Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – I – Santiago Blanco del Olmo
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Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – I
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Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – I
El propósito que me he planteado a la hora de escribir este ensayo sobre el guerrero Tersites ha sido el de ayudarme a mí mismo a comprender al personaje, a dilucidar si estamos hablando de un villano o de un valiente. Aunque su aparición en el canto II de la Ilíada es cuantitativamente breve, sin embargo su presencia en la obra épica supone un contraste con el tono general de sus personajes en varios sentidos, fealdad, ausencia de nobleza, al menos en Homero, y libertad en el uso de la palabra en una sociedad en que sólo los nobles gozaban de ella. La primera vez que leí la Ilíada recuerdo que el castigo que sufre a manos de Ulises, así como la carcajada de los aqueos circunstantes, me conmocionó vivamente; a primera vista pareciera que el tiempo de Tersites aún no hubiese llegado, que tal vez el rapsodo griego hubiera querido reflejar en él características de la primitiva revolución hoplítica más acorde con el siglo VIII a. C. en el que una naciente clase media se oponía a una vieja aristocracia ya declinante, y yendo un poco más adelante en el tiempo, no sería difícil identificar a nuestro antihéroe con el plebeyo que se retiraba al monte Sacro o al Aventino reivindicando la igualdad de derechos con el patriciado, al legionario cabecilla de un motín en los ejércitos de Germania o Panonia por causa de los salarios atrasados, al enfermo depresivo de circa 1900 que acude al psicoanalista para comprenderse a sí mismo, al marinero Matiushenko a bordo del Potemkin o a un liberado sindical de nuestros días.
Es mi intención repasar el tratamiento que Tersites tuvo en diversos autores de la Antigüedad, pues veremos que hay diversas tradiciones acerca de este personaje divergentes de la ofrecida por Homero, y en otros de las edades Moderna y Contemporánea, con objeto de formarnos la imagen más fidedigna y justa del personaje merced a los autores de primera línea (como Virgilio, Ovidio, Luciano, Shakespeare, Lessing, Goethe, Zweig o Yourcenar) y otros menos conocidos.
ILÍADA
Nuestro personaje aparece solamente en el canto II del poema homérico y ya no volverá a ser mencionado otra vez. En concreto todo lo relacionado con él se circunscribe a los versos 211 hasta 277. A continuación procedo a ofrecer los versos traducidos al castellano en versión propia y a comentarlos: (Versos 211-224)
“Los demás se sentaron luego y permanecieron en sus asientos, y el único que todavía graznaba era el lenguaraz Tersites, que conocía muchas palabras indecentes en su interior con las que altercaba con los reyes de manera agresiva, pero sin concierto, siempre que le parecía que ocasionaría la risa entre los argivos. Fue el más feo varón que acudió a Ilión. Era pernituerto, cojo del otro pie; de ambos hombros encorvados que le oprimían el pecho. Por otra parte tenía la cabeza puntiaguda y le brotaba un cabello ralo. Era muy aborrecido especialmente de Aquiles y de Ulises, pues no cesaba de injuriarlos. Entonces otra vez a voz en grito profería punzantes reproches contra el divino Agamenón. Los aqueos se sentían enormemente enojados contra éste y le guardaban rencor en su ánimo. No obstante él, a voz en grito, denostaba de palabra a Agamenón.”
