Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – IV – Santiago Blanco del Olmo
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Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – IV
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Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – IV
ARCTINO DE MILETO
En primer lugar vamos a recordar lo que la Suda (índice bizantino de autores famosos) nos dice de este poeta:
“Arctino, hijo de Teleas descendiente de Nautes, milesio, poeta épico discípulo de Homero, como dice Artemón de Clazomenas en su obra Sobre Homero; floreció en la novena Olimpiada (744-741 a. C.) 410 años después de la Guerra de Troya.”
De su obra La Etiópida sólo restan escolios, resúmenes y cinco versos citados por los gramáticos. Aquí sólo voy a traducir un fragmento del argumento escrito por Proclo en su crestomatía con adiciones y variantes de Apolodoro:
“La amazona Pentesilea, hija de Ares, de estirpe tracia, tras haber matado involuntariamente a Hipólita fue purificada por Príamo. Una vez trabada la batalla, mata a muchos, entre ellos a Macaón. Y la mata a ella, mientras ejercía su principalía, Aquiles, y los troyanos la entierran. Y Aquiles mata a Tersites por haber sido injuriado por él y haberle reprochado su supuesto amor sobre Pentesilea. Por esta causa surge una querella entre los aqueos por el asesinato de Tersites. Después Aquiles navega hacia Lesbos donde es purificado del asesinato por Ulises tras haber hecho un sacrificio en honor de Apolo, Ártemis y Latona.”
De este fragmento podemos observar fácilmente que Quinto de Esmirna seguía el mito tal y como había sido transmitido por Arctino, ya fuera leído directamente o a partir de resúmenes.
TROILO Y CRESIDA
Esta obra (1601-1602) fue una de las últimas obras de Shakespeare, en las que adopta un tono nihilista, entre tragedia histórica, comedia y sátira. No se llegó a estrenar en el Globe tal vez por alusiones demasiado críticas al duque de Essex, el Aquiles del drama, o por alguna otra alusión que hoy desconocemos. Esta obra parodia las traducciones del poeta George Chapman al inglés de las obras homéricas, demasiado clasicistas, y devuelve una mirada crítica sobre los héroes y las mujeres de la Ilíada. Pareciera que Tersites, de quien se nos informa en las Dramatis Personae: a deformed and scurrilous Greek, sostuviera la opinión del propio Shakespeare: (en traducción de Luis Astrana Marín)
“¡He aquí lo que puede llamarse una superchería, una truhanería y una canallería: esta guerra! ¡Y pensar que todo el pretexto es una puta y un cabrón! ¡Bonita querella para luchar los dos partidos rivales y sangrar a muerte! ¡Ahora el serpigo caiga sobre semejante pretexto, y que la guerra y la lubricidad los mate a todos!”
De todos modos la obra de Shakespeare no está basada en Homero directamente, sino en Troilus and Criseyde, una obra épica en inglés de 1380 debida a la pluma de Geoffrey Chaucer.
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El adjetivo inglés scurrilous es bastante indicativo acerca del perfil del personaje tal y como lo contempla Shakespeare; procede del latín scurra –ae (m) que significa “bufón, payaso”. La vertiente bufonesca de este personaje se encuentra ya mencionada en la Ilíada.
Acerca de este personaje el crítico Harold Bloom ha dicho que se trata de un “moralista” y un “monomaniaco obsesivo, pero también tan escandalizante como escandalizado”. Graham Bradshaw, por su parte, lo califica de “terminalmente reductivo, escleróticamente dogmático”.
A continuación ofrezco aquí un breve resumen del argumento. La acción se sitúa en la Guerra de Troya, en el campamento griego, el palacio de Príamo, la casa de Pándaro y el campo de batalla. Mientras los caudillos griegos dirimen sus vanidades y su soberbia entre sí, los troyanos determinan en asamblea no devolver a Helena a su marido, como exigen los griegos. Mientras tanto el joven Troilo, hijo del rey Príamo, consigue obtener los amores de Cresida, sobrina de Pándaro e hija de Calcas, el adivino griego, que ha caído cautiva de los troyanos. Aunque ambos hacen uso de un lenguaje amoroso idealizado y profundo, sólo consiguen juntarse mediante las artes celestinescas de Pándaro.
