Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – V – Santiago Blanco del Olmo

Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – V – Santiago Blanco del Olmo

Overview

Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – V

***

In the manner of Exekias – Athenian calyx krater depicting a battle over a corpse, which is most likely Patroklos. Patroklos was a great warrior who was defeated by Hector. In this work, the warriors are dressed in their hoplite shields, and they are battling [Detail] [ca. 530 BC – Εθνικό Αρχαιολογικό Μουσείο – Αθήνα – Ελληνική Δημοκρατία / National Archaeological Museum – Athens – Greece]

***

Sunt lacrimae rerum – Θερσίτης γενναία καρδιά / Tersites: corazón valiente – V

ZWEIG

  El Tersites del escritor austriaco  Stefan Zweig es una obra dramática escrita en pentámetros yámbicos alemanes dividida en tres actos, estrenada en 1907 y basada en los personajes de la Ilíada de Homero Aquiles y Tersites, más un personaje añadido, Teleia, que encubre a la reina de las amazonas Pentesilea tal y como aparece en Quinto de Esmirna, aunque se toma la libertad de cambiar el mito de acuerdo con sus intereses. Es la primera obra literaria que, con la excepción del Elogio de Libanio, se titula con el nombre de Tersites, pues el hijo de Agrio no ha dejado de ser nunca un personaje secundario en todas las versiones del mito que hemos visto hasta ahora.

  El primer acto transcurre en el campamento aqueo, donde el agravio de Agamenón al rey de los mirmidones ya ha tenido lugar y los caudillos griegos se encuentran en dificultades ante la ofensiva troyana, incluso el Atrida mayor ha sido herido en combate. Menelao, Néstor y Ulises debaten acerca de qué conviene hacer y se dirimen fundamentalmente dos ideas: Menelao aboga por salir a luchar a pesar de las circunstancias y Ulises opta sin embargo por enviar una embajada a Aquiles que resarza su honor vulnerado y lo impela de nuevo a la pelea. En este punto interviene Tersites, quien dice que tal embajada no tendría éxito, porque esa misma noche la amazona Teleia, a quien había hecho cautiva en la guerra y a quien custodiaba en sus pabellones, había huído a uña de caballo y aún no se la había podido apresar de nuevo. Los griegos eligen el plan de Ulises y desprecian a Tersites golpeándolo de tal guisa que el personaje pernituerto no tiene más remedio que buscar refugio en la tienda de Aquiles. Pero los griegos no logran convencer a Aquiles de que regrese a la lid, aunque le ofrecían la devolución de Briseida y un cuantioso botín. En el curso del encuentro Menelao llegó a insultar a Aquiles bruscamente y a abandonar la reunión. Tersites quiere dar las gracias a Aquiles poco después de la marcha de los caudillos griegos por haberle salvado, pero el Pélida sólo siente desprecio hacia él y afirma no haber actuado así por su causa. Tersites reconoce que odia a Aquiles.

  Mas he aquí que Patroclo regresa a la tienda de Aquiles con la amazona apresada; se trata de una hermosa joven guerrera que ama la libertad por encima de todo y que no soporta permanecer en calidad de esclava en la casa del enemigo, y sin embargo reconoce para sí haberse enamorado de Aquiles nada más verlo en el campo de batalla y que no le importaría ser su mujer, si con ello su honor y su orgullo no sufrieran mengua. Aquiles empero no la quiere para sí, sino que le dice:

  “Du scheinst mir schön und schmückst mein Zelt”

O lo que es lo mismo “me pareces bonita y adornas mi tienda”.  Nuevamente interviene Tersites, una vez dentro de la tienda de Aquiles la amazona, para recriminar a Patroclo y a sus dos adláteres Xenos y Licos, soldados de Aquiles, su “valentía” por el hecho de haber capturado entre tres a una sola mujer desarmada, afirmando que no saben tratar a las mujeres. Responden ellos y le piden que les enseñe cómo tratar a las mujeres, y es entonces cuando él reconoce no haber estado jamás con una de ellas. Le hacen la zancadilla por detrás y lo tiran al suelo riéndose de él antes de partir. Es entonces cuando Tersites escucha llorar una mujer desde el otro lado de la lona, se trata de Teleia. Él, que también llora por las noches, se solidariza con su pesar y le dedica palabras de consuelo y de auxilio sin que ella pueda ver de quién se trata ni pueda tampoco proferir palabra alguna al estar siendo vigilada estrechamente. Lo único que consigue Tersites es sostener su mano durante unos instantes, poniéndose de manifiesto el enamoramiento que el jorobado siente hacia la reina cautiva.