Hasta aquí la descripción que el rapsodo nos ofrece del personaje. Tal vez tan relevante como lo que se nos cuenta, la prosopografía, sea lo que no se nos dice. Con esto me refiero a que los héroes que aparecen por vez primera en el poema son siempre descritos enunciando el nombre de sus padres y de su patria; de Tersites, sin embargo, no hay tal. Con frecuencia se opone a los βασιλεῦσιν, lo cual nos hace suponer que no se encuentra entre ellos, además del hecho de que Homero en el Catálogo de las naves no lo menciona a cargo de ningún contingente aqueo. Si pasamos a su descripción física veremos cuán desagradable es y en general un lector atento observa que no se predica de él nada positivo. De momento el papel que desempeña entre la tropa se equipara al de un bufón al cual, a cambio de las risas entre sus camaradas, se le permite decir lo que piensa de vez en cuando. Al igual que los bufones, está contrahecho y como ellos posee ese don que ningún otro guerrero que no sea rey tendría: isegorie o parresia, es decir, libertad de palabra. Sobre la risa quisiera añadir aquí algunas palabras de Mikhaïl Bakhtine (de L’oeuvre de François Rabelais et la culture populaire au Moyen Âge et sous la Renaissance) que traduzco del francés: “En la cultura clásica la gravedad es oficial, autoritaria, se asocia a la violencia, a las prohibiciones, a las restricciones. Hay siempre en esta gravedad un elemento de miedo y de intimidación… Por el contrario, la risa supone que el miedo ha sido superado. La risa no opone ninguna prohibición, ninguna restricción. Ni el poder ni la violencia ni la autoridad emplean nunca el lenguaje de la risa.” Y en otro pasaje: “Sin duda alguna la risa ha sido una forma defensiva exterior. Se ha legalizado, se ha beneficiado con privilegios. Ha liberado (evidentemente sólo en cierta medida) de la censura exterior, de las persecuciones exteriores, de la hoguera.”
En efecto, un soldado sólo tiene derecho a hablar respetando siempre la cadena de mando y cuando sea previamente interpelado. Con esto quiero decir que si Tersites apostrofa al rey y se dirige a él, lo hace en calidad de bufón. Mas la risa del bufón supone sólo una válvula de escape, un lenitivo de la dominación, y Tersites, que como hemos visto funge como tal, aspira en un momento dado a encontrar una solución a esa dominación que escapa a sus verdaderas capacidades y pasa a convertirse en un rebelde. Sus cálculos no saldrán bien, acabará siendo castigado por ese uso improcedente de la palabra y suscitará, qué ironía, la risa de sus compañeros. Pero lo ridículo del desenlace salvaguarda la vida del rebelde, pues al ser considerado como bufón padecerá la desaprobación y la carcajada de sus camaradas, pero de haber sido entrevisto como un sedicioso (cosa que realmente era) hubiera pagado su atrevimiento con la vida.
Y finalmente sólo queda por añadir que en estos primeros versos ya se nos indica expresamente la enemistad entre Tersites y Aquiles, y Ulises. Esto quiere decir, aunque el poeta no explicita la causa, que se conocían de tiempo atrás y que la antipatía enorme (ἐκπάγλως) entre ellos no era reciente. A continuación viene el discurso de Tersites en estilo directo, versos 225-242 (más versos 243-245):
“Atrida, ¿de qué te quejas nuevamente y qué echas de menos? Llenas están tus tiendas de bronce y muchas mujeres escogidas además están en tus pabellones, las que te entregamos los aqueos a ti el primero cuando tomamos una fortaleza. ¿O acaso todavía estás necesitado de oro que alguno de los troyanos domadores de caballos te traerá de Ilión como rescate por su hijo, a quien yo te haya traído después de haberlo apresado o cualquier otro aqueo? ¿O tal vez una mujer joven para acostarte con ella y que tú retendrás lejos? No conviene que quien es el caudillo conduzca a la desgracia a los hijos de los aqueos. ¡Oh, flojos, hatajo de cobardes, aqueas que ya no sois aqueos! Regresemos a casa con las naves y dejemos a éste aquí en Troya, que disfrute de sus privilegios para que compruebe si también nosotros le hemos ayudado o no. Éste que ahora ha deshonrado a Aquiles, varón mucho mejor que él; pues posee su botín tras habérselo arrebatado, robándolo él mismo. Pero no es cierto que Aquiles guarde cólera en su pecho, antes bien es un flojo, porque si así no fuera, Atrida, por última vez te ensoberbecerías ahora.