Pero el troyano Anténor es cogido prisionero a su vez por los griegos y se decreta un canje entre él y Cresida, de manera que la joven deberá ser entregada a Diomedes para ser devuelta al campamento griego donde mora su padre. En la despedida, los amantes se entregan prendas de amor eterno, pero en el campamento griego, donde algunos guerreros troyanos han acudido con ocasión de un combate personal entre Héctor y Áyax, el propio Troilo es testigo de lo rápido que Cresida se ha olvidado de él, pues contempla a escondidas cómo ella le ofrece a Diomedes, de quien se dice enamorada, la propia prenda de amor que él mismo le regaló apenas veinticuatro horas antes. El desenlace de la obra tiene lugar en el campo de batalla, donde los guerreros griegos y troyanos se acuchillan entre sí, y como colofón Aquiles mata a Héctor cuando éste se encontraba ya desarmado.
Tersites en esta obra dramática desempeña el papel del personaje lenguaraz y maledicente que conocemos por Homero. Veamos primero cómo lo definen otros personajes de la obra, habla Néstor:
“and sets Thersites
A slave whose gall coins slanders like a mint,
To match us in comparisons with dirt,
To weaken and discredit our exposure,
How rank soever rounded in with danger.”
La traducción es nuevamente de Astrana Marín: “Estimula a Tersites, un patán, cuyo corazón amargado troquela calumnias como una fábrica de moneda, a ponernos en sus comparaciones tan bajo como el fango, y a debilitar y desacreditar nuestras empresas de algunos extremos peligrosos de que estamos rodeados.”
En palabras de Aquiles ahora:
“How now, thou core of envy?
Thou crusty batch of nature, what’s the news?
“¡Hola, corazón de la envidia en persona, parto feliz de la naturaleza! ¿Qué noticias traes?”
Veamos a continuación qué dice de sí mismo cuando se encuentra nada menos que con Héctor en el campo de batalla:
“No, no –I’m a rascal; a scurvy railing knave; a very filthy rogue.”
“No, no; soy un villano, un vil bellaco burlador, un bergante asquerosísimo.”
Más tarde Tersites y Margarelón, guerrero troyano, se encuentran en medio de la reyerta , y al no conocerse previamente, se preguntan mutuamente quiénes son; “un hijo bastardo de Príamo”, responde el troyano, a lo que Tersites responde:
“I am a bastard too; I love bastards. I am a bastard begot, bastard instructed, bastard in mind, bastard in valor, in everything illegitimate. One bear will not bite another, and wherefore should one bastard? Take heed, the quarrel’s most ominous to us: if the son of a whore fight for a whore, he tempts judgment. Farewell, bastard.”
“Yo también soy un bastardo. Me gustan los bastardos. Soy bastardo por el nacimiento, bastardo por la instrucción, bastardo por el alma, bastardo por la valentía, ilegítimo en todas las cosas. Un oso no debe morder a otro. ¿Y por qué un bastardo ha de morder a otro bastardo? Ten cuidado: esta guerra es de mal presagio para nosotros. Si el hijo de una puta combate por una puta, corre el riesgo de hacerse juzgar por lo que es. Adiós, bastardo.”
Pasemos ahora a su crítica mordaz, hay para todos. Y recordemos que también en Shakespeare Tersites recibe palizas y golpes por el uso libérrimo que hace de su lengua. A Áyax le dice:
“Thou grumblest and railest every hour on Achilles; and thou art as full of envy at his greatness, as Cerberus is at Proserpina’s beauty –ay, that thou barkst at him.”
“A cada minuto gruñes y te burlas de Aquiles; pero estás tan devorado por la envidia ante su grandeza como Cérbero delante de la hermosura de Proserpina; por eso ladras detrás de él.”
Y poco después:
“Ay, do, do; thou sodden-witted lord! Thou hast no more brain tan I have in mine elbours; an asinico may tutor thee. You scurvy valiant ass! Thou art here but to thrash Troyans, and thou art bought and sold among those of any wit like a barbarian slave. If thou use to beat me, I will begin at thy heel and tell what thou art by inches, thou thing of no bowels, thou!”
