Una pintura de Timantes ¿Ingenio o perfidia? – Frederick A. de Armas

Una pintura de Timantes ¿Ingenio o perfidia? – Frederick A. de Armas

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Una pintura de Timantes ¿Ingenio o perfidia?

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Sacrificio de Ifigenia [Siglo I d.C. – Fresco encontrado en la Casa del Poeta Trágico, en Pompeya, y que es, probablemente, una copia de la célebre pintura de Τιμάνθης ο Κύθνιος / Timante de Kythnos, pintor griego del siglo IV a.C. – Actualmente se halla en el Museo archeologico nazionale di Napoli – Nápoles – Italia]

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Una pintura de Timantes ¿Ingenio o perfidia?

De entre las muchas pinturas de la antigüedad, hay una que viene muy al caso hoy día. Esta pintura trata de un elemento histórico-legendario que ya se narraba repetidamente antes de que el pintor imaginara su dibujo, pero fue el cuadro que transformó el evento en algo nuevo, significativo; algo que encubría verdades, algo que nos delataba. De tales acusaciones, intentaremos desviarnos, pero no del todo.

Tras él, en el fresco de Pompeya, parece que encontramos a Menelao. Eso sí, se ve más triste que Calcas. Quizás teme encontrarse en Troya con su esposa Elena que se fugó con Paris. ¿La quiere maltratar?  ¿la quiere volver a amar? ¿solo quiere venganza? Menelao mira a Calcas buscando en sus facciones la certeza de la profecía. Pero todo lo que ve es su asombro a lo que está por ocurrir.  Junto a Menelao, separado por la sufriente princesa, está Ulises, igualmente triste. Mira al rey de Micenas y líder de los Aqueos, el cual esconde su faz. O sea que, en una esquina, Agamenón, padre de Ifigenia, debería mostrar tal grado de emoción que el pintor no pudiese dibujarlo. El ingenioso Timantes, comprendiendo que la imaginación de los que miran pueden crear para cada uno de ellos una imagen más terrible que la suya, mucho más memorable de lo que él puede dibujar, lo cubre con un velo o manto.

Recalquemos. Los retóricos pensaban que el cuadro representaba las cuatro modalidades del dolor, comenzando con el leve sufrimiento de Calcas a la demoledora angustia de Agamenón, padre de Ifigenia. La pintura se recordaba por el acto ingenioso de representar lo inefable, lo que es imposible de representar, a través de un velo. No importa lo que sintiera Ifigenia; no importa que era ella la sacrificada no importa que cuatro hombres que tanto la querían eran cómplices de su muerte. Lo que importaba era la retórica del dolor, del dolor masculino.

Pero esta descripción solo comienza a desvelar el sentido de la obra; solo comienza a mostrar los desaciertos de Timantes, que con una burlona pincelada se olvida de Ifigenia.  Hay que recordar la prehistoria de este evento. Agamenón, jefe de la expedición griega a Troya estaba listo para zarpar con todas sus tropas a esa ciudad que iba a destruir, pero no había manera de escapar Áulide, poblado portuario en el estrecho de Euripo, frente a la isla de Eubea. Los vientos o se enfurecen o se silencian. En tierra, los soldados se enferman de una extraña plaga. Parece que se van a rebelar contra su propio capitán Agamenón, ya que este no parece ser el elegido por los dioses. Desesperado, Agamenón va en busca del gran sacerdote pidiéndole que le ayude en momento tan desastroso. Calcas, tras consultar a las fuerzas mayores, le explica al general que ha ofendido a la diosa Diana ya que ha ido a cazar un ciervo en un bosque dedicado a ella. Ya sea Calcas, ya sea la misma diosa, ya sean las mentiras del campamento, todos claman por un sacrificio. No podemos asegurar que tal decreto proviene del maligno sacerdote, pero sabemos de su boca que pide la muerte de la hija de Agamenón.

Pero queda otro secreto inscrito en la pintura. Cicerón y Quintiliano hablan del dolor de los cuatro hombres, pero ¿cómo sabemos que su mayor emoción es el dolor?  Puede que lo dibujen en los ojos puede que lo encierren tras un velo. Pero el secreto del cuadro es que nunca sabemos lo que esconde el corazón humano; nunca sabemos lo que esconde el corazón de Agamenón. ¿Por qué presencia velado la muerte de su hija? ¿Esconde su cara porque siente dolor o porque siente vergüenza? ¿O es que esconde su secreto? ¿Quiere ser el mayor poeta trágico del mundo, imponiendo su visión ante todos? Quiere ser el noble conquistador. Mata a su hija para así poder matar a miles de guerreros inocentes. ¿O esconde algo más? ¿Una conspiración de hombres que trepan las paredes para alcanzar una gloria pesarosa? No lo sabemos. Tal vez su corazón es puro, es puramente heroico, sin mancha de ambición y de poder.

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Frederick A. de Armas

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Notas al texto

Categories: Crítica Literaria

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