La inefabilidad del arte – María Jesús Pérez Ortiz
Overview
La inefabilidad del arte
***

***
La inefabilidad del arte
Lo inefable se expresaría a través de diferentes sistemas sígnicos como la poesía, la música o, simplemente, el silencio. Pero lo inefable a través de la expresión literaria se agudiza en casos muy determinados como en la mística, en la literatura de carácter visionario o incluso también en la escritura de creación romántica o posromántica. De ahí que para la expresión de lo inefable se recurra al símbolo y a la alegoría. Representación de lo abstracto, de la esencia, de realidades ignotas que no conocemos y apenas sospechamos…, como diría Rubén Darío en su conmovedor poema “LO FATAL”: Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, /y más la piedra dura, porque ésa ya no siente, /que no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, /ni mayor pesadumbre que la vida consciente. // Ser y no saber nada (…) / Y el espanto seguro de estar mañana muerto, / y sufrir (…) por lo que no conocemos y apenas sospechamos, (…) / Y no saber adónde vamos, / ¡ni de dónde venimos!…
Las intuiciones inefables sanjuanistas se plasman en imágenes. Recordemos aquella Soledad Sonora del Alma, donde el silencio suena. En plenitud. Del mismo modo podemos apreciar en la ensoñación romántica un estado similar de conciencia. Veamos la presencia de lo onírico en la Rima LXXV de Bécquer: ¿Será verdad que, cuando toca el/ sueño, / con sus dedos de rosa, nuestros ojos, / de la cárcel que había huye el espíritu / en vuelo presuroso? (…) // Yo no sé si ese mundo de visiones/ vive fuera o va dentro de nosotros. / Pero sé que conozco a muchas gentes/ a quienes no conozco.
Ensoñación a la que recurre Bécquer como material de creación poética, siempre en la frontera de lo irracional. Todo llega a un límite que sólo se puede expresar a través de ese “instante” mágico e irrepetible de la inspiración. Es “La eternización de lo momentáneo” que diría el poeta de los universales del sentimiento, Antonio Machado. A través de los poetas se opera la revelación del mundo interior y se reinventa la concepción platónica del poeta como médium. La palabra poética como visión o revelación, como símbolo de la Verdadera Verdad. Concretamente Baudelaire define al poeta como un traductor del lenguaje del universo. Lo inefable, asimismo, se asocia con la búsqueda de la Belleza Absoluta. El ideal de la poesía es sacral donde el sonido y el silencio se cargan de sentido, representando, en suma, una victoria sobre el azar y la muerte. Recordemos, a tal efecto, el poema de San Juan de la Cruz: Noche oscura del alma: En una noche oscura, / con ansias en amores inflamada/ ¡Oh dichosa ventura! / Salí sin ser notada, / estando ya mi casa sosegada…
Fueron los románticos como Novalis, Hoffman, quienes mejor captaron la afinidad entre música y literatura y la subordinación de la segunda a la primera. Para ellos el músico es el arquetipo más perfecto del creador porque la música a diferencia del arte de la palabra o de las artes plásticas, constituye el lugar en que el artista está más cerca de las raíces de la energía que impulsa a crear y de los estratos más profundos de la psique. El silencio como forma máxima de expresión: La soledad sonora, En una noche oscura…
A la poética del silencio han contribuido poetas como Hölderlin, Rimbaud, Rilke, Kafka, Beckett…Poética del silencio, del sonido del cosmos, de la nada, del vacío de la existencia. ¿Tal vez, nos acercamos en ese poema sin palabras, en ese poema del silencio al nihilismo de la existencia? A veces el lenguaje se convierte en portavoz de la propia crisis existencial del poeta o bien a la “retórica suicida del silencio”. Sería, en este último caso, la expresión del poema desde la hoja en blanco del texto, desde el vacío y la ausencia. El límite funciona como frontera de lo que está más allá, un lugar donde el silencio y el misterio ha desplazado a la palabra, y donde todo ello corresponde a un lenguaje irracional que es también el de los místicos. Hay que recurrir para descifrarlo a un lenguaje superior, a un lenguaje paradójico por cuanto hablan desde el silencio. El símbolo, como ya hemos señalado, se erige como instrumento fundamental para la interpretación del límite, de la frontera que nos separa del misterio, además, posee la capacidad de vincular presencia y ausencia, finito e infinito, hasta elevarnos a las altas regiones del espíritu, donde habita el SER.
Nosotros somos seres creados que no tenemos en sí la razón de nuestra propia existencia, de ahí nuestra contingencia, nuestra finitud y nuestra angustia existencial. Recordemos el ejemplo de “Ser y no Ser” (Hamlet); “La vida es sueño” de Calderón…Grandes preguntas existenciales que no tienen respuesta, sólo un silencio infinito. De hí surge la convicción de la insuficiencia del lenguaje, de la inefabilidad del sentido en la literatura-tal como proclaman tanto Dante como San Juan de la Cruz-, además de la insistencia de que el texto se manifiesta desde el silencio y el vacío. Así, Juan Ramón Jiménez, otro poeta de lo inefable, intenta llegar a la esencia, a la poesía desnuda: “¡No la toques ya más que así es la rosa!”. Poesía pura, metapoesía: “Inteligencia, / dame el nombre exacto de las cosas!”.
