Algunos aforismos sobre Modernidad y Tardo-modernidad – Luis Roca Jusmet

Algunos aforismos sobre Modernidad y Tardo-modernidad – Luis Roca Jusmet

Algunos aforismos sobre Modernidad y Tardo-modernidad

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Algunos aforismos sobre Modernidad y Tardo-modernidad

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La modernidad supone una emancipación del sujeto de las comunidades tradicionales, es decir del peso de los grupos particulares. Se constituye entonces como un sujeto desde su universalidad y desde su singularidad. Para ello el sujeto se vincula a un saber objetivo, que es el de la ciencia y a un derecho universal. También a la universalidad del dinero. Pero queda la verdad del sujeto. Esta verdad de cada sujeto singular se investiga desde el psicoanálisis. El arte pasa a constituirse también como una expresión de esta subjetividad singular. El papel de la filosofía se vuelve ambiguo, fronterizo. Es la de un sujeto que quiere trascender su singularidad.

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La modernidad europea comienza con dos concepciones del sujeto radicalmente distintas. La de Descartes y la de Spinoza. La de Descartes es la de un sujeto pensante que tiene un cuerpo y que puede dominar la naturaleza. Tanto el cuerpo como la naturaleza son mecánicos. Es un proyecto faústico en el que el poder del sujeto humano no tiene límites. La tecnología actual es su consecuencia, incluso el mundo virtual telemático, la biotecnología, la inteligencia artificial y los proyectos de transhumanismo. La segunda es la de Spinoza. El sujeto es la idea de un cuerpo con idea de sí mismo. El cuerpo es el modo singular de la naturaleza como expresión de Dios. El sujeto humano ha de saber que no es «un imperio dentro de otro imperio» ( el de la Naturaleza). Y de saber y respetar sus límites. Si hubiera ganado la concepción del sujeto de Spinoza estaríamos, sin duda, en un mundo mucho más equilibrado que el que estamos.

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Hay que tejer nuevas comunidades basadas en singularidades compartidas, en una idea de lo común a partir del reconocimiento y el respeto a la subjetividad del otro. Pero no desde identidades que se basan en la semblanza interna de la comunidad que marca la diferencia con los otros, sino comunidades cívicas heterogéneas basadas en la pluralidad, donde todos los sujetos tenemos aspectos comunes y diferentes con los otros. Justamente comunidades no identitarias. La cuestión es como transmitir esto como adultos a las generaciones posteriores. Solo es posible desde la transmisión de la lengua y la ley básica que constituyen un orden simbólico.  Y, como decía Nietzsche, enseñar a mirar, a leer, a hablar, a pensar y a escribir. Lo que los antiguos llamaban formar el carácter. Con una memoria amplia y abierta que permita proyectarse hacia el porvenir como un adulto emancipado éticamente y comprometido políticamente.

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Las nuevas comunidades que debemos ir tejiendo pienso que han de ser cívicas y no identitarias. Cívicas porque deben basarse en la idea de ciudadanía, que es una de las grandes ideas que ha elaborado la Humanidad y que la modernidad le ha dado un sentido universal. Esto quiere decir que lo que hay que transmitir en la educación son referentes, normas y valores que tengan que ver con esta idea democrática de sociedad plural (en cuanto a las elecciones singulares) pero basada en compartir lo que nos compete a todos Deben estar abiertas al pluralismo cultural y no ligadas a identidades culturales. Con vínculos desde lo singular y no desde lo grupal. Esta es, en definitiva, la idea de nación cívica. Los afectos y deseos, por supuesto claves, es importante que se canalicen no desde lo identitario (que siempre es sectario) sino desde otros ámbitos ( el arte, el amor, la amistad, la espiritualidad). También con lo político, pero con el esfuerzo por una sociedad mejor para todos.