Así habló Tersites censurando a Agamenón, pastor de pueblos, pero al punto se le acercó el divino Ulises y con mirada fiera lo reprendió con estas duras palabras.”
Vemos cómo el discurso de Tersites tiene dos partes bien diferenciadas; en la primera de ellas ataca a Agamenón diciéndole más o menos lo mismo que dice Aquiles en el canto primero, a saber, que se queda con el botín, o con la parte más grande del botín, que otros han conquistado. A continuación arremete contra los aqueos, los insulta y los exhorta a abandonar a Agamenón en Troya y regresar a casa ¡a ver si él solo consigue tomar Ilión sin vuestra ayuda! Nos recuerda aquí, avant la lettre, al poema de Brecht “Preguntas de un obrero ante un libro de historia”:
“Der junge Alexander eroberte Indien. Er allein?”
En español: “El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo?”
Bernardo Souvirón hace un breve comentario acerca de este discurso en Hijos de Homero, del que entresaco estas palabras: “En un sentido literal, sus palabras son las propias de un hombre que conoce perfectamente no sólo sus derechos, sino las claves políticas de una situación que le parece completamente injusta. Quizá por primera vez un hombre común parece discernir claramente que los reyes pretextan afrentas al honor del pueblo para promover guerras que sólo sirven para enriquecerlos y para aumentar su poder a costa del sufrimiento de sus vasallos.”
En la primera parte del discurso el orador se arroga el derecho de hablar en nombre del pueblo, del laos, no reconocido por la sociedad aristocrática, en presencia de los reyes, y él mismo utiliza una primera persona del plural cuando habla de “mujeres que te entregamos a ti el primero” o “fortalezas que tomamos”. Sin embargo poco después emplea una primera persona al hablar de la toma de un prisionero, prisionero que habría de servir para obtener un rescate que iría a parar al pabellón de Agamenón. Aunque nadie ha acusado aquí hasta ahora a Tersites de cobarde, él mismo parece dar relevancia a su participación en las acciones de guerra o, más bien, reivindicar su propia valentía. También pudiera ser que el uso de esa primera persona, que realza la emotividad de su discurso, encubriera un tú o un cualquiera de nosotros los aqueos, sin que ello significara una especial contribución por parte de nuestro pernituerto en la lid.
En la segunda parte hace Tersites algo todavía más grave, llama a la tropa a la defección, los invita a abandonar a su rey Agamenón para embarcarse en las naves rumbo a casa. Con este discurso nuestro orador pasa a convertirse en cabecilla de un motín que amenaza dar al traste con la Guerra de Troya, que recordemos está ya en su noveno año. Este movimiento sobrepasa todas las posibles iniciativas de un bufón al uso y hace peligrar la expedición de las mil naves. Por otro lado es en este preciso momento cuando Tersites saca a relucir su audacia y su valentía poniendo su destino en el tablero. Es cierto que sus críticas a la soberbia y la avaricia del rey de reyes no difieren mucho del discurso pronunciado por el airado Aquiles, quien se ha retirado de la lucha unilateralmente junto con su contingente militar en rechazo de la decisión de Agamenón de privarle de Briseida, esclava que le tocó en suerte del botín, lo que supuso todo un ultraje para el Pelida. Pero Aquiles tiene derecho a hacer lo que hace por dos razones de peso, la primera es que se trata del guerrero más valiente de entre los griegos y esto le otorga autoridad moral; la segunda es que él mismo es rey y semidiós, a lo que se suma que Aquiles es también el más hermoso de los griegos que acudieron bajo los muros de Ilión, y recordemos que en aquella mentalidad la belleza y la bondad caminaban de la mano (καλός es anfibológico en griego) en oposición a fealdad y maldad, que sería el caso de Tersites.
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Tersites no es, a pesar de sus esfuerzos retóricos por reivindicarse en lo referente a hazañas bélicas, ni lo uno ni lo otro. Ése será su error. Ése, y que su sedición fracasó.
