Lenguaje, identidad, ser: Jaime Siles [Con motivo del septuagésimo quinto aniversario de su nacimiento – 16 de Abril de 1951 / 16 de Abril de 2026] – Sebastián Gámez Millán
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Lenguaje, identidad, ser: Jaime Siles [Con motivo del septuagésimo quinto aniversario de su nacimiento – 16 de Abril de 1951 / 16 de Abril de 2026]
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Lenguaje, identidad, ser: Jaime Siles [Con motivo del septuagésimo quinto aniversario de su nacimiento – 16 de Abril de 1951 / 16 de Abril de 2026]
Si es realmente arduo ser tan polifacético durante una vida –filólogo clásico, profesor, investigador, poeta, traductor, crítico literario y de arte…–, todavía lo es más alcanzar la excelencia en todos estos ámbitos, y Jaime Siles (Valencia, 16 de abril de 1951) lo ha logrado, lo continúa logrando. Lector, entre tanto, de pensadores como Nietzsche y Wittgenstein, sobre los que también ha escrito y con los que se lleva a cabo el denominado “giro lingüístico”, de acuerdo con el cual nuestra relación cognitiva con la realidad está atravesada por el lenguaje verbal, Siles ha argumentado que “el yo es producto del lenguaje”. No sé si se puede reducir a logos, sin tener en cuenta nuestra dimensión biológica, pero desde luego, al igual que la identidad personal, es indescifrable sin el lenguaje verbal.
Filólogo de formación y vocación, en buena parte de la obra de Siles late la identificación entre lenguaje y ser. La hermenéutica ontológica ya había sostenido por medio de Heidegger que “el lenguaje es la casa del ser” y por medio de sus discípulo más fiel, Gadamer, que “el ser, que puede ser comprendido, es lenguaje”. ¿Genera el lenguaje las condiciones de posibilidad para comprender, pensar, interpretar y comunicar cuanto nos circunda? A su juicio, “verbalizar el universo es el único modo en que podemos pensarlo y poseerlo”.
Entre sus temas más recurrentes se encuentra la búsqueda interminable de la identidad a través del lenguaje y, en particular, de la poesía, como se aprecia en la última estrofa de “En estado de marcha”, justo al final de Arquitectura oblicua (2019), que me lleva a pensar en la ansiedad de las influencias de Harold de Bloom y en poemas clásicos como “Ítaca”, de Cavafis, o “Peregrino”, de Luis Cernuda o “La tarde imaginada”, de Francisco Brines:
“El yo es un teatro
donde se representan todas las posibilidades
de lo que no es el yo, pues el yo sólo es lenguaje
y sólo tiene lugar dentro de él.
Fuera no existe, como no existo yo, ni tú, lector,
ni este poema que tampoco existe
pero cuya escenografía nos hace recordar
que no existimos ninguno de los dos:
tal vez el poema
que no deja de ser una provincia más
de todas las múltiples provincias
que componen el yo. Sólo una más,
pero nunca la única”.
Cuando estamos rodeados de cosmopaletos, Jaime Siles es desde su juventud cosmopolita. No hay arte ni literatura universal, valga el pleonasmo, que no lo sea: el río de la literatura, ya sea de forma secreta y subterránea, siempre traspasa las ilusorias fronteras. En la primera parte hay ecos de esa célebre tesis de Derrida que tanto debe a la idea de palimpsesto de Borges: “Nada hay fuera del libro”, salvo el mismo libro, añadimos para salir del laberinto del idealismo textual. Por lo demás, Siles amplió sus estudios en la Universidad de Tübingen y trabajó en el Departamento de Lingüística de la Universidad de Colonia, donde colaboró con Jürgen Untermann. Asimismo, ha sido Catedrático Honorario de la Universidad de Viena, Gastprofessor de las Universidades de Graz y Salzburg y profesor visitante de las Universidades de Madison-Wisconsin y Bérgamo, Berna, St. Gallen, Turín o Ginebra, además de Salamanca, Alcalá de Henares, La Laguna y Valencia.
Jaime Siles es, por tanto, un humanista firmemente convencido del poder iluminador y transformador de la palabra: transformador de sí y del mundo que esclarece y a la vez oculta. Concibe la poesía como forma de conocimiento de sí, un conocimiento que no es previo a la creación del poema, sino simultáneo o posterior. En este sentido confluye con la razón poética de María Zambrano y la poesía como conocimiento que reivindicaron José Ángel Valente y otros poetas de la Generación del 50 (Ángel González, Caballero Bonald, Gil de Biedma, Claudio Rodríguez…) frente a la poesía como comunicación, defendida por Vicente Aleixandre y Carlos Bousoño.