Según el profesor Garrido Domínguez, la categoría de lo inefable es inseparable, en algunos casos, de lo sublime-la mística religiosa o laica es un buen ejemplo- y en otros de las preguntas rodeadas de silencio y de misterio que siempre acucian al ser humano: ¿Quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿adónde voy?… Recordemos esa gran verdad existencial becqueriana en su estremecedora Rima LXVI: ¿De dónde vengo?… El más horrible y / áspero / de los senderos busca; / las huellas de unos pies / ensangrentados/ sobre la roca dura; / los despojos de un alma hecha jirones / en las zarzas agudas, / te dirán el camino / que conduce a mi cuna. // ¿Adónde voy? El más sombrío y triste / de los páramos cruza, / valle de eternas nieves y de eternas / melancólicas brumas; / En donde esté una piedra solitaria / sin inscripción alguna, / donde habite el olvido, / allí estarámi tumba.
El poeta se plantea las tres grandes preguntas existenciales: qué hago yo aquí…, qué sentido y qué propósito tiene mi existencia…Creemos que este es el gran tema de la dignidad humana, la capacidad que tenemos de responder a esa pregunta. Nosotros somos una expresión directa de la naturaleza y tener esa capacidad de tocar la inteligencia creativa de la naturaleza y darnos cuenta de cómo la naturaleza se comprende a sí misma a través de la experiencia profunda que podamos realizar con esa mirada interior hasta la esencia de nuestra fisiología y descubrir que ese campo de energía universal que es la responsable de toda existencia visible e invisible en el Universo, creemos que esa comprensión realiza el propósito de la vida humana. Todo ello tiene que ver fundamentalmente con su origen, destino y papel sobre el devenir de las horas, con su papel sobre la tierra, además del amor. Indiscutiblemente, esas inquietudes acucian a la conciencia del ser humano. Esos contenidos son los más reacios a dejarse domesticar por el lenguaje y para los que reclaman una expresión a través de vías paradójicas como el silencio, el vacío y la ausencia. Para la expresión de lo inefable el lenguaje resulta insuficiente, pues se trata de un único problema: el de cómo hablar de aquello de lo que, en sentido estricto, no se puede hablar, es de naturaleza INEFABLE.
La literatura y más concretamente la poesía representa-como el lenguaje, pero en un nivel superior-una lucha continua contra el vacío y el sin sentido y un gran esfuerzo por iluminar zonas oscuras para el conocimiento racional, de ahí la dicotomía unamuniana RAZÓN Y FE. Conflicto trágico entre la búsqueda racional y el deseo pasional de inmortalidad (fe/sentimiento). Esa agonía existencial unamuniana está fielmente reflejada en sus ensayos La agonía del cristianismo y El sentimiento trágico de la vida. RAZÓN Y FE deben combatirse mutuamente. La Razón intenta demostrar que la inmortalidad es absurda, mientras que el sentimiento (fe) se resiste a aceptar la muerte definitiva. En su obra, la fe a menudo tiene más fuerza vital que la razón, pues la vida es el “ansia de inmortalidad”. Mientras la razón dice no, el corazón dice sí.
Veamos en un poema la rebeldía unamuniana y sus ansias de infinitud: PARA DESPUÉS DE MI MUERTE: … ¡Cuando yo ya no sea, / serás tú, canto mío! // ¡Tú, voz atada a tinta, / aire encarnado en tierra, / doble milagro, / portento sin igual de la palabra, / portento de la letra, / tú nos abrumas! // ¡Y que vivas tú más que yo, mi canto! / ¡Oh, mis obras, mis obras, / hijas del alma! / Por qué no habéis de darme vuestra/ vida? ¿Por qué a vuestros pechos/ perpetuidad no ha de beber mi boca? / (…) Oye la voz que sale de la tumba/ y te dice al oído / este secreto: “¡Yo ya no soy, hermano!” / Vuelve otra vez, repite: / “¡Yo ya no soy, hermano! / Yo ya no soy; mi canto sobrevíveme/ y lleva sobre el mundo/ la sombra de mi sombra, / mi triste nada” // ¿Me oyes tú, lector?, yo no me oigo, / y esta verdad trivial, y que por serlo / la dejamos caer como la lluvia, / es lluvia de tristeza, / es gota del océano/ de la amargura. // ¿Dónde irás a pudrirte, canto mío? / ¿En qué rincón oculto/ darás tu último aliento? / ¡Tú también morirás, morirá todo./ Y en silencio infinito /dormirá para siempre la esperanza!
Como hemos visto en el poema las preguntas anhelantes de un místico agnóstico como don Miguel de Unamuno no van a tener respuesta, de ahí su angustia existencial: Querer creer y no poder creer, creer, creer…Aunque la voluntad de creer, ya es casi una creencia.
Hay que llenar de silencios más que de vacíos la inefabilidad del arte, es el gran aliado de la literatura en aquellos momentos en los que el lenguaje resulta insuficiente. Ahí es donde el silencio se vuelve elocuente e ingresa en el ámbito de lo inefable, ahí brilla la capacidad sugeridora del lenguaje y donde lo intuitivo, sentido, imaginado o soñado, sustituye a la palabra. El silencio es generador de sentido, sin pronunciar palabra, el texto habla, de ahí la elocuencia del silencio.
***
María Jesús Pérez Ortiz
Licenciada en Filosofía y Letras (Sección de Filología Románica), por la Universidad de Granada y Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga.
About Author
Related Articles
La poesía de Hatif Janabi – A propósito de «No todas las flores entienden del viento», de Hatif Janabi – Francisco Morales Lomas
«Vides quae sim et quae fui ante» – Siete alcahuetas – II – Plauto – Mostellaria [vv. 157-292] – Santiago Blanco del Olmo
Presentación de «Remolinos y remansos – Antología», de Jorge Camacho Cordón, a cargo de César Rodríguez de Sepúlveda – Viernes 27 de Junio de 2025 – Librería Alberti [C / Tutor, 57 – Madrid]

