Profilaxis – José Biedma López
Overview
Profilaxis
***

***
Profilaxis
Ya en 1971, un profeta alemán de calaña vitalista, del que me acuerdo, pero que no nombro por no dar pistas y facilidades para su cancelación, sostuvo la lúcida y valiente tesis de que sólo se pueden encontrar esencias y formas de valor en la literatura cuando esta encuentra resistencia en el público al que va dirigida. Sin embargo, una vez abolido cualquier tipo de censura o cortapisa impuesta por el decoro moral o la religión creída, desaparecido el público instruido en leer entrelíneas, o sea, aquel que sabe: 1. Que todo escribir dice menos de lo que quiere, y 2. Que todo decir da a entender más de lo que se propone…, una vez aniquilado el público sabedor de que la buena escritura sólo alude y vislumbra los misterios del Silencio sin tener que esforzarse en mostrarlos obscenamente, ya que tales sublimes secretos son inefables, la Literatura mayúscula, sin velos ni disimulo, se convierte en un cadáver; vaciada de cualquier trasfondo enigmático, digno o auténticamente humanista, muere o, por decirlo con delicadeza, duerme el sueño de los justos. Quedan, en descomposición, sus restos mortales, algunos aforismos, ciertos fragmentos…
¡Ha sucedido! Igual que nuestra poderosa civilización elabora productos materiales cada vez más efímeros en embalajes cada vez más perfectos, tan buenos que resisten –mejor que nosotros– pandemias, riadas y apagones, el mismo proceso tiene lugar en la esfera espiritual y la maquinaria de producción en masa se ha convertido en una ordeñadora mecánica de las Musas. Ahora produce océanos de leche etérea en incremento exponencial, inunda las estanterías de los grandes almacenes gracias a la ayuda de Inteligencias artificiales, a las que consumidores y oportunistas aleccionan gratis, con golosinas anímicas enteras o sin grasa, melosas o sin azúcar, con coco, soja, vainilla, sin lactosa, con hierbas medicinales, sabrosones probióticos, psicofármacos de diseño, etc.
Tocante a los consumibles psicodélicos tradicionales, bibliotecas y kioskos, plataformas digitales, revistas virtuales y nubes de datos, engordan o estallan ya, crecen y se desbordan con sus dígitos binarios de código-máquina capaces de figurar lo que ustedes gusten: letras, signos, imágenes, postcards, infografías, hologramas, memes, shorts, reels, tiktoks, gips, tarjetas digitales, emails, feeds, vídeo-clips, excels, PDFs, films, tratados de entomología, guías de Marte, al primer ministro yogando con una cerda, espejos negros y rotos para narcisistas…, representaciones y relatos “espectaculares” que nadie puede asimilar con precaución o profundidad, mientras pantallas, tabletas y monitores abruman con un flujo perpetuo de imágenes condenadas al fracaso por su propia fuerza numérica. ¿No te agobia perderte esto o aquello? “¿Te lo vas a perder?” ¡Te estás perdiendo tánto! Y lo que es peor, antes de poder alimentarnos con semejantes maravillas, las asfixiamos bajo toneladas de nuevas impresiones y, sobre todo, de basura, cuatro billones de veces más numerosa que la información veraz o relevante. Sobrevivimos o malvivimos sobre montañas de sedimentos, desechos y barreduras, como estupefactos supervivientes de una batalla, como reses sometidas y asonadas entre ruidos, despojos y escombros.
Otro crítico abstemio, esta vez coreano, Taemin Park del clan de los Milyang, ha pretendido probar en un escrito titulado Autopsia de Anteo (célebre entre la élite cosmopolita de los filósofos), que el apocalipsis ya se ha cumplido, por lo que, en lugar de pro-feta, dicho autor es llamado retro-feta. En el capítulo “Cumbre y declive del Climax”, el perspicaz asiático afirma que la consumación de los tiempos se percibe por los siguientes signos: aburrimiento, superficialidad y embotamiento; aceleración, inflación y masturbación. En primer lugar, las masas ansiosas habían sido onanizadas por la propaganda de la Internacional Publicitaria, forma degenerada de Revelación divina; en seguida, la masturbación se extendió a todas las artes como rito soteriológico, es decir, de Salvación por la Mercancía. En segundo lugar, se ha extinguido la maduración paulatina de talentos y su selección cuidadosa y armónica dentro de normas más o menos consensuadas y dictadas por el buen gusto; por consiguiente, el único estímulo que perdura es la vocinglería y el escándalo de la rabiosa novedad con su gesto infamante o insidioso, malinterpretado por la crítica como síntoma genial, cuando en realidad tales presuntas “innovaciones” no son más –a juicio de Taemin– que vicios viejos, alucinación y compulsión de señoritos ociosos o de rojipardos superficialmente formados, embotados y aburridos, pero tal “mierda de artista” o consagrado galimatías, convenientemente enlatados y publicitados son, comercialmente, mucho más relevantes que el equilibrio moral del prudente y su arte sano (o artesanía), si lo hubiese, si existiese el discreto.