“¡Sí, anda, anda, señor de inteligencia cocida! No tienes más cerebro que yo en el codo; un asinero podría instruirte. ¡Miserable asno valiente! No eres bueno más que para apalear a los troyanos; pero entre las gentes de algún talento estás vendido y comprado como un esclavo bárbaro. Si tomas la costumbre de pegarme, haré la cuenta de tu persona, comenzando por los talones, y te diré cuánto vales, pulgada por pulgada, ¡ser sin entrañas!”
A continuación se dirige a Ulises y a Néstor y les dice:
“There’s Ulysses and old Nestor –whose wit was mouldy ere your grandsires had nails on their toes- yoke you like draught oxen, and make you plough up the wars.”
“Ulises y el viejo Néstor, cuyo talento estaba enmohecido antes de que vuestros abuelos tuviesen uñas en los dedos de los pies, os enganchan como bueyes al yugo y os hacen labrar esta guerra.”
Más tarde sigue repartiendo descalificativos:
“Agamemnon is a fool to offer to command Achilles, Achilles is a fool to be commanded of Agamemnon; Thersites is a fool and, as aforesaid, Patoclus is a fool.”
“Agamenón es un imbécil; Aquiles, un tonto; Tersites, un necio y, como decía, Patroclo un memo.” (Juega aquí don Luis con cuatro sinónimos españoles para traducir un único término en el original)
A continuación vienen unas palabras de Tersites que se han hecho muy famosas por su acidez, en las que resume el argumento de la farsa. Hemos escrito más arriba la traducción, de manera que ofrecemos aquí tan sólo el texto original:
“Here is such patchery, such juggling, and such knavery. All the argument is a whore and a cuckold – a good quarrel to draw emulous factions and bleed to death upon. Now the dry serpigo on the subject, and war and lechery confound all!”
En el acto V Tersites también tiene palabras para Patroclo, con quien departe de la siguiente guisa:
“Prithee, be silent, boy; I profit not by thy talk. Thou art said to be Achilles’ male varlet.” “…his masculine whore.”
“Te ruego que guardes silencio, niño, tu conversación no me instruye. Se te cree la doméstica macho de Aquiles.” “… ¡su puta masculina!”
Más adelante se entera de que Diomedes esconde amores con una troyana, no sabemos cómo lo sabe, y exclama:
“They say he keeps a Troyan drab, and uses the traitor Calchas’ tent. I’ll after. Nothing but lechery! All incontinent varlets!”
“Se dice que tiene amores con una buscona troyana y que se sirve de la tienda del traidor Calcas. Voy a seguirle. ¡Por todas partes lubricidad! ¡Todos, chusma incontinente!”
Y poco después:
“¡How the devil luxury with his fat rump and potato finger, tickles these together! Fry, lechery, fry!”
“¡Cómo el diablo Lujuria con su gruesa grupa y sus dedos de patata les cosquillea a los dos! ¡Derrite, lujuria, derrite!”
Observando el comportamiento de Cresida en relación con Diomedes, a quien da la prenda de amor (una manga) que el día anterior le ofreciera Troilo, comenta:
“A proof of strength she could not publish more, unless she said: My mind is now turn’d whore”
“No podría dar una demostración más fuerte a menos de decir: mi alma se ha vuelto ya puta.”
Las últimas palabras de Tersites en la escena II son geniales:
“Would I could meet that rogue Diomed! I would croak like a raven; I would bode, I would bode. Patroclus will give me anything for the intelligence of this whore; the parrot will not do more for an almond tan he for a commodious drab. Lechery, lechery! Still wars and lechery! Nothing else holds fashion. A burning devil take them!”
“¡Ah, si pudiese encontrar a ese bribón de Diomedes! Graznaría como un cuervo, le contaría presagios. Patroclo me dará cuanto quiera si le pongo en relaciones con esa puta. No haría más un loro por una almendra que él por una ramera fácil. ¡Lubricidad, lubricidad, siempre guerra y lubricidad! He aquí lo que está de moda. ¡Qué un diablo en llamas se los lleve a todos!”
