Ramón Asensio Mas: reinterpretación del tópico «Menosprecio de corte y alabanza de aldea» en la vorágine del cosmopolitismo y la sicalipsis del naciente siglo XX – II – Gloria Jimeno Castro
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Ramón Asensio Mas: reinterpretación del tópico «Menosprecio de corte y alabanza de aldea» en la vorágine del cosmopolitismo y la sicalipsis del naciente siglo XX – II
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Ramón Asensio Mas: reinterpretación del tópico «Menosprecio de corte y alabanza de aldea» en la vorágine del cosmopolitismo y la sicalipsis del naciente siglo XX – II
Tiempo del relato
El autor no ofrece demasiados datos para establecer la cronología del texto, pero es fácil intuir que esta historia transcurre a principios del siglo XX.
La Tierra Madre expone los hechos acaecidos en la vida de Gloria a lo largo de los tres días que permanece de visita en su aldea natal, aprovechando la llegada del verano.
En la jornada primera, la acción se sitúa al día siguiente de la llegada de la joven a Asturias, más concretamente, cuando“va cayendo la tarde” (p. 9). Durante este segundo día de estancia, la protagonista aprovecha para recibir la visita de sus vecinos, quienes después de tantos años deseaban volver a verla, puesto que el día anterior, cansada por el viaje, apenas hizo otra cosa más que dormir y recuperarse de tantas horas de trayecto. Gloria y su hermano Fermín hablan de los felices recuerdos de la infancia, lo cual supone para ella un reencuentro emotivo con su pasado, con esa muchacha del ayer tan distinta a la del momento actual.
En la jornada segunda, la acción avanza hasta la noche, el abuelo y Fermín se hallan en la cocina discutiendo acerca de lo que suponía ese regreso inesperado de Gloria a la aldea, a sus vidas. El anciano no deseaba que aquella nueva Gloria, que aquella mujer de ciudad, experimentada en la vida y el amor, perjudicase a Fermín, el único que seguía viendo a la estrella de los escenarios como a un miembro de su familia, como a aquella niña que fue su compañera de juegos.
Mientras tanto, Villamediana y Gloria se hallaban ocultos de las miradas de todos en el interior de la casa, haciendo balance de su vida en común, del tiempo que pasaron juntos. Como resultado de aquel nuevo acercamiento, ambos se funden en un abrazo, en un apasionado beso de amor, con el que ponen al descubierto la infidelidad de Gloria, que el conde no conoce hasta esa misma noche, cuando Fermín y el abuelo le abren los ojos a la verdad. Como consecuencia de ello, el aristócrata emplaza al poeta al amanecer para solventar como hombres de honor y con las armas aquel conflicto amoroso.
En la jornada tercera, la acción se halla situada al amanecer, Villamediana y el conde ya se han batido, pero en la aldea nadie tiene noticias del resultado del enfrentamiento. Gloria se siente desolada, ella había causado este lamentable incidente con su comportamiento; mas culpa a su familia, al abuelo concretamente, de haber puesto en peligro la vida de Villamediana, el único hombre al que amaba, al haberle contado la verdad al conde. Quiere huir del pueblo, subirse al tren de la diez y volver a Madrid, ya que “son muchas emociones en dos días” (p. 54).
Cuando la claridad va abriéndose paso en el límpido cielo de la montaña, el abuelo llega con noticias, y tras él traen a Villamediana herido. Gloria, harta de los reproches del abuelo, de las censuras por su dudosa moralidad, se marcha en su tercer día de permanencia en aquella aldea de la región asturiana, toma el primer tren de la mañana para dejar atrás definitivamente su pasado.
Más allá del seguimiento del tiempo de la acción, apreciamos que hay dos tiempos que se oponen claramente en la vida de la protagonista: el pasado y el presente.
Cuando Gloria regresa a Asturias se reencuentra con sus raíces, con las personas que la educaron e inculcaron unos valores, y ello provoca que se desencadene en su interior, en su corazón y en su conciencia una dura batalla. Todo le recuerda al ayer, a la muchacha noble y sencilla que fue, y cuya única aspiración era ser feliz en la vida entre aquellas idílicas tierras . El recorrer nuevamente aquellos rincones supone para ella una catarsis, le sirve para darse cuenta de cómo había cambiado su vida. Pasado y presente, por tanto, chocan frontalmente, y Gloria no es capaz de asumir la verdad, le hiere recordar el ayer, estar junto a quienes constantemente le hablan de lo que fue y la critican por lo que es ahora. Es una dura prueba que no supera, una experiencia traumática que la destruye, y quiere huir no solo de la aldea, sino también de su pasado, porque no hay vuelta atrás.
Espacio
Esta historia tiene como escenario las tierras idealizadas de Asturias; en concreto, una aldea perdida entre verdes montes. Como se puede intuir con la sola lectura del título de la obra, el espacio es un elemento primordial deLa Tierra Madre, además, en estas páginas se recrea el clásico tópico de “menosprecio de Corte y alabanza de aldea”. Cuando Gloria vuelve a su querida tierra asturiana retorna al pasado, se adentra en aquel espacio que recordaba como el paraíso de la infancia, como el escenario de los momentos más felices de su vida. Asturias era la tierra madre que la acogió en su seno, al ser abandonada por su padre, que la dejó a cargo de Pacho y Carlota para ocultar la prueba evidente de sus amores ilícitos.