Por ello, en el capítulo de Autopsia intitulado “Post mortem de Sostenibilidad”, y una vez descrita la hiperinflación galopante de mercancías espirituales, Taemín Park propone la organización de un Fondo para la Salvación de la Humanidad (PSH). El capital público del Fondo permitirá pagar a inventores, ingenieros, tecnólogos, científicos, filósofos, pintores, músicos, escultores, escritores y poetas, dramaturgos y diseñadores, según las normas siguientes: Quien no escriba nada, ni proyecte, ni pinte, ni patente o proponga nada, cobrará una pensión vitalicia que le permita seguir consumiendo dignamente. Quien, por el contrario, y a pesar de las advertencias, se empeñe en crear nuevos productos o en practicar las actividades antes mencionadas, recibirá proporcionalmente menos. Quien haga un nuevo invento, una película de más de una hora, o edite dos libros al año, pierde el derecho a la pensión. Todo ciudadano que contraiga la rara manía de escribir porque sí, por amor al arte de escribir, deberá empezar sus escritos como Francis Bacon principió el que dedicó al rey Jacobo, pidiendo al lector perdón por usufructuarle el bien más preciado e irrecuperable de cualquier mortal: su tiempo. A fin de cuentos, crear algo es contaminarse con lo creado. Para dar consistencia teórica a su programa, Taemin cita a nuestro Ortega, cuando el español interpreta al gnóstico heresiarca Marción, quien negaba la consistencia de la idea de un Dios bueno y, a la vez, creador de cosas imperfectas e incluso malas; y recuerda a Lombardo Duro, cantautor y predicador misionero de la Dieta de Silencio.
Gracias al sistema propuesto por Taemin (Fondo PSH), sólo crearán los espíritus altruistas y ascéticos cuyo amor al prójimo supere el de sí mismos, deteniéndose automáticamente la superproducción de bazofia sentimental, biografía por encargo, tesis plagiadas, terapias autorrecursivas, relatos histórico inventados y mugre pornográfica que se venden ahora. Se prevén grandes multas y castigos especialmente severos para quienes clandestinamente introduzcan en la sociedad ideas cuyos trágicos efectos puedan compararse con las plagas del automóvil, de la televisión y de los celulares (en español penínsular “móviles”).
Después de haber regulado así la cuestión de nuestro tiempo, es decir, después de haber salvado a la Humanidad generosamente, Taemin Park del clan de los Milyang se plantea con coraje el último problema pendiente… Bien, mediante el PSH tal vez conseguiremos detener el frenesí de nuevas producciones destinadas irremediablemente al descomunal montón de la inmundicia, pero ¿qué hacemos con el disforme y monstruoso alud excrementicio de plásticos y cosas que ya existen? ¿Reciclar? ¡Demasiado tarde! El vertedero no da para más. En esto hay que mostrarse radical y terminante, porque más vale ponerse una vez colorado que cien mascarillas: Todo cuanto ha sido creado en el siglo XX y parte del XXI no vale nada. Maticemos. Puede que, entre tanta mierda, haya joyas admirables del ingenio, del intelecto o del arte, pero resulta que no hay modo de distinguirlas en medio del piélago de publicidad, superchería y basura. Por lo tanto, nuestro retrofeta y utopista postula la limpieza exhaustiva de «los establos de Augias»: un universal «auto de fe» que, al contrario que las salvajadas inquisitoriales del pasado, será profiláctico, inclusivo, progresista y con perspectiva de género, bajo el lema: ‘Ubi pus, ibi evacuat’.
Lo curioso es que, mostrándose consecuente, y por lo tanto intelectualmente lujurioso y suicida, Taemin Park aconseja (o más bien ordena) en el último párrafo de la Autopsia de Anteo que esta obra, tras ser leída, sea también destruida inmediata y totalmente, de modo que ni siquiera pueda ser reciclado el papel en que se expresa su retroprofecía con proyecto de salvación.
¡Menos mal! O también, según cantó Lombardo: “Menos es más”.
*

*
***
José Biedma López, Ph. D.
[Santo Reino, Mayo 2025]