En la última parte de su discurso Tersites no desecha la oportunidad de arremeter nuevamente contra Aquiles, tildándole de negligente cuando menos: (verso 241)
“οὐκ Ἀχιλῆϊ χόλος φρεσίν, ἀλλὰ μεθήμων”.
En donde se echa de ver esa vieja enemistad de que nos advertía poco antes el poeta “ἔχθιστος δ’Ἀχιλῆϊ μάλιστ’ἦν…”. (verso 220). Las cosas han llegado a un punto culminante y ahora comprobaremos si la jerarquía aristocrática y sus defensores son capaces de aplastar esta sedición en ciernes. La alocución final de Tersites ya no deja lugar para el diálogo. Es entonces cuando viene el discurso de Ulises en estilo directo que reproduzco a continuación: (versos 246-264)
“Tersites deslenguado (ἀκριτόμυθε), aunque seas un orador agudo, contente y no quieras tú solo contender con los reyes. Yo digo que no hay ningún hombre peor que tú (χερειότερον) de cuantos vinieron a Ilión con el Atrida. Así pues no deberías hablar teniendo a los reyes en la boca ni hacerles reproches y esperar así una ocasión para salir huyendo (aquí Ulises le acusa de cobardía, sugiere que lo que de verdad desea Tersites es salir huyendo de la guerra; “νόστόν τε φυλάσσοις reza el texto homérico, “mirar por el regreso” traduce Martínez, “μὴ βρῇς καιρὸ νὰ φύγῃς” traduce Pallis al neogriego, “ni acechar la ocasión para regresar” en versión de Crespo, y por último en versión inglesa de Graves “you should show less eagerness to raise the siege”).
Ni siquiera sabemos con certeza cómo se desarrollarán estos trabajos, si regresaremos bien o mal los hijos de los aqueos. Por lo tanto deja ahora de reprochar al Atrida Agamenón, pastor de pueblos, por el hecho de que los héroes aqueos le regalan muchas cosas; y tú hablas en el ágora insultándole, pero en verdad te digo, y esto se cumplirá: si te vuelvo a encontrar diciendo necedades como ahora mismo, que no vaya más la cabeza de Ulises sobre los hombros ni se me llame nunca más padre de Telémaco, si no te despojo de tu querida vestimenta, de tu túnica y de tu manto que cubren tus vergüenzas, y te dejo llorando en las rápidas naves tras haberte golpeado desde el ágora con vergonzosas heridas.”
Hasta aquí el discurso de Ulises. En él podemos deducir que la maledicencia de Tersites en relación con los reyes era cosa constante y conocida, pero la gota que colma el vaso es el discurso pronunciado en la asamblea. Ulises le llama lenguaraz y cobarde (así al menos entiendo yo “el peor hombre de cuantos vinieron a Troya” y el hecho de acusarle de estar deseoso de darse a la fuga). Poco después él mismo insiste en que el destino es un libro cerrado y que nadie sabe qué pasará, si regresarán a casa bien o mal. La ironía aquí estriba en que nosotros sí sabemos que el viaje de regreso de Ulises a Ítaca duraría muchos años y estaría lleno de tribulaciones. Después vienen las amenazas de golpearlo que en breve se cumplirán. Ulises recurre a la violencia para restablecer el orden, pues él es en efecto uno de los baluartes en que se sostiene el poder de Agamenón, junto con Néstor y Menelao, su hermano. Con todo, me parece a mí, se trata de un uso de la violencia controlado, como veremos a continuación.