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El sujeto de la tardomodernidad es un sujeto que tiene que sobrellevar la fatiga de ser uno mismo. Frente a la falta de un ideal que nos estructure a nivel simbólico necesitamos una imagen de nosotros mismos que nos sostenga en una identidad. Pero esta falta de idear también nos lleva a ir buscando de manera compulsiva los objetos que den satisfacción a nuestras pulsiones. Entre la fijación narcisista y los objetos que nos ofrece el mercado vivimos nuestras vidas aceleradas y saturadas de estímulos donde lo virtual cobra cada vez más protagonismo. Cada vez parece más difícil salir de este círculo, pero hay que hacerlo. Una vida verdadera sería esto, encontrar una manera de subjetivación, de relación con nosotros mismos, con los otros y con el mundo desde una elección ética singular. Ni con las identificaciones (con una imagen, con un grupo) ni con los objetos vamos a encontrar una brújula que oriente nuestra vida. El sujeto de la tardomodernidad es un sujeto que tiene que sobrellevar la fatiga de ser uno mismo. Frente a la falta de un ideal que nos estructure a nivel simbólico necesitamos una imagen de nosotros mismos que nos sostenga en una identidad. Pero esta falta de ideal también nos lleva a ir buscando de manera compulsiva los objetos que den satisfacción a nuestras pulsiones. Entre la fijación narcisista y los objetos que nos ofrece el mercado vivimos nuestras vidas aceleradas y saturadas de estímulos donde lo virtual cobra cada vez más protagonismo. Cada vez parece más difícil salir de este círculo, pero hay que hacerlo. Una vida verdadera sería esto, encontrar una manera de subjetivación, de relación con nosotros mismos, con los otros y con el mundo desde una elección ética singular. Ni con las identificaciones.

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El sujeto neoliberal es un sujeto que funciona como un empresario de sí mismo. Él es a la vez el sujeto-empresario y el objeto-empresa. Construye un yo ficticio que se relaciona a sí mismo como una propiedad. Esta propiedad son unos recursos en los que invierte y obtiene unos resultados. Es casi un sujeto virtual porque niega su corporalidad, su experiencia, su inconsciente y su deseo. Es decir, niega su subjetividad. Es un sujeto sin atributos. Sujeto vacío del mercado. Puro cálculo. Con un capital material y un capital inmaterial que es la información. Hay que pensar un sujeto que recupere su verdad subjetiva.  Este sujeto es corporal, capaz de elaborar una experiencia y también de reconocer que hay la otra escena de un inconsciente y del deseo que deriva de él. Este es el sujeto que quiere vivir una vida verdadera y sabe que es una apuesta ética y política. Sabe también, como ya planteó Heidegger en su texto «Serenidad» que vive en el mundo de la técnica pero que debe mantener una distancia, que no debe dejarse atrapar por él. Utilizar lo virtual sin quedar atrapado en su mundo.

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El sujeto neoliberal es el que funciona como una empresa. Es el empresario que invierte y gestiona su empresa para sacar unos beneficios. El empresario es una ficción que tiene efectos simbólicos porque nos lo creemos. Es este yo que hace ya casi tres siglos David Hume nos mostró que era algo que construíamos desde la imaginación y la memoria (hoy añadiríamos desde la lengua). Lo llamamos Yo. Este yo gestiona su capital para conseguir el máximo de beneficios. ¿Qué recursos? El capital económico (dinero, patrimonio, ingresos), el capital social (sus redes de influencia, estatus), su capital simbólico (sus competencias) y su capital erótico (su imagen). Invierte (dinero, tiempo, trabajo) en aumentar su capital. Es la lógica absoluta del capitalismo en la que uno se mercantiliza a sí mismo y se somete a la lógica del aumento indefinido de capital. Es el nuevo superyo. No creo que sea la felicidad como se dice ahora. Es el Otro el que nos somete a esta lógica. El Otro es el Mercado. Aquí encontramos el placer que nos da este éxito, el ser reconocido por este Otro que es el Mercado. Combinado con la satisfacción a través de los objetos que nos ofrece este mismo Mercado. El sujeto neoliberal busca reconocimiento y está sujeto a este Otro que lo domina que le exige ser un ganador. Y quien pierde en esta empresa se convierte en un deshecho. Y quien gana está alienado en este Otro del Mercado. Este es el círculo vicioso del que hay que salir.

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Con el dominio de la virtualidad el cuerpo deja de ser aquello que se experimenta y que se reconoce en una imagen de sí mismo. Pasa a ser una imagen que se transmite por una pantalla. Con lo cual la autoimagen con la que nos identificamos y que proyectamos para ser reconocidos está cada vez más descorporizada. Pero esto no es un efecto de la aparición de la telemática, que lo único que ha hecho es profundizar y acelerar algo que ya estaba en marcha. Es la caída de los ideales y la búsqueda de satisfacción en el mercado global de los objetos y de referentes en un yo saturado de imágenes. No solo se pierden los ideales, también lo que queda fuera de su constitución, es decir la falta y el deseo que genera. Solo queda el goce de los objetos y la fatiga narcisista de querer ser uno mismo. Pero lo singular viene de elegir un camino y el único que puede elegirlo es el cuerpo subjetivado, no un yo virtualizado.

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Luis Roca Jusmet

Categories: Aforismos, Filosofía

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