‟[…] Das aber bedeutet: die Entzauberung der Welt… ” / ‟[…] Pero esto significa el desencantamiento del mundo… ”, dijo Max Weber
***
***
‟[…] Das aber bedeutet: die Entzauberung der Welt… ” / ‟[…] Pero esto significa el desencantamiento del mundo… ”, dijo Max Weber
El sociólogo Max Weber dijo que el mundo había perdido su encanto, Walter Benjamín dijo que la obra de arte había perdido su aura porque podía reproducirse técnicamente.
Pero la obra sigue teniendo su aura, porque ésta no radica en su originalidad material sino en la originalidad de su forma, podemos reproducir millones de veces la idea pero esa idea seguirá siendo única.
A alguien se le ocurrió esa imagen y esa imagen lleva la impronta de ese Alguien.
Lo mismo ocurre con el mundo, podemos fabricar infinidad de cosas y aumentar el mundo fabricado pero la naturaleza que sigue ahí no la hemos fabricado. Y resurge por todas las esquinas.
Y podemos creer que con nuestra técnica reproducimos la naturaleza, que los procesos naturales son similares a los técnicos (el mecanicismo archisabido que nos regaló Descartes), pero cuando un científico dice que ha fabricado una célula lo ha hecho en unas condiciones generales del universo que él no ha fabricado.
Es como si uno se pone encima de una gallina y la coloca en una mesa y afirma que ha creado un huevo, el huevo todavía lo ha creado la gallina.
Uno hace un diagrama del movimiento de una pierna y luego cree que el movimiento es consecuencia del diagrama y no de la pierna.
Detrás sigue el misterio indestructible, y el mundo está inspirado, mantiene su encanto si se lo mira bien, otra cosa es que uno se haya vuelto miope.
También el que se queda sin vista puede preguntar por qué han apagado la luz, como ocurre en una película de Cantinflas, pero la luz sigue estando ahí, y el encanto del mundo también, y su vibración.
Y su poesía, el mundo, como decía Camus, está en esos crepúsculos en que el corazón se dilata y no en fórmulas matemáticas.
El científico puede ponerse a analizar a la mujer encantadora y reducirla a fórmulas matemáticas. Pero cuando la mira no puede dejar de entusiasmarse. Y tendrá que utilizar algo más que fórmulas para conectar con ella.
También ciertos críticos se ponen a desmenuzar poemas de Rilke o cuadros de Tiziano. Y luego se preguntan de donde viene su encanto o afirman que lo ha perdido. Pero cuando se pongan a leer el poema desprevenidos volverán a sentirlo.
Así ocurre con el mundo. Hay que saber verlo y conectar con él, no mirar siempre a través de las mallas de la ciencia. Los lagos de Finlandia siguen siendo lagos de Finlandia.
Y no sé por qué si los miro y me siento pleno esa percepción es menos verdadera que la que los reduce a protones y neutrones.
La Luna sigue teniendo su encanto y sugestión, a mí qué coño me importa que me hablen de distancias, de radiaciones, de movimientos de traslación.
Su imagen todavía es bella y apasionante, las imágenes son más verdad que su descomposición en elementos y datos.
Digamos entonces que el encanto del mundo está tapado, que nos negamos a verlo. Ponemos una reja delante de la ventana y vemos la reja y no lo que está detrás de la ventana. Nosotros mismos ponemos una mirada sin encanto y decimos que es el mundo.
Como si alguien pusiera una armazón de hierro encima de una mujer y dijera: qué fea se ha vuelto esa mujer.
Eso mismo decía Schopenhauer en Über die Wille in der Natur [Sobre la voluntad en la naturaleza]: nosotros mismos ponemos cosas encima de la naturaleza y luego nos asombramos de lo que hemos puesto
Nos volvemos insípidos y creemos que el mundo es insípido.