Praxis feminista frente a la política del resentimiento – Aurora Gámez Enríquez
Overview
Praxis feminista frente a la política del resentimiento
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Praxis feminista frente a la política del resentimiento
El feminismo actual debe resistir los ataques de la «América Trumpiana o Trump Era» y los populismos reactivos en un entorno de posverdad donde el giro afectivo prima sobre el dato racional. Como advertía Betty Friedan, cuando el conflicto político no se nombra, se internaliza como patología. Hoy, el «problema que no tiene nombre» se manifiesta en las generaciones más jóvenes a través de la anorexia y la bulimia, síntomas de un malestar político que la Manosphere intenta reconvertir en odio hacia el exterior. Para resistir la fragmentación y la violencia del patriarcado digital, es imperativo recuperar la «capacidad totalizadora» de la que hablaba Celia Amorós. Solo un proyecto emancipatorio que reconozca la diversidad sin perder de vista la estructura sistémica del poder podrá desmontar la arquitectura del desprecio. La democracia paritaria no es solo una meta legislativa, sino una exigencia vital para la supervivencia de la humanidad frente a la reacción digital.
Genealogía de la Masculinidad Abyecta y la Radicalización Misógina en la Manosphere [1]
1. Marco Teórico y Contextualización: De la «Ola» al Backlash [2]
La transición del siglo XX al XXI no puede entenderse sin la reconfiguración del dispositivo patriarcal que ha transformado los avances legales en un escenario de resistencia cultural profunda. La actual «reacción» (backlash ) no es un fenómeno emergente, sino una constante histórica que, como señalan Ana de Miguel y Amelia Valcárcel, surge como un contrapeso dialéctico a cada hito de la razón ilustrada. El terreno para la radicalización digital contemporánea fue abonado por el posfeminismo de la «tercera ola» (años 90), el cual, al priorizar el empoderamiento individual y el consumo sobre el análisis de clase y la estructura sistémica, facilitó la erosión de la universalidad de la razón ilustrada. Bajo la premisa falaz de que «la igualdad ya está conseguida», el posfeminismo cultural ha desvirtuado el feminismo como un anacronismo impertinente. En este estrato de soberanía, la pérdida de privilegios históricos masculinos es comunicada y percibida por los sectores reaccionarios no como justicia social, sino como una vulneración de derechos fundamentales. Esta confusión ontológica entre privilegio y derecho permite que el dispositivo patriarcal presente al varón como el nuevo sujeto oprimido, sentando las bases epistemológicas de la Manosphere.
2. La Crisis de la Masculinidad Hegemónica: El Sujeto Precarizado
La desestabilización del modelo del «varón sustentador» (breadwinner) es un subproducto de la economía globalizada y la «uberización» del mercado laboral. La identidad masculina tradicional, anclada en la capacidad de proveer, colapsa ante la precariedad de la gig economy, generando un malestar que es profundamente generizado.
- Hibridación y Consumo: La masculinidad hegemónica ha intentado sobrevivir mediante su hibridación con el capitalismo informacional, produciendo modelos estéticos como el metrosexual, el ubersexual y el spornosexual. Estos modelos intentan convertir al hombre en un objeto de deseo para compensar su pérdida de poder económico real.
- La Estrategia de Distracción: Ante la realidad de la desposesión, señalar al feminismo como responsable de la precarización es una estrategia de distracción efectiva. Evita que el varón analice fallos sistémicos —como los que vinculan el mandato de masculinidad con la depresión y la actual epidemia de opiáceos (Kassam, 2017)— y canaliza la frustración hacia una supuesta «amenaza feminista» que habría «feminizado» la sociedad.
3. Anatomía de la Manosphere: La Red Pill como Epistemología
La Manosphere opera como una «industria cultural del odio» que neutraliza la misoginia mediante narrativas de autoayuda y pseudociencia. Según la tipología de Ávila Bravo-Villasante, este ecosistema se organiza en cuatro pilares:
- MRA (Men’s Rights Activists): Centrados en la denuncia de una supuesta discriminación institucional y legal hacia el varón.
- MGTOW (Men Going Their Own Way): Promueven un separatismo radical ante una sociedad que califican de «inherentemente misándrica».
- PUA (Pick Up Artists): Utilizan la «seducción científica» como un mecanismo de abuso de poder, recurriendo al miedo y la manipulación algorítmica de la interacción humana.
- Incels (Célibes Involuntarios): El ala más extremista, articulada bajo un biologicismo fatalista.
La Metáfora de la «Red Pill»
Inspirada en el mito cinematográfico, la Red Pill no es solo una toma de posición, sino una construcción epistemológica:
- El Despertar: La creencia de haber descubierto la «verdad» oculta tras el «engaño feminista».
- Hipergamia y Biología: Sostienen que el feminismo es una estrategia sexual para que las mujeres controlen el «ADN superior » y seleccionen solo a los machos alfa, dejando al resto en la irrelevancia biológica.
- Elite Identitaria: Dota al sujeto de un sentido de pertenencia a una minoría que posee el conocimiento prohibido frente a la «ideología de género».
