«Esta piedra es tu lengua», de Juan Malpartida – Una reseña de Sebastián Gámez Millán
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Esta piedra es tu lengua, de Juan Malpartida
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Esta piedra es tu lengua, de Juan Malpartida
Fiel a sí mismo, como algunos de sus principales interlocutores poéticos –pienso en Octavio Paz, pienso en José Ángel Valente–, Juan Malpartida (Marbella, 1956) experimenta y muda de piel en cada obra, explorando nuevas formas de expresión. Nietzsche anotó en uno de sus aforismos que “la serpiente que no muda de piel está muerta”, advirtiendo la incesante metamorfosis con la que se desliza la vida de todo cuanto nos rodea.
El último poemario publicado por Juan Malpartida, como no puede ser de otro modo, guarda un aire de familia con Huellas, que reunía su poesía de 1990 a 2012, y Río que vuelve (2020), del que ya nos ocupamos. Al fin y al cabo se trata del mismo autor. Pero hay aspectos estilísticos que subrayan diferencias notables, como una mayor alianza entre el verso y la prosa, mayor desnudez y naturalidad, en la estela anunciada por Nietzsche, Unamuno, Juan Ramón Jiménez o Fernando Pessoa. Como aclara en una nota al final, el título, Esta piedra es tu lengua, posee un sentido antropológico, pero a su vez está vinculado a la exploración poética, a la interminable búsqueda y a los hallazgos de la dimensión creadora del lenguaje.
Estructurado en tres partes, “Sirga”, “Argumento” y “Estuario”, la primera se refiere según el Diccionario de uso de María Moliner a: “Cuerda que sirve para tirar de las redes, para tirar de una barca, por ejemplo desde la orilla, etcétera”, y es la parte más extensa, compuesta de XXXI poemas en prosa, próximos a la poesía del silencio. El VIII es un ejercicio espiritual, en la línea de lo conceptualizado por Pierre Hadot, con el que se interpela para vivir el presente y que una falsa idea de lo que es la muerte no le robe el tiempo, la materia que nos constituye: “Ni desdice ni contradice ni maldice. No le otorgues dones misteriosos: no hay muerte, sólo el acto de morir, y no tocará un acento de todo lo que fue bueno; no le entregues ni uno sólo de tus instantes”. Al menos desde Spinoza sabemos que toda meditación sobre la muerte lo es en realidad sobre la vida, y que no hay crítica que no lo sea sobre los usos del lenguaje con los que formulamos el mundo.
En el siguiente, IX, traza un arte de vivir: “Palpar el hueco que forja la espera. / Observar a presencia de todo lo que falta (…) Atender los cuerpos cotidianos (…) No agitar la nostalgia (…) No te dará futuro ni salvará tu hacienda, / sin embargo, esta loca tarea de contrarios / no envilece los días ni alarga las noches, / y es un buen caldo para cualquier guiso”. Sin embargo, si tuviera que quedarme con sólo uno de estos poemas de “Sirga”, elegiría XVIII, otro ejercicio espiritual en el que se concilia un arte de vivir el presente:
“Este instante sin camino es perfecto. No pidas explicaciones, no busques entre los recovecos callejeros y la línea del cielo, a dónde vas. No lo asiste la razón ni el cumplimiento. No lo mueve su contrario, imbuido de negaciones. No quiere salvarse. No te salvará. Su sonrisa sin futuro te comprende”.
La segunda parte, “Argumento”, se compone de X poemas. Uno de los hilos conductores del poemario es la metapoesía, el ejercicio de interrogarse por medio de la poesía por la esencia de la poesía. En ello, como en el uso de ciertas sintagmas (“suprema ficción”), me llevó a pensar en la influencia de Wallace Stevens, aquel que en The Man with the Blue Guitar (El hombre de la guitarra azul) escribió: “Poetry is de subject of the poem” (“La poesía es el tema del poema”). Según Malpartida “La poesía no es la moral ni un manual de utopías, sublimes o simétricas. Su canto no te dará un segundo de vida después de la vida, ni detendrá la rueda de las constelaciones, tampoco invertirá tus ahorros ni blindará tu identidad (…) La poesía es sólo el viento cuando dices el viento. Es sólo el sendero de todo lo que vuelve”.
Por último, “Estuario” se compone de cinco poemas. Al comienzo hablamos de una concepción del espacio-tiempo a la manera de Heráclito en continuo devenir. Pues bien, a juzgar por algunos de los versos del último poema del conjunto, “Hablado”, se diría que se encuentra en consonancia con la del autor del libro:
“Hay algo en el sentido de lo que suena que juega con los viejos átomos de Epicuro y las extensas praderas de galaxias en el oleaje del cosmos. Los dedos no visibles del azar dejan su huella en el presente. No hay piedra angular, todo es río, verde tejido, ritmo que se renueva. Quien juega se distrae, y en toda distracción hay un poco de eternidad”.
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Sebastián Gámez Millán
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Nota
Juan Malpartida. Esta piedra es tu lengua. Vaso Roto [Poesía], Madrid, 2024. ISBN: 978-84-19693-55-6 .
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