No conozco a ningún poeta actual de nuestra lengua, a excepción, quizá, de Pere Gimferrer y Antonio Carvajal –los hay tan grandes como ellos, pienso en Antonio Gamoneda y Eloy Sánchez Rosillo, tan distintos– que domine ciertos recursos lingüísticos y estilísticos: sin ir más lejos, la aliteración: es recurrente a lo largo de su obra, pero para ilustrarlo con un soneto, pienso en “Marina”. Me atrevería a afirmar que crea y compone bajo el susurro de las aliteraciones, como su admirado amigo Octavio Paz: “el bastón ciego del sonido guía al sentido”. ¿Precede la música al logos? ¿Acaso no hay música en el logos?
Por todo ello, hoy, que Jaime Siles cumple 75 años, considero que la Real Academia de la Lengua continuaría creciendo incorporándole entre sus distinguidos miembros. Al fin y al cabo reúne todos los requisitos: profundo y riguroso conocimiento de la lengua, de diversas lenguas, pues como humanista total, es filólogo, pero también traductor de poesía, novela y teatro de nueve lenguas, así como creador, uno de los grandes poetas meditativos de nuestra lengua, con prestigiosos reconocimientos, como el Premio de la Crítica Española (1983), el Premio Loewe (1989), el Premio Generación del 27 (1999), el Nacional de Poesía José Hierro (2008) o el Jaime Gil de Biedma (2018). Y, a decir verdad, no hay muchos poetas en la RAE: Pere Gimferrer, Clara Janés y Félix de Azúa. Además de su experimentada y contrastada lealtad institucional: miembro de la Real Academia de la Historia (2005), Real Academia de Bellas Artes de San Telmo (2018), Socio de honor de la Sociedad Española de Estudios Clásicos…
Uno de sus primeros lectores, José Manuel Blecua, advirtió, además de la huella de Parménides, la riqueza intertextual tan admirablemente asimilada que reverbera en la poesía de Jaime Siles: “terminará el poema entre Zubiri y la alegría de Jorge Guillén más Calderón con una mixtura de suma belleza e inteligencia, situándose así en una corriente de pensamiento que arrancará de los presocráticos y acabará en Zubiri:
“¡Aprehéndeme! ¡Aprehéndeme, memoria!
que nada quiero ser, sino yo mismo:
en mí, conmigo y en mi instante sólo
y allí, contigo y en tu tiempo, ser.
Ser claridad de luz que me oscurezca
en la sombra del sueño que piensa desde mí”.
También escucho ecos de Píndaro a Octavio Paz pasando por Fray Luis de León. Más recientemente, en un artículo de 2023, “Fiel al instante y al discurso”, en el que Jaime Siles analiza su trayectoria poética, nueve libros desde Himnos tardíos (1999) a Doble fondo (2022), observaba que “el esencialismo de mi primera época deja paso al existencialismo de la segunda” y, en esta línea, “el cambio más visible es el paso de la indagación en el Ser a la del Devenir, la sustitución de lo parmenídeo por lo heraclitiano y la formulación de un lirismo trágico, asumido con tanta aceptación estoica como epicúrea serenidad”.
Hay que terminar con poesía. Concluyamos con un poema de Doble fondo, “Vals de las hojas”, dedicado a Marco Antonio Coronel, probablemente uno de sus más fieles discípulos como filólogo clásico, y en el que se aprecia ese tránsito “de la indagación en el Ser a la del Devenir, desembocando en un significativo neologismo.
VALS DE LAS HOJAS
A Marco Antonio Coronel
Las horas se deshacen
en su propia corriente.
Los días, en la noche.
Nosotros, en la muerte.
Las horas y los días,
Nosotros, noche y muerte,
hojas secas caídas
en un reseco césped.
Todo tiempo pasado
es futuro y presente
en el árbol de Dios
donde verdean siempre
las hojas que ya fuimos,
y las que somos, crecen
devueltas a sus ramas
ya para siempre verdes.
¡Qué vals de las hojas
en lluvia permanente,
mecidas, acunadas,
inmóviles moviéndose!
Primavera en otoño,
su escala ascendente
en la que lo ya sido
está siempre re-siéndose.
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Sebastián Gámez Millán