Gloria es una mujer experimentada que ha visto mundo, que ha recorrido los lugares más modernos y cosmopolitas, y por ende, esa aldea que era el único mundo que durante años conoció, le resulta ahora pequeña, humilde, muy sencilla, aunque llena de ese encanto que envuelve todos los recuerdos. La famosa estrella de los escenarios madrileños pretendía ir a la aldea “a descansar de las fatigas de Madrid, de la vida azarosa del teatro, a respirar el aire puro de esas montañas y a recordar los días de mi niñez” (p. 28), ya que se hallaba confusa, no había asimilado los acontecimientos que en tan poco tiempo se habían sucedido en su vida. Necesitaba ordenar sus pensamientos y decidir su futuro, lejos de la capital.
Todo se torna hostil repentinamente para ella; la visión de aquellos parajes asturianos, de aquellos rincones en los que jugaba con Fermín, así como la reveladora charla con el abuelo, le traen a la memoria su verdadero “yo”, a esa muchacha cándida y buena que jamás fue interesada ni tuvo aires de grandeza. Le duele ver lo que fue, aunque le hiere más aún darse cuenta de lo que es, una ingrata que no volvió durante años para interesarse por su hermano, por ese compañero infatigable de la infancia que nunca superó su ausencia. Es el abuelo quien la ayuda a entender su situación, y quien, verdaderamente, se muestra sincero con ella:
Años enterus costóme el hacer que te olvidase; años enterus sin salir de aquí, donde cada senderu, cada árbol, cada piedra de la muntaña, teñen pra él un recuerdu tuyo; conseguilo por fin, y ahora cuando menos lo esperábamos, vuelves a presentarte…, e non sola, peor que sola acumpañada de esa turba de amigos que van pregonando lu que eres (p. 30).
Lejos de hallar la paz en aquel lugar, en aquel paraíso de la infancia, sufre. Es la primera vez en mucho tiempo que logra ver con claridad y valorar su trayectoria vital.
El abuelo, cansado de tanta hipocresía y falsas vanidades, desenmascara a Gloria frente al conde, le advierte de su traición con Villamediana para obligarles a todos a marcharse de la aldea, cuya existencia habían venido a alterar con sus deslumbrantes vidas, con el dinero, con el que habían comprado a toda la familia, menos a él. Lo peor de todo, sin embargo, es que la protagonista es expulsada de su edén de la infancia, la Tierra Madre la rechaza, la arroja de su seno, no la reconoce como hija. Y es que ya no pertenece a ese espacio, ella es hija de la mundanal urbe, que la vistió con blondas y caras sedas, que la deslumbró y arrastró.
Personajes
En La Tierra Madre, los personajes se dividen en dos bloques. Del primero forman parte Gloria, Villamediana y el conde, que representan a la ciudad y todos los males que conlleva la vida en ese tráfago mundano: la pérdida de la propia identidad, el poder de corrupción del dinero, el egoísmo, la avaricia…
En el segundo bloque hallamos a todos los miembros de aquella bucólica aldea asturiana. Pacho y Carlota son el mejor ejemplo de cómo el dinero puede llegar a torcer la voluntad de una persona. Por dinero descuidan a su propio hijo y se entregan a la crianza de Gloria, que para ellos era su fuente de riqueza. No la cuidaban porque la quisiesen, sino por ser esta su seguro de vida, su medio de prosperar económicamente. Cuando el padre se lleva a la pequeña de la aldea, el matrimonio vuelve a recobrar la serenidad, vuelven a ser generosos y conformistas; mas con el regreso de la rica estrella, de esa figura que representaba todos los males que entrañaban la vida en la ciudad, vuelven a cegarse, a ser avariciosos, ya que “mentras corra la muneda…” (p. 16). Fermín es el prototipo de aldeano bueno por naturaleza, generoso, que nada quiere para sí. Su alma pura le sigue mostrando como un niño grande. Para la protagonista, él es el espejo en el que mirarse, su contemplación le hace ver a Gloria que si no se hubiese ido a la ciudad, si no hubiese sucumbido a los peligros y a las tentaciones de la urbe sería como él. El muchacho es el único que continuaba viendo a Gloria como antes, como una buena muchacha.
El abuelo, sin duda alguna, es el personaje más auténtico y entrañable del relato, el mejor pergeñado por Asensio Mas. El anciano es la voz de la experiencia, de la sabiduría popular, es la única persona que dice la verdad y que no se ve perturbado por el dinero ni por el lujo, con que Gloria y sus acompañantes de Madrid pretenden deslumbrar a todos los aldeanos. Los valores morales y éticos son para el abuelo la mejor herencia que legarles a los suyos, de ahí que vele por su nieto Fermín. No quiere que el dinero le ciegue como a sus padres y como a Gloria, se esfuerza para que sea un hombre de bien. El gesto del anciano al rechazar la joya con que la artista buscaba pagar a Fermín su fidelidad es toda una enseñanza para la joven, una lección de qué es dignidad, de cuáles son los principios que hacen grandes a las personas, a pesar de sus orígenes humildes:
GLORIA: […] Sé que me he de acordar de ti muchas veces, muchas, y quiero que, bueno o malo conserves tú también un recuerdo mío. (Quitándose su mejor anillo) – Toma.
