. Agramonte, finalmente, se siente incapaz de sacar adelante El Cuento Semanal, por lo que deja su puesto en junio de 1911. Emilio Carrere será el encargado sustituirle, aunque tampoco él logrará devolver a la revista su antiguo prestigio [12]. Hemos señalado que en 1909 comienzan los problemas de El Cuento Semanal, sus dificultades para encontrar autores dispuestos a publicar en sus páginas; y la razón de tal situación no es otra sino la aparición de una nueva colección, que competirá duramente con ella: Los Contemporáneos. Esta segunda colección de novela breve fue creada también por Eduardo Zamacois, con la intención de menoscabar el prestigio y el auge de El Cuento Semanal, del que fue marginado tras la muerte de Galiardo. La nueva colección de Zamacois [13] ve la luz el 1 de enero de 1909, y da por finalizada su andadura el 1 de abril de 1926. Los Contemporáneos es, por tanto, la colección literaria de más larga trayectoria, y la que ocupa el segundo puesto en volúmenes publicados tras La Novela Ideal [14].

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El formato de Los Contemporáneos era exacto al de la colección anteriormente creada por Zamacois, salía a la venta el mismo día de la semana que El Cuento Semanal, los viernes, y al precio de 30 céntimos. Deesta colecciónse editaron 898 números, según nos aclara Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, matización que cobra todo su sentido, cuando nos disponemos a consultar la colección, ya que lo cierto es que únicamente hallamos 897 números. Tal confusión radica en el cambio de formato que experimentó en 1918 la publicación, y que produjo una duplicidad en el número 470 [15]. Para levantar esta nueva empresa, Eduardo Zamacois se asocia con el impresor José Blass, quien se encargó años atrás de la edición de El Cuento Semanal.  A pesar de todo, Zamacois hubo de luchar mucho para que Los Contemporáneos prosperase; así lo manifiesta en sus memorias:

Durante varios meses ambas publicaciones lucharon sin que ninguna prevaleciese. Después la mía empezó a decaer. Era lógico. Los Contemporáneos no tenían historia. El Cuento Semanal, sí, lo que bastaba para que la masa lectora lo prefiriese. Solo cuando la jerarquía literaria del autor que yo publicaba superaba la del que esa semana firmaba la revista enemiga, Los Contemporáneos se vendían más [16].

De entre los primeros literatos que participaron en Los Contemporáneos podemos citar nombres como los de Joaquín Dicenta, Manuel Linares Rivas, Alberto Insúa, José Francés, Felipe Trigo, Gabriel Miró, Emiliano Ramírez Ángel… En el transcurso de este primer año de vida de la colección, Zamacois logrará atraer hacia su colección a escritores como Salvador Rueda, Silverio Lanza, Emilia Pardo Bazán o Santiago Rusiñol. Asimismo, otro nutrido grupo de autores fieles a El Cuento Semanal, que cimentaron su fama con los relatos que publicaron en él, alternan su colaboración en esta colección con la de Los Contemporáneos; este es el caso de Gregorio Martínez Sierra, Pedro de Répide, Alejandro Larrubiera, Augusto Martínez Olmedilla y Andrés González-Blanco.

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En el segundo año de vida de Los Contemporáneos, en 1910, se convoca un concurso para premiar dos relatos. El primer premio estaba dotado con 600 pesetas, mientras que el segundo lo era con 400, pero, además, la convocatoria poseía el aliciente añadido de seleccionar diez títulos de entre todos los originales enviados para disputarse el galardón, y que serían publicados en el seno de Los Contemporáneos en semanas sucesivas; eso sí, ocultando el nombre de sus autores. Se pretendía que los suscriptores de Los Contemporáneos juzgasen la calidad de los relatos presentados, para luego con su voto otorgar ellos mismos los dos premios prometidos por el director de la publicación. El ganador elegido de modo tan democrático por el público lector resultó ser Vicente Díez de Tejada, quien para este certamen literario escribió el relato titulado Eros [17].

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Gloria Jimeno Castro

Doctora en Lengua española y sus Literaturas

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Notas

[1] Ibíd., p. 27.

[2] Sobre esta novela, y sobre el conjunto de la obra mironiana, véase, entre otras, Miguel Ángel LozanoMarco (coord.), Nuevas perspectivas sobre Gabriel Miró, Alicante, Universitat d´Alacant, 2008; Guillermo Laín Corona, Retrato liberal de Gabriel Miró, Sevilla, Renacimiento, 2015.

[3] Luis Sánchez Granjel, Eduardo Zamacois y la novela corta, ed. cit., p. 54, nota 3.

[4] Un listado completo de los títulos y autores de El Cuento Semanal puede consultarse en los apéndices incluidos en (VV. AA.), Ideología y texto en El Cuento Semanal (1907-1912), ed. cit.

[5] Federico Carlos Sainz de Robles, La promoción de El Cuento Semanal (1907-1912), ed. cit., p. 53.

[6] José-Carlos Mainer profundiza en los factores que determinaron la excelente recepción de El Cuento Semanal, y en los que no nos es dado detenernos, concretamente, en“El Cuento Semanal(1907-1912): texto y contexto”, en (VV. AA), Formas breves el relato, Universidad de Zaragoza, 1986, pp. .207-220.

[7] Michel Bouche, op. cit., p. 28.

[8] No debemos pasar por alto al tratar este punto las afirmaciones presentadas en Carlos Serrano, “El Cuento Semanal, literatura de gran difusión e historia cultural”, Ínsula, n.º 497, 1988, pp. 8-9.

[9] Ibíd., p. 19.

[10] Luis Sánchez Granjel, Eduardo Zamacois y la novela corta, ed. cit., p. 52.

[11] Luis Sánchez Granjel, “La novela corta en España (1907-1936)”, loc. cit., p. 487.

[12] Con el fin de ahondar en más aspectos periodísticos y literarios de esta colección, debemos remitir a, entre otras, María Lourdes Íñiguez Barrera, El Cuento Semanal 1907-1912. Análisis y estudio de una colección de novelas cortas, Grupo Editorial Universitario, 2005; Cecilio Alonso, “El Cuento Semanal enla continuidad literaria y periodística de su tiempo, Monteagudo. Revista de Literatura Española e Hispanoamericana y Teoría de la Literatura, n.º 12, 2007, pp. 27-56; y el ya citado artículo de Belén Pereda (“El Cuento Semanal: alternativa y alteridad de una revista”, loc. cit.).

[13] Para completar el perfil literario y su aportación al panorama literario español, conviene analizar los datos presentados en Ana Cabello, “Eduardo Zamacois: empresario cultural y viajante de la literatura”, en Revista de Estudios Hispánicos, tomo XLVI, n.º 2, junio 2012, pp. 223-245; José Ignacio Cordero Gómez, La obra literaria de Eduardo Zamacois. Tesis doctoral. Universidad Complutense, Facultad de Filología. 2007 ([14] Útiles referencias a cuanto estamos apuntando se encuentran en Luis Urrutia, “Una colecciónnueva: Los Contemporáneos. Una revista de 1909 a 1912”,en Les productions populaires en Espagne, 1850-1920, Université de Pau et de Pays L´Adour, 1986, pp. 277-308.

[15] Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, “La colección literaria Los Contemporáneos. Una primera aproximación”, Monteagudo, 3ª época, n.º 12, 2007, pp. 96-97.

[16] Eduardo Zamacois, op. cit., pp. 357-358.

[17] Luis Sánchez Granjel, Eduardo Zamacois y la novela corta, ed. cit., p. 63.

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Categories: Crítica Literaria

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