En los versos 265-271 el poeta épico describe el castigo de Tersites a manos de Ulises, y en los versos 272-277 nos ofrece el comentario que dicho castigo suscita entre los guerreros allí reunidos:
“Así habló, y le golpeó con el cetro espalda y hombros. Éste se dobló, se le derramó una espesa lágrima. Una sanguinolenta hinchazón se le levantó en la espalda como consecuencia del dorado cetro; éste se sentó sobrecogido de miedo, doliose y con la mirada perdida se enjugó la lágrima. Los aqueos, aunque sorprendidos, se rieron de él a placer. Así le decía el uno al otro tras haberlo contemplado:
¡Ay, ay! Muchas cosas buenas ha realizado Ulises tomando la iniciativa con oportunos consejos y disponiendo la guerra. Pero ahora con mucho ha llevado a cabo lo mejor entre los argivos, haber detenido la palabra del infausto orador maledicente. Su ánimo (ἀγήνωρ arrogante/valiente) ya no le dejará nunca más insultar a los reyes con injuriosas palabras.”
Dicho y hecho. La amenaza de Ulises se ha cumplido y la sedición ha sido sofocada ipso facto gracias al uso de la fuerza. Tersites recibe el golpe y cae al suelo, no parece gritar ni proferir nada más, tan sólo una densa lágrima (θαλερὸν δάκρυ) es su respuesta al castigo que Ulises le ha infligido en presencia de todos. El verso 269 es de traducción complicada, veamos:
“ἀλγήσας δ’ἀχρεῖον ἰδὼν ἀπομόρξατο δάκρυ”
Me refiero al “achreion idon”, que puede significar:
- Que mira a sus compañeros y comprueba amargamente que su discurso no ha tenido el éxito esperado, que no ha podido ganárselos, y por tanto ve lo vano, lo inútil (a-chreion) de su acción.
- Que tiene la mirada perdida porque todavía está aturdido por el impacto del cetro.
- Que tiene la visión borrosa por las lágrimas y no ve bien.
Las diferentes traducciones con que cuento sobre mi mesa de trabajo me ofrecen estas soluciones: en primer lugar R. Graves: “threw a helpless glance around”. En óscar Martínez y Crespo: “y con la mirada perdida”. En la versión neogriega de Alexandros Palis: “Τοὔριξε μίσους μία ματιὰ καὶ σφούγγισε τὸ δάκρυ”, algo como “le arrojó una mirada de odio y se enjugó la lágrima”.
En los dos últimos versos nos encontramos con que los guerreros anónimos que han contemplado la “gesta” de Ulises, siempre según el rapsodo ciego, dicen de Tersites que tiene un “ánimo agenor” (θυμὸς ἀγήνωρ). Esta palabra clave aparece en la poesía homérica o bien como antropónimo, Agénor, el padre de Anténor, (o el padre de Dido y fundador de Tiro en la Eneida) o como adjetivo, significando “valiente, esforzado, bravo, osado”. El léxico de Kofiniotis dice:
Agenor: ἄγαν ἀνήρ, ἀνδρεῖος, εὔτολμος, epíteto de héroes y de pretendientes.
Así también el Bailly: viril, courageux, héroique.
Pero también dan una acepción negativa del término en el sentido de “arrogante”; así el Bailly nos indica fier, arrogant, y cita como ejemplo precisamente este verso de la Ilíada, el II 276; y el Kofiniotis dice que como reproche significa “ὑπερόπτης, αὐθάδης, ὑβριστικός” y cita como ejemplo un verso del canto primero de la Ilíada, el I 699.
En las versiones manejadas observamos en Crespo “arrogante ánimo”; en Martínez “su arrogante ánimo”; en Palis “ξεπαρμένος”. Por último Graves se aparta algo de la tónica general y escribe: “but his silencing of this chatterboy is by far the kindest service he has done us”, donde chatterboy significa “parlanchín, charlatán, cotilla, hablador.”