En la escena IV del quinto acto Tersites nos sirve de comentarista de la guerra que tiene lugar en la llanura que media entre Troya y el campamento griego:
“Now they are clapper-clawing one another; I’ll go look on. That dissembling abominable varlet, Diomed, has got that same scurvy doting foolish Young knave’s sleeve of Troy there in his helm. I would fain see them meet, that that same Young Troyan ass that loves the whore there might send that Greekish whoremasterly villain with the sleeve back to the dissembling luxurious drab of a sleeve-less errand. A th’ t’ other side, the policy of those crafty swearing rascals – that stale old mouse-eaten dry cheese, Nestor, and that some dog-fox, Ulysses- is not prov’d worth a blackberry. They set me up, in policy, that mongrel cur, Ayax, against that dog of as bad a kind, Achilles; and now is the cur Ajax prouder tan the cur Achilles, and will not arm today ; whereupon the Grecians begin to proclaim barbarism, and policy grows into an ill opinión.”
“Por el momento, se están enviando golpes de lengua unos a otros, voy a verlo. Ese abominable bellaco, ese criado de Diomedes, ha puesto en su yelmo la manga de ese joven imbécil, de ese majadero de Troya que tiene una pasión tan vil. Me gustaría verlos encontrarse y me encantaría que ese joven asno troyano que ama a la tal ramera mandase a ese canalla desvergonzado griego de la manga a llevarle un mensaje sin mangas a esa embustera impúdica buscona. Por otro lado, la política de estos bribones que se jactan de su habilidad, de este viejo queso seco, rancio y comido por las ratas, Néstor, y de ese perro zorro Ulises, no ha producido resultados que valgan una mora de las zarzas. Por política han opuesto a ese dogo mestizo de Ayax a ese perro también de mala raza Aquiles, y no quiere hoy armarse. Resulta de ello que los griegos empiezan a proclamar la barbarie, y la política cae en descrédito.”
Más adelante, cuando presencia el enfrentamiento entre Troilo y Diomedes, jalea en voz alta:
“Hold thy whore, Grecian; now for thy whore, Troyan –now the sleeve, now the sleeve!”
“¡Sostén la puta, griego! ¡Combate por la puta, troyano! ¡Vamos, la manga; vamos, la manga!
Hasta aquí el Tersites del Troilo y Cresida, una obra que hace mofa de los héroes de la Ilíada, en cierto modo como haría Paul Scarron con la Eneida de Virgilio cincuenta años después (entre 1648 y 1653) en su Le Virgile travesti en vers burlesques, un éxito del género burlesco. William Shakespeare se sirve del personaje deforme, cobarde, maledicente y bufón, para zaherir las costumbres de la sociedad de su tiempo.
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LAOCOONTE
Gotthold E. Lessing, nacido en 1729 en Sajonia, tenía destinado dedicar su vida a la teología para así seguir el destino de su padre, pastor protestante, hasta que la literatura se cruzó en su camino. Vivió casi toda su vida entre la precariedad y la urgencia de estudios y publicaciones que nunca le dieron para otra cosa que para ir tirando. Entre 1760 y 1765 sin embargo encontró la estabilidad deseada en Breslau, donde un tal Tauentzein, nombrado gobernador de la ciudad, lo contrató como secretario. Allí dispuso de un sueldo suficiente y de la capacidad para escribir algunas obras, entre ellas aquella que le daría más fama: Laocoonte o sobre los límites en la pintura y la poesía; en él se puso como objetivo el estudio y la ciencia del arte, de las artes y de lo bello y de todo cuanto se corresponde con la definición de la estética. Esta obra fue publicada en Berlín en 1766 (es curioso que precisamente dos años antes fuera también publicada la obra Historia del arte de la Antigüedad de Johann J. Winckelmann). La obra en cuestión fue la que mayor influencia ejerció sobre una naciente generación de escritores alemanes cuyos principales nombres son Herder, Goethe, Schiller, Hoffmann o Novalis, la flor y nata del Sturm und Drang.
A continuación he seleccionado pasajes de los capítulos XXIII y XXIV del Laocoonte en donde se hace referencia a Tersites con un breve comentario. La traducción que ofrezco es la de Enrique Palau.
Capítulo XXIII
“Por consiguiente, la fealdad no debería, conforme a su naturaleza, ser objeto de la poesía, y sin embargo, Homero ha pintado en Tersites la extrema fealdad, y lo ha hecho enumerando sucesivamente sus partes. ¿Por qué se ha permitido hacer respecto a la fealdad lo que con tanto tino se prohibió tratándose de la belleza? ¿No se desvanece el efecto de la fealdad con la enumeración sucesiva de las partes, lo mismo que se desvanece el efecto de la belleza con una análoga enumeración de sus elementos?
