A Rafael Guardiola Iranzo, «in memoriam» – XVIII – Buenas nietzsches, Rafa – VII – Otras voces, otros ámbitos – Susana Cantero Garrido recita un parlamento de «La dama duende», de Pedro Calderón de la Barca y de Henao y el soneto «Amor constante, más allá de la muerte», de Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos
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A Rafael Guardiola Iranzo, in memoriam – XVIII – Buenas nietzsches, Rafa – VII – Otras voces, otros ámbitos – Susana Cantero Garrido recita un parlamento de La dama duende, de Pedro Calderón de la Barca y de Henao y el soneto Amor constante, más allá de la muerte, de Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos
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A Rafael Guardiola Iranzo, in memoriam – XVIII
Buenas nietzsches, Rafa – VII
Susana Cantero Garrido recita un parlamento de La dama duende, de Pedro Calderón de la Barca y de Henao y el soneto Amor constante, más allá de la muerte, de Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos
I
Don Luis
La luz más hermosura y pura,
De quien el sol la aprendió,
¿Huye porque llego yo?
¿Soy la noche por ventura?
Pues perdone tu hermosura
Si atrevido y descortés
En detenerte me ves;
Que yo, en esta contingencia,
No quiero pedir licencia,
Porque tú no me la des.
Que, estimando tu rigor,
No quiere la suerte mia
Que áun esto, que es cortesía,
Tenga nombre de favor.
Ya sé que mi loco amor
En tus desprecios no alcanza
Un átomo de esperanza;
Pero yo, viendo tan fuerte
Rigor, tengo que quererte,
Por sólo tomar venganza.
Mayor gloria me darás,
Cuando más penas me ofrezcas;
Pues cuando más me aborrezcas,
Tengo de quererte más.
Si desto quejosa estás,
Porque con solo un querer
Los dos vengamos á ser,
Entre el placer y el pesar,
Extremos, aprende á amar
O enséñame á aborrecer;
Enséñame tú rigores,
Yo te enseñaré finezas;
Enséñame tú asperezas,
Yo te enseñaré favores;
Tú desprecios, y yo amores;
Tú olvido, y yo firme fe;
Aunque es mejor, porque dé
Gloria al amor, siendo dios,
Que olvides tú por los dos;
Que yo por los dos querré.
[La dama duende, Jornada II, Escena IV]
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II
Amor constante, más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.
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Susana Cantero Garrido