4. La Incelosphere y la Masculinidad Abyecta: El Giro Afectivo y Digital
La «masculinidad abyecta» redefine el poder masculino mediante la incorporación paradójica de la debilidad y el victimismo. Históricamente, es imperativo precisar que el proyecto original de Alana Boltwood ( Alana’s Involuntary Celibacy Project , 1997) era un espacio inclusivo de apoyo para personas de cualquier género. Su degradación hacia la actual incelosphere violenta ocurrió tras la salida de Boltwood, cuando el discurso se desplazó del «yo» hacia la culpabilización de las mujeres y el feminismo. Dentro de este ecosistema, los ataques perpetrados por figuras como Elliot Rodger —referenciado como el » caballero supremo «— deben analizarse bajo el concepto de violencia expresiva de Rita Segato. Estos crímenes no son solo actos de odio, sino mensajes destinados a restaurar el mandato de masculinidad ante sus interlocutores: los «Chads» (el ideal inalcanzable) y las mujeres. Es una «llamada a las armas» que utiliza el resentimiento por la ineptitud sexual para reafirmar la soberanía masculina mediante el terror.
5. Fracturas Discursivas: El Cortocircuito de Luhmann
Desde la teoría de los sistemas sociales de Niklas Luhmann, observamos que la sociedad opera mediante cierres operativos y comunicaciones que estabilizan inclusiones y exclusiones. El discurso del «Feminismo Crítico de Género» (FCG/TERF) funciona como un cierre comunicativo que etiqueta la identidad trans como «ruido» o «anomalía» para proteger la autopoiesis del binarismo de género. Esta irritación del sistema genera un cortocircuito que debilita la agencia política colectiva y es capitalizado por figuras como Donald Trump para justificar exclusiones legales y militares. | Dimensión | Lógica Esencialista / FCG [3] (Valcárcel, Raymond, Lagarde) | Lógica de Construcción Social / Transfeminista [4] (Butler, Segato, De Miguel).
Definición de Sujeto: Basada en el determinismo anatómico. Valcárcel: «Existen solo dos sexos: machos que fabrican espermatozoides y hembras óvulos». Construcción performativa y cultural. Segato: «El cuerpo no garantiza nada… la identidad es una cuestión ontológica».
Sujeto Político: La mujer biológica cisgénero. Se percibe la identidad trans como una «amenaza de borrado». Un sujeto plural y disidente. El patriarcado se entiende como un sistema que oprime diversas corporalidades. Percepción del Riesgo: «Inseguridad jurídica» y pérdida de espacios seguros para mujeres biológicas. La «politicidad femenina» como alternativa al binarismo colonial y la cosificación biológica. Base Teórica: Genealogía de la casta sexual y ontología binaria inmutable. | Teoría Queer, transfeminismo y justicia de reconocimiento.
Es decir, que la Lógica Esencialista (FCG) ve en la biología de la mujer una realidad que debe ser protegida legalmente para evitar que el concepto «mujer» pierda su sentido político, y por el contrario, la Lógica de Construcción Social (Transfeminista) busca deconstruir el binarismo hombre-mujer por considerarlo una herramienta patriarcal, abriendo el sujeto del feminismo a la diversidad de vivencias y tránsitos de género.
6. La Respuesta desde la Praxis: El Legado de ‘Praxis Feminista’
Frente a la atomización digital que alimenta la Manosphere, encontramos el contrapunto vital que ofrece la “Praxis feminista” [5] (Gámez Enríquez). El asociacionismo real (Grupo ALAS, Amatista) demuestra que la «politicidad femenina» (Segato) es la herramienta para reconstruir vínculos frente al aislamiento virtual. La propuesta de Gámez Enríquez y el análisis de Segato coinciden en la necesidad de una «consciencia de género» que, a diferencia de la «consciencia racial», se articula desde la empatía y la insubordinación creativa. Esta praxis territorial rompe con el «feminismo de la queja» y ofrece una salida a la radicalización misógina, sustituyendo el resentimiento de los foros digitales por la politicidad de los vínculos humanos.
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Aurora Gámez Enríquez
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Notas al texto
[1] Definición de Manosfera: Se define como un grupo de hombres heterosexuales cuyos intereses comunes se centran en el rechazo de las políticas de igualdad y en muestras extremas de violencia contra las mujeres. Es considerada una «industria cultural» que nutre y hace aceptable el odio hacia lo femenino.
[2] Backlash significa en castellano reacción adversa, reacción negativa o contragolpe. Se usa para describir una respuesta fuerte y generalmente hostil contra un avance social, político o cultural. Por ejemplo, en el contexto del feminismo o los derechos civiles, backlash alude a la reacción conservadora o regresiva que intenta frenar o revertir esos avances.
[3] Lógica Esencialista / FCG (Feminismo Crítico de Género). Esta postura, representada por autoras como Amelia Valcárcel, Janice Raymond y Marcela Lagarde, sostiene que la base del feminismo es el sexo biológico inmutable.
[4] Lógica de Construcción Social / Transfeminista. Representada por Judith Butler, Rita Segato y Ana de Miguel, esta corriente propone que tanto el género como el sexo son construcciones sociales y culturales que sirven a sistemas de dominación.
[5] Praxis feminista en Málaga y Provincia (1990-2021). Gámez Enríquez, Aurora. Preámbulo: María Luisa Balaguer. Prólogo: Antonio J. Quesada. Jákara ediciones.
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