La palabra cuya etimología es “aner agan”, hombre en demasía, puede derivar en un exceso del valor que es el atrevimiento la temeridad, y de ahí provienen la arrogancia y la soberbia, es decir, considerar que uno es superior a los demás. Todo depende del grado o del contexto. Ahora bien, contra el parecer de la mayoría de los traductores de este pasaje a las distintas lenguas, yo sostengo una traducción valorativa, como “corazón valiente” o “alma valerosa”. Considero que Homero nunca juzga a ninguno de los personajes que trata, sino que antes bien los deja actuar para que el oyente del poema se haga una idea propia de su carácter ya a partir de sus palabras, ya a partir de sus actos, tanto más en este pasaje, en que el rapsodo recoge tan sólo un comentario que uno de los guerreros hace a un compañero. Así sucede por ejemplo con Helena, de quien Homero no dirá jamás una mala palabra, sólo en una ocasión se permite poner en boca de la bella espartana el insulto “perra”, pero es ella misma quien lo profiere, no el poeta. Tampoco de Paris escuchamos ningún reproche. ¿Por qué habría de ser así en el caso de Tersites? Es más, si quisiera denostar a este personaje, ¿Por qué habría escogido este término tan ambiguo que la mayor parte de las veces tiene un significado positivo? La traducción de agenor por arrogante o similares, ¿no será acaso una sanción transmitida por la crítica ya desde la propia Antigüedad que desde un punto de vista aristocrático zahería de esta manera a un enemigo de los reyes? Por último creo que sería difícil encontrar un nombre propio que viniera utilizándose como adjetivo también, si éste tuviera malas connotaciones en el sentido de temerario o arrogante: ¿quién querría poner a su hijo de nombre Agénor si así fuera?
No. Homero tampoco condena a Tersites. Ni lo juzga. Y nunca sabremos si acaso el cantor de Quíos no se sentiría en parte identificado con el feo Tersites en su actitud ante la realeza, él, que como es sabido, ganaba su pan recitando estos poemas, yendo de corte en corte en busca de su hospitalidad y elogiando siempre la virtud de las heroicas y semidivinas alcurnias de los aristócratas, en un tiempo otro al de la Ilíada, un tiempo de renacimiento de una clase media (la revolución hoplítica) que reivindicará un papel político e irá suplantando a la nobleza.
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GORGIAS
En uno de sus discursos socráticos nos presenta Platón la discusión habida en casa de Calicles entre Sócrates y Gorgias de Leontinos, el célebre sofista, acompañado de Polo de Agrigento, su joven aprendiz, y el propio Calicles de Atenas. El sofista sólo intervendrá al comienzo de la obra, pues había estado departiendo previamente a la llegada de Sócrates y estaba cansado. El objeto de la conversación era la finalidad de la retórica, y ya desde el primer intercambio de preguntas y respuestas rápidas, el método dialéctico más del agrado de Sócrates, Gorgias responde con mucha prudencia a las inquietudes de Sócrates, quien se preguntaba por el lugar de la moral en el arte de imponer nuestras propias tesis mediante discursos. Calicles tomará posteriormente la palabra para hacer un encomio del poder político ajeno a cualquier otra consideración. Lo reproduzco a continuación en traducción de Luis Roig de Lluis:
“Pero pienso en que los que escriben las leyes son los débiles y la gran masa, y teniendo sólo en cuenta lo que les puede interesar determinan lo que ha de ser digno de loa y lo que ha de merecer ser prohibido. Para amedrentar a los más fuertes, que podrían ir más allá de los otros e impedírselo, dicen que es feo e injusto aventajar en algo a los demás y que trabajar por hacerse más poderoso es hacerse culpable de injusticia, porque siendo los más débiles se consideran demasiado felices de que todos sean iguales, ya que ellos son los peores. Tal es la razón por la cual en el orden de la ley es injusto y feo el querer aspirar a más que la mayoría, y por esto se la ha dado el nombre de injusticia”.