FERMÍN: (Indeciso y como implorando) ¡Abuelu!
ABUELO: (Rechazando el regalo) ¡Non! ¿Guárdate el anillo! Mosotros, buenus o malus, los recuerdos lus llevamos aquí. (Se golpea el pecho) […] ¡Aquí! ¡Ya lu sabes!… El anillo pra esus, que se perecen por el dineru. (Señalando a Pacho y Carlota) Mosotros, non; mosotros somos de una condición muy distinta.
(Rumores de aprobación en los aldeanos y voces sueltas de … ¡Fuera!… ¡Que se vaya!) (p. 63)
Esos gritos finales de los aldeanos, de esos otros hijos, de los auténticos hijos de la Tierra Madre, que rechazan a esos representantes de la mundanal ciudad, estremecen e impactan por su dramatismo.
Estilo y lenguaje
La Tierra Madre es un canto de alabanza a la vida reposada de la aldea, una historia que, además, posee un claro fin moralizante. Es una obra cargada de sentimientos, de lúcidos pensamientos, con los que se explica la particular filosofía de la vida preconizada por el sabio y noble abuelo, exponente de los mejores valores del ser humano; y cuyas verdades nos hacen tomar conciencia de con qué facilidad nos olvidamos de quiénes somos y de dónde venimos.
Los momentos más emotivos son así aquellos en que el abuelo toma la palabra para hablar con el corazón, para defender con la verdad todo aquello en lo que cree, para proteger a los seres a quienes más ama. Su discurso sobre el amor filial es uno de los pasajes más conmovedores de esta obra teatral:
Sí; te echo… (Dulcificando el tono hasta llegar casi a la súplica) ¡Y perdona rapaza que te lo diga de este modo; pero ye que tú non sabes lo que son nietus!; ¡Non lo sabes! ¿Tú ves lo que se quiere a un fillu, pues a un nietu se le quiere más! Los fillus lus tenemos de xóvenes; los nietus vienen ya cuando la nieve de las canas blanquean nuestra cabeza; un fillu mos hace treballar con entusiasmo, pensar en el mañana, en lus años que han de pasar pra que le veamos hecho un mocetón fornido e rozagante… El nietu, non; el nietu mos da al principio mucha tristeza, porque vemos en él otra vida que empieza cuandu la nuestra acaba, y mos habla de tiempos pasados, de alegrías muertas, de amores perdidus, e se les quiere más, mucho más, porque las alegrías que mos traen van mezcladas con lágrimas de una tristeza muy honda e muy grande (p. 31).
Ramón Asensio Mas escribe, por tanto, unas páginas sinceras y humanas, que hablan de todo aquello que importa al hombre, de la esencia de la vida; y lo hace valiéndose de un estilo llano y directo como las gentes que lo protagonizan, con máximas vitales que a cada paso sacuden la conciencia del lector.
Con esta obra teatral, además de lo dicho, se muestra la vigencia del tópico de “menosprecio de Corte y alabanza de aldea”, y se pone de relieve cómo Madrid con el auge de los espectáculos sicalípticos a inicios del siglo XX, creaba una nueva situación para la vida laboral de muchas de esas chicas jóvenes procedentes de pueblos y provincias. Las mujeres que trabajaban en estos espectáculos adquirían un modo de independencia económica, hallaban una forma de salir de la vida modesta de las aldeas y pueblos, de abandonar el trabajo duro del campo.
Empero, por otro lado, la marcha a la ciudad, a Madrid las transforma. La codicia, el desear más dinero y lujos acaba por convertirlas en personas ambiciosas, en títeres de los caballeros ricos y aristócratas, que las utilizaban y abandonaban a su suerte. Y en esta tesitura, el regreso al hogar, a la aldea natal, no es una opción, a sus gentes, según el contexto de la época, de esa sociedad patriarcal en que vivían, les resultan mujeres contaminadas por los males de la ciudad, no veían con buenos ojos a las mujeres independientes económicamente, con dinero procedente del espectáculo, y no deseaban que influyeran con sus promesas de un Madrid de riquezas a los ingenuos jóvenes aldeanos, buenos y nobles por naturaleza.
A todo ello debemos agregar, que estas historias de tintes folletinescos, tan del gusto del lectorado femenino, podían adquirir, tal como se ha probado, la forma de una obra teatral, leída como una historia novelesca más, pues su publicación en colecciones de novela breve no desentonaba en absoluto, al cumplir con los requisitos de extensión, de temática y de lectura fácil, exigida por los suscriptores de colecciones literarias de quiosco, al no ser de gran extensión.
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Gloria Jimeno Castro
Doctora en Lengua española y sus Literaturas
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