Indudablemente que sí; pero aquí está precisamente lo que justifica a Homero. Si el poeta puede hacer uso de la fealdad, es porque en la descripción poética la fealdad de las imperfecciones del cuerpo pierde el aspecto tan desagradable que ofrece en la realidad, transformándose en un fenómeno que, desde el punto de vista de la impresión que produce, deja en cierto modo de ser tal; lo que no puede utilizar por sí mismo, lo utiliza como ingrediente para hacer nacer y fortificar ciertos sentimientos complejos con que se ve obligado a divertirnos, a falta de emociones puramente agradables.
Estos sentimientos complejos son el de lo ridículo y el de lo terrible.
Homero hace feo a Tersites para hacerlo ridículo. Pero no es sencillamente por su fealdad por lo que se muestra ridículo, pues la fealdad es una imperfección y el ridículo nace de un contraste entre las perfecciones y las imperfecciones.”
“Si Tersites debía ser ridículo, era preciso que fuese ante todo feo; sin embargo, esta sola condición no bastaba. La fealdad, la concordancia de esta fealdad con su carácter, la contradicción que surge entre ellas por una parte, y la idea que se forma de su propia importancia por otra, el poco efecto de sus bravatas, con las cuales logra rebajarse a sí mismo: todo esto es necesario para alcanzar el fin. La última condición es el “paso peligroso” que Aristóteles (Arte Poética cap. 5) exige absolutamente para el ridículo, del mismo modo que mi amigo da por condición indispensable que el contraste de que hemos hablado no sea de gran importancia y sólo nos interese muy poco. Supongamos que Tersites hubiera pagado más caro sus difamaciones contra Agamenón, que en lugar de costarle dos contusiones sanguinolentas, pagara con la vida, y entonces dejáramos de reír. Pues aquella monstruosa forma humana es, sin embargo, un hombre cuya destrucción nos hubiera parecido un mal mayor que todos sus defectos y todos sus vicios. Y si no, hágase la prueba leyendo su fin en Quinto de Calabria. Aquiles se siente arrepentido de haber muerto a Pentesilea: esta belleza bañada en su sangre vertida con tanto coraje despierta la estimación y la compasión del héroe, y pronto esta estimación y piedad se transforman en amor. Pero Tersites le reprocha injuriosamente este amor, y declama:
La sensualidad arrastra a la demencia
Al hombre más valiente y de más ciencia (PH I, 737)
Aquiles se enfurece y sin replicar palabra, le da un golpe tan tremendo entre la mejilla y el oído, que le hace arrojar por la boca los dientes, la sangre y la vida. ¡Cuánta crueldad! Aquiles, furioso y homicida, es para mí más aborrecible que Tersites, malicioso, gruñón e insidioso. El grito de alegría que profieren los griegos ante el hecho ocurrido me hiere, y me pongo del lado de Diomedes, que desenvaina la espada para vengarse del asesino de su pariente; pues, en aquel instante, experimento la sensación de que Tersites es también mi pariente, un hombre.
Pero supongamos que las instigaciones de Tersites hubieran suscitado un motín, que el pueblo, sublevado, se hubiese vuelto a embarcar, abandonando traidoramente a sus jefes, que éstos hubiesen caído en manos del enemigo ávido de venganza, mientras un castigo divino hubiese infligido una destrucción completa de la flota, de todas las fuerzas y del pueblo. ¿Qué aspecto tomaría a mis ojos la fealdad de Tersites? Si la fealdad inofensiva puede llegar a ser ridícula, la fealdad culpable es siempre horrorosa.”