Este discurso se sitúa en contra de la democracia, o de esa corrupción de la democracia que ha dado en llamarse demagogia ya por los antiguos politólogos, entre ellos Aristóteles, así como del igualitarismo. La dominación debe estar en manos de los más fuertes, según Calicles, porque es así como funciona la naturaleza. Después de este discurso no nos extraña que se suscite el nombre de Tersites en la deriva del diálogo, pues es de suyo situarlo entre los débiles, la gran masa y los hábiles oradores, enfrentado a los soberanos. Ante este discurso que entre otras cosas ensalza la figura de Arquelao, tirano contemporáneo de Macedonia, hombre despiadado cuya única obsesión ha sido detentar el poder usando de cualesquiera medios, Sócrates sostiene que, aun siendo ambas cosas malas, es mejor sufrir una injusticia que cometerla, en la idea de que el hombre que comete una injusticia se hace daño a sí mismo.
En el curso del diálogo Calicles, que teme incurrir en contradicción consigo mismo ante las preguntas de Sócrates, deja paulatinamente de participar en él. Hay en el ambiente una especie de premonición (que se habría de cumplir) de que un juicio contra Sócrates le acabaría costando la vida. Sócrates dice que nunca se valdría de las artes de la retórica para defenderse en un juicio cual séase, porque para él la retórica no es sino un tipo de adulación. Afirma a continuación que un hombre honrado y justo no debería temer a la muerte y finaliza el diálogo con un mito referido al juicio de la almas en el reino de Hades, juicio presidido por Minos, Éaco y Radamantis. Allí son condenados y torturados reyes y potentados cuales fueron Ticio, Sísifo o Tántalo para toda la eternidad. Transcribo el texto original de Platón en donde se menciona la figura de Tersites:
“Θερσίτην δέ, καὶ εἴ τις ἄλλος πονηρὸς ἦν ἰδιώτης, οὐδεὶς πεποίηκεν μεγάλαις τιμωρίαις συνεχόμενον ὡς ἀνίατον, οὐ γὰρ οἶμαι ἐξῆν αὐτῷ· διὸ καὶ εὐδαιμονέστερος ἦν ἢ οἷς ἐξῆν, ἀλλὰ γὰρ, ὦ Καλλίκλεις, ἐκ τῶν δυναμένων εἰσὶ καὶ οἱ σφόδρα πονηροὶ γιγνόμενοι ἄνθρωποι.”
En la traducción de Luis Roig de Lluis:
“En cuanto a Tersites y otros malvados de inferior categoría, ningún poeta los ha representado sufriendo los mayores suplicios, como un culpable de los incurables, sin duda porque no poseyeron todo el poder, por lo que tuvieron más suerte que los que pudieron ser perversos. Los más grandes criminales, querido Calicles, se forman de los que tienen en su mano toda la autoridad.”
Sócrates condena por tanto no sólo a Arquelao, sino también a otros políticos atenienses muy valorados como Milciades, Temístocles, Cimón o Pericles, puesto que no fueron capaces de hacer mejores a los atenienses. Sólo salva a Arístides.
Pues bien, en relación con Tersites, Platón no discute en absoluto el hecho de que fuera un malvado, un poneros, pero establece con todo una gradación en la escala de perversión que un hombre puede alcanzar, poniendo el valor más alto entre los varones con mando político. Aunque Platón no lo cite, se nos sugiere que Tersites es más feliz en el Hades que otros que han ostentado el mando como por ejemplo Agamenón. Este juicio de las almas en el reino de los muertos se nos antoja muy cristiano en tanto en cuanto destina a los varones honrados y justos a los Campos Elíseos (cielo) y a los malvados al Tártaro (infierno).
Se identifica en el diálogo lo bello como lo agradable y hermoso, y por el contrario lo feo como el dolor y lo malo, pero es curioso que quien afirme estas cosas sea alguien como Sócrates, calvo y de nariz achatada como un sátiro, universalmente reconocido como feo; (precisamente como el Amor, el hijo de Poro y Penía, que tendía hacia aquello que le faltaba: la belleza) Por otro lado Tersites, el feo por antonomasia, que debe su posición en el Hades al hecho de haber fracasado en su rebelión contra Agamenón, si supusiéramos que su motín hubiera triunfado, entonces sería peor que el mismísimo Arquelao, pues sumaría a su resentimiento, envidia y maledicencia, la detentación del poder.
