Pensar en espiral – Luis Roca Jusmet

Pensar en espiral – Luis Roca Jusmet

Pensar en espiral

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Pensar en espiral

La pregunta por la verdad es, quizás, la pregunta filosófica por excelencia. Toda sociedad tiene sus saberes y sus normas. Para François Jullien, filósofo y sinólogo, esta es la singularidad de la filosofía como camino del pensar. Lo que existía, en China, era otra cosa:  el confucionismo y el taoísmo no eran filosofía. El primero era el estatuto moral incuestionable, que provenía de la sabiduría de los antiguos, y el segundo era una propuesta de retorno a la espontaneidad, a la naturaleza más allá de las convenciones. Pero en Grecia aparece la pregunta por la verdad, es decir la problematización de los saberes y de las normas, el cuestionamiento de sus fundamentos. Es Sócrates y sus preguntas, es la figura del filósofo como el que es capaz de reconocer su ignorancia y empezar a recorrer el sendero hacia la verdad. Hay en el filósofo una pérdida de la sabiduría, que pasa de ser algo que se tiene a algo que se busca. Es lo que plantea Diótima en el dialogo platónico “El banquete”: el amor es un movimiento que genera el deseo hacia algo inalcanzable. El filósofo no es ya el sabio griego, ni el letrado chino, ni el brahmán indio. Es otra cosa.

La ciencia es hoy el saber establecido en las sociedades liberales. Las normas morales y políticas basadas en la igualdad de derechos también. Hay saberes y normas alternativos, por supuesto. No hace falta ninguna reflexión filosófica, ninguna pregunta por la verdad para interiorizarlas. Está también el sentido común, más o menos contaminado de ideología, el que nos orienta en la vida. Pero la pregunta por la verdad ontológica y ética es radical y nos lleva a cuestionar todas las certezas: la de lo que sabemos y la de lo que hacemos. 

El filósofo ni es un creyente ni es un escéptico. La filosofía es una actitud de búsqueda de la verdad. Una búsqueda que te va condicionando en porque es una vía que te va iluminando. Y uno va avanzando como puede, más en espiral que en línea recta. Pensando, leyendo, escribiendo. Pero el material de la filosofía no son las palabras, es la vida. La apuesta filosófica es una apuesta existencial. Sin ella, solo hay palabras, por muy bien que suenen: la filosofía es retórica. Lo que está en juego es la propia vida, es uno el que se implica. Con sus contradicciones, con sus ambigüedades. Es la pregunta por la verdad de la propia existencia, el enigma del vivir y del morir,

 El camino de la ciencia, establecido por Galileo y Newton en el siglo XVII-XVIII es el de un método matemático-experimental. Avanza en línea recta, con algunos momentos críticos donde hay transformaciones más importantes (lo que el historiador de la ciencia Thomas Khun llamaba una revolución científica).  Vamos adquiriendo certezas, aunque sean provisionales. Pero la filosofía avanza para volver una y otra vez sobre las mismas preguntas. Por esto digo que es en espiral. El nivel va cambiando. un de supuestas respuestas. Porque cada respuesta supone abrirse a nuevas preguntas.
No estoy convencido que tengamos que identificar la filosofía con el llamado pensamiento crítico. Porque cuando se habla de pensamiento crítico hay una referencia a unos saberes y unas normas, justamente los establecidos como saber científico y a los derechos humanos. Es el de la formación de un criterio. Pero la filosofía no pretende formar un criterio ni enseñarnos a argumentar. Esto lo hace la lógica, que es diferente. La filosofía está siempre en la frontera, no nos da fundamentos, nos los quita. Quizás sea hoy el resto que dejan los saberes y las normas. Haciéndolo una y otra vez desde el asombro, como decía Aristóteles. Y aquí me viene una frase de otra tradición, el del maestro budista japonés: «mente zen, mente de principiante». El filósofo no es nunca un experto, no es nunca un especialista. Quizás la filosofía sea, como dijo Henri Meschonnic hablando de Spinoza, “un poema del pensamiento”.

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Luis Roca Jusmet

Categories: Filosofía

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