El crítico hace hincapié en la descripción de la fealdad de Tersites por Homero y en sus posibles motivos. Es conocido que en el caso de Helena, la mujer más hermosa del mundo, el poeta épico ni siquiera intenta hacer una descripción de su beldad en toda la obra. Es lógico que así sea, porque si hubiera intentado darnos una descripción pormenorizada, es seguro que en cierto modo traicionara la idea que cada uno de sus oyentes, o lectores, se ha forjado en su imaginación acerca del ideal femenino de belleza. Recuerdo el encargo que, según Plinio el Viejo, recibió el pintor Zeuxis de pintar un retrato de Helena; el pintor exigió que le llevaran como modelo las cinco mujeres más hermosas de Crotona para así, mezclando las perfecciones corporales de cada una de ellas por separado, poder realizar una obra a todas luces imposible de realizar.
Si la descripción de la fealdad de Tersites a juicio de Lessing pretende buscar el contraste entre los defectos de su cuerpo y sus perfecciones (el crítico no dice cuáles sean éstas) para así conseguir el nacimiento de lo ridículo o de lo terrible, el sajón está admitiendo que hay algo bueno en el orador maledicente. Tácitamente el escritor del siglo XVIII parece aludir a su valentía (thymos agenor).
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Lessing cita en su escrito el caso de otros personajes de físico desafortunado, pero de excelencia en las artes o en la virtud. Pone como ejemplo de la primera de ellas al fabulista Esopo y al poeta inglés Alexander Pope, traductor de la Ilíada, y de la segunda, a Sócrates. Según la opinión de nuestro crítico debe haber un perfecto equilibrio en la creación de lo ridículo que logra alcanzar el éxito en el poema épico de Homero, pero que fracasa en el de Quinto de Esmirna (o de Calabria). En efecto, en este último la muerte de Tersites a manos de Aquiles nos parece desproporcionada e injustificada. Lessing no entra en el tema de las fuentes de Quinto de Esmirna a la hora de reproducir esta escena; otras tradiciones, como hemos visto, cuentan que Tersites sacó los ojos de la amazona caída con la punta de su lanza. Entonces sí estaría justificada, al menos en parte, la terrible reacción del Pelida. En cualquier caso es evidente que la escena de la muerte de Tersites no parece haber quedado bien en el poema del de Esmirna. Homero, en cambio, sí sabe respetar ese frágil equilibrio que nos suscita la risa, la piedad o la compasión.
Capítulo XXIV
“Otro tanto puede decirse de la fealdad de las formas. Esta fealdad nos daña la vista, contraría nuestro gusto por el orden y armonía, y hace nacer la aversión, independientemente de toda consideración relativa a la existencia, real o no, del objeto que nos la produce. Tersites no nos es soportable ni en la naturaleza ni en el retrato, y si en éste nos desagrada menos, no es porque la fealdad de su forma, en la imitación, deje de ser fealdad, sino porque tenemos la facultad de prescindir de ella para disfrutar únicamente del arte del pintor. Pero este disfrutar es interrumpido a cada instante por la reflexión del mal empleo que se ha hecho del arte, y esta reflexión pocas veces dejará de llevar consigo el menosprecio del artista.
Aristóteles alega otra razón para explicar el hecho de que las cosas que miramos con desagrado en la naturaleza nos causan placer al verlas representadas lo más fielmente posible; dice que se explica por la natural curiosidad del hombre. Nos alegramos cuando por la imagen exacta aprendemos “lo que la cosa es” o bien podemos concluir que “esto es aquello”. Pero de aquí nada se deduce a favor de la fealdad como objeto de imitación.
El placer que nace de nuestra curiosidad satisfecha es momentáneo y sólo accidental con relación al objeto que lo hace nacer; por el contrario, el desagrado que se experimenta a la vista de la fealdad es permanente y esencial en el objeto que lo excita.”
Parece que en estos párrafos Lessing elucubrara acerca de la justificación de la aparición de lo feo en el arte y encontrara, con ayuda de Aristóteles, al menos esas dos razones que expone.
FAUSTO
(Extraigo unos cuantos datos del libro de Isabel Hernández y Manuel Maldonado titulado Literatura alemana) Es historia sabida la del nigromante nacido en el siglo XV del que Melanchthon decía “turpissima bestia et cloaca multorum diabolorum” y del que se contaban todo tipo de acciones increíbles y tropelías además de un pacto con el demonio.
