La rosa asfixiada de Magritte – Antonio Costa Gómez

La rosa asfixiada de Magritte – Antonio Costa Gómez

Overview

La rosa asfixiada de Magritte

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René Magritte – Le tombeau des lutteurs [1960 – Collection privée]

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La rosa asfixiada de Magritte

Nada les vale tal como está. Los pijos diseñadores caprichosos tienen que remodelarlo todo y manosearlo todo. Ponerlo como lo ven en su mente. Nada vivo les interesa, solo buscan lo mecánico.

   Nada con vida les interesa, solo imponen lo diseñado. La naturaleza entera debe volverse de cartón y de plástico para complacerlos a ellos. Buscan hacerlo todo más productivo, más masivo, más cuantitativo, aunque en esa cantidad se pierdan un montón de cantidades.

   Sus robots son mejores que los seres vivos. Sus locales triangulares superan a los locales llenos de vida y cálidos.

    Diseñan incluso las miradas, las montañas, los sentimientos. Sus fabricaciones son transgénicas, transcóñicas, transmodulares, transpendulares. Su cabeza es siempre la jefa, todo cuanto a ellos se le ocurra es mejor.

    Sus abedules de diseño superan a los abedules de los montes, sus sonrisas de diseño con destello metálico superan a las sonrisas de mi tía, sus máquinas expendedoras de coca cola superan a los camareros vivos cuando nos sirven el vino. Todo cuanto pasa por sus manos es mejor.

      Deben magrearlo todo, manosearlo todo, y entonces se pone mejor. Los tecnólogos saben superar todo cuanto sale del planeta, y sus pastillas sintéticas son mejores que las setas pilladas en el bosque.

    Como dijo un cretino adolescente una vez delante de mí: Qué flor más bonita, parece artificial. Y una cajera imbécil: las máquinas nunca se equivocan. O ese redactor de una revista académica cuando dejaba que sus máquinas decidieran el valor de los artículos a publicar. Sí, sí, sí, todo hay que manosearlo, diseñarlo, controlarlo, reducirlo.

      Juan Ramón dijo: No la toques ya más, así es la rosa. Pero nosotros jodemos y retorcemos a conciencia la rosa.

    La naturaleza no les sirve. Prefieren lo artificial. Convertirán los Pirineos en una sucesión de triángulos y el rostro de su abuela en un rombo bien encajado. Hay que regularizarlo todo. Y manosearlo todo. Y controlarlo todo.

    Pobres rosas puteadas. Hace poco un tipo sin nada que hacer pensó en diseñar rosas que no tuvieran espinas. Fíjense ustedes en qué cosas se ocupa la ciencia. No hay nada más importante en qué ocuparse. Y seguro que le dieron millones para su proyecto, luego se quejan.

    Y entretanto las casas de los grandes poetas se vienen abajo. Porque los ministros de cultura están ocupados en otras cosas.

     Pobres rosas manoseadas. Les faltamos al respeto, como a la naturaleza entera. Como nos faltamos unos a otros. Nuestro tiempo del desprecio, decía Ernesto Sábato. Y qué aburrido debe de ser despreciar siempre.

    Manoseamos las rosas y no queremos que tengan espinas. Y las sobamos y las maltratamos como bestias.

   Igual que lo envilecemos todo o lo trivializamos todo. O lo diseñamos todo y lo convertimos en rombos.  Como la máquina de coser (entrañable) de nuestra abuela. 

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Antonio Costa Gómez

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