Termino este apartado llamando la atención de que la figura de Tersites se encuentre citada precisamente en el diálogo que lleva por título Gorgias o sobre la retórica, el del más famoso y tremendo de los sofistas. Aunque el caldo de cultivo de los Tersites es la democracia, es posible que Platón viera en Tersites un sofista avant la lettre. Y sabida es la animadversión que el fundador de la Academia sentía hacia estos profesionales (tal vez con excepción de Protágoras) que tiñó ya para toda la posteridad el vocablo sofista de malas connotaciones.
EUFORIÓN DE CALCIS
Fue Euforión poeta helenístico del siglo III a. C., nacido en la isla de Eubea, con cuya obra se ha ensañado el tiempo de manera cruel. Fue muy estimado en Roma por la generación de los hoy llamados poetas preneotéricos y también por Catulo y Virgilio, que en sus versos 50 51 de la Bucólica X hace referencia al de Calcis en estos conocidos versos:
“Ibo et Chalcidico quae sunt mihi condita uersu
Carmina pastoris Siculi modulabor auena.”
En versión española, más o menos: ”iré y tañeré los cantos que he compuesto en verso calcídico con el caramillo del pastor siciliano”.
Las alusiones a Euforión y a Teócrito son evidentes. Por otro lado Cicerón se refiere a los poetas de la generación de Catulo como cantores Euphorionis, cantores de Euforión.
Pues bien, hay un fragmento que no se sabe localizar, el 136 de los scholia ad Iliadem (B 212) que reza:
“A Eneo, que se había despreocupado de la diosa Ártemis en cuanto a los sacrificios, la diosa airada le envió a su ciudad un jabalí. Contra este bicho acudió una expedición de los paladines de Grecia, visto que arrasaba el país como dice el poeta en el canto IX de la Ilíada. Entre ellos estaba también Tersites, quien, mostrando temor, abandonó el puesto de observación que le había tocado en suerte y se alejó a un lugar elevado en busca de salvación. Pero fue perseguido por Meleagro, quien le recriminó su acción, y cayéndose de un barranco quedó así, tal y como Homero nos lo representa. Lo refiere Euforión.”
En este relato se nos ofrece una visión del personaje sensiblemente distinta de lo referido por Homero en el canto II. Por un lado se nos cuenta a Tersites entre los héroes que asistieron a Calidón en pos del tremendo jabalí, lo cual presupone la nobleza de nuestro personaje, algo de lo que la Ilíada guarda silencio. Por otro lado el comportamiento poco heroico del personaje según Euforión también se silencia en Homero. Y por último, el origen de la fealdad o deformidad del guerrero se atribuye no al nacimiento, sino a la caída del barranco en esa misma cacería. Estos mismos datos serán empleados en el Elogio de Tersites de Libanio con objeto de ensalzar al personaje, y de paso suprimiendo todo lo relativo a su comportamiento pusilánime en el curso de la cacería.
Como colofón sólo me resta decir que el Tersites de Homero, que silencia todos estos rasgos negativos, es el mejor Tersites de los posibles, dotando al carácter del personaje una mezcolanza de elementos positivos y negativos que lo tornan ambivalente a nuestra mirada. Es presumible que los oyentes de los poemas homéricos de la Antigüedad dispusieran de toda esta información acerca de la biografía de Tersites por haber escuchado otros poemas del ciclo épico, cuando no la Etiópida de Arctino de Mileto, pero los lectores más o menos contemporáneos desconocemos todos esos datos, pues prácticamente Homero es lo único que se nos ha conservado de aquella épica griega arcaica.
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Santiago Blanco del Olmo
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