En la segunda parte, elaborada muchos años después de las primeras redacciones y siendo Goethe ya un anciano, el mundo antiguo toma un nuevo protagonismo entre otros elementos que nos llevan a diversos momentos de la historia de la humanidad. Es un texto que da la impresión de estar algo deslavazado, como si padeciera de falta de trabazón en su unidad. Es una parte tan compleja y difícil, que no se incluía habitualmente en las ediciones comerciales de la obra. Está dividida en cinco actos a lo largo de los cuales las aventuras de Fausto se desdibujan en medio de algo muy parecido al gran teatro del mundo por el que desfilan los personajes más peregrinos, desde un coro de espíritus hasta las Furias, virtudes como la Prudencia, Plutón, el genio de la Avaricia, faunos, ninfas, esfinges, sirenas, nereidas, tritones, el centauro Quirón, Tales de Mileto, Nereo o Helena entre otros muchos, entre los cuales se incluye un Zoilo-Tersites que es quien nos interesa aquí. Al final de esta segunda parte regresamos a la idea inicial del Fausto y éste consigue salvarse al contrario que el Fausto histórico. Parece que la realización de algunas buenas obras al final de su vida y el amor de Margarita consiguen obtener la redención de su alma y el perdón de Dios, cosa que se veía venir desde el comienzo, cuando Dios y el Diablo sostienen una discusión en torno a la vida de Fausto al igual que el que se nos relata en el libro de Job. A continuación transcribo en su lengua original la única aparición de Tersites en la segunda parte de esta obra en tetrámetros yámbicos: (versos 5457 a 5470)
“Hu!, hu! Da komm ich eben recht,
Ich schelt euch allzusammen schlecht!
Doch was ich mir zum Ziel ersah
Ist oben Frau Victoria,
Mit ihrem weissen Flügelpaar,
Sie dünkt sich wohl sie sei ein Aar,
Und so wie sich nur hingewandt
Gehör’ ihr alles Volk und Land;
Doch, wo was Rühmliches gelingt
Es mich sogleich in Harnisch bringt.
Das Tiefe hoch, das Hohe tief,
Das Schiefe grad, das Grade schief,
Das ganz allein macht mich gesund,
So will ich’ s auf dem Erdenrund.”
Ahora en versión española de Rafael Cansinos Assens:
“¡Oh! ¡oh! ¡Qué a punto llego,
Puesto que os encuentro juntos
A todos para reñiros!
Y para colmo de gusto,
Ahí está doña Victoria,
Que con su par de alas blancas,
Un águila se imagina,
Y piensa, la muy ufana,
Que todo le pertenece,
Cuanto abarca su mirada;
Siendo así que aquí estoy yo
Para la fiesta amargarla.
Pues poner encima aquello
Que debajo está, lo recto
Torcer, y lo que es torcido
Poner, en cambio, derecho,
Es lo único que me alegra.
Y en ese empeño ocupado
Recorro toda la tierra.”
Goethe no menciona a Tersites con sus ambigüedades, sus luces y sus sombras como hace Homero. Para Goethe, como para toda la literatura occidental hasta la fecha, Tersites es símbolo de la envidia y de la maledicencia, el orador siempre dispuesto a recriminar a los mejores, a los aristócratas, desde una posición de cobardía y de fealdad física. El personaje típico que aparece en esta segunda parte del Fausto, y que no llega a desarrollar, tiene además un nombre compuesto con Zoilo, un crítico literario de la Antigüedad y conocido filólogo alejandrino, famoso por su costumbre de minimizar y de criticar las obras ajenas. Hay tres versos (los versos 5467 a 5469) en que este personaje, una especie por otro lado de espíritu de la contradicción, nos recuerda a los sofistas de primera hornada tan criticados por Platón, que afirmaban mediante su retórica ser capaces de convertir el argumento débil en argumento fuerte y viceversa. Protágoras afirmaba que sobre cualquier asunto era posible defender con la misma validez una tesis como la contraria. En ocasiones buscaba impresionar a su auditorio asegurando que podía convencerlo de cualquier cosa y los desafiaba con discursos dobles: dos discursos sobre el mismo tema, pero adoptando una postura distinta en cada ocasión.
Así pues, para Goethe, Tersites, o Zoilo-Tersites, no es más que un diablillo que disfruta llevando la crítica y la contradicción a los demás y un sofista privado de todo tipo de valores.
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Santiago Blanco del Olmo
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