  En el segundo acto Aquiles contempla desde la empalizada la arremetida de las fuerzas troyanas contra las naves de los griegos a la hora del crepúsculo, y lamenta profundamente no poder estar allí combatiendo en primera línea. Mientras tanto Tersites ha cogido el brazo de la esclava de Teleia  y, poniendo siempre mucho cuidado por velar su rostro, le informa de que tiene un caballo dispuesto esperando para que la reina emprenda la huida esa misma noche, y que él se encargará de eliminar a los centinelas, e incluso de matar al mismísimo Pelida, ya sea mediante un puñal durante el sueño, ya con una flecha envenenada si es que estuviera paseando por la rompiente del mar. Pero es sorprendido por Aquiles, que escucha sus últimas palabras y que lo llama mosca, rata, araña y gusano. Se imagina que intentaba robar. Entonces se presenta Patroclo, ocasión que aprovecha Tersites de nuevo para increpar a los dos amigos por el hecho de que estén allí apartados de la lucha, ajenos a la guerra, mientras sus camaradas mueren con las armas en la mano; Patroclo le arroja una piedra.

  Patroclo intenta convencer luego a su compañero de que regresen ambos de nuevo al combate, pero Aquiles dice estar obligado a permanecer en la tienda a causa de su juramento. En la conversación entre los dos amigos se echa de ver algo que en Homero no parece, cuando menos, evidente: la relación de pareja existente entre los dos camaradas expresada con un lenguaje poético a la vez que claro. Patroclo le pide que lo deje partir al menos a él al combate, argumentando que no le basta con ser para Aquiles “como una mujer amada”, sino que quiere que además estime su valentía y lo honre como él mismo venera a Aquiles. Éste cederá al final, confesándole que la raíz de su malestar estriba en que sabe fehacientemente que morirá joven y muy pronto, a pesar de pertenecer a la estirpe de los inmortales, y que su única ambición es que Patroclo , la persona que más ama, lo sobreviva. Dicho esto le ofrece sus propias armas e incluso le promete entregarle, como regalo, a la reina Teleia, y se la dará al día siguiente.

  Acto seguido Aquiles le comunica a Teleia que ha decidido regalársela a Patroclo, pero ella confiesa su amor a Aquiles y rechaza ser como una cosa bonita que se da.  Aquiles confiesa no haberse dado cuenta siquiera de este amor a causa de la cólera que concibió por la afrenta de Agamenón. Teleia dice entonces que prefiere quedarse con él, aunque sea tratada como un perro, antes que ser la concubina de Patroclo, pero Aquiles, inflexible, no modifica su decisión. Por último Teleia, como enloquecida, llama a voz en grito a los mirmidones y se les ofrece y entrega como sierva a cualquiera de ellos. Es evidente que, por despecho, desea contrariar así los planes de su amado, pero ningún guerrero osa llevársela consigo a su tienda. Tan sólo el miedoso Tersites, que presenciaba oculto  la escena,  dice “Aquí estoy”. Y es entonces cuando los hombres de Aquiles lo arrastran a la luz revelando su fealdad ante la amazona y se ríen de él. Ella huye al contemplar a este horrendo monstruo. Aquiles le da la oportunidad de batirse en duelo con él entregándole una espada y conservando tan sólo un escudo, pero Tersites arroja la espada y se abraza a sus rodillas en petición de clemencia. Aquiles lo vapulea con puños y patadas y queda Tersites solo en escena, echado por tierra y alzando los puños en señal de amenaza y de desesperación.

  En el tercer acto Menelao olvida su rencor hacia Aquiles y acude a su tienda para narrarle la milagrosa aparición de Patroclo en la batalla y la consiguiente retirada de las fuerzas troyanas de forma acelerada hasta sus propios muros. Aquiles hace venir a Teleia a la empalizada para que escudriñe a lo lejos las hazañas del hombre al que va a ser entregada. La amazona decide entonces hacer uso del monstruoso Tersites, entregándose a su lascivia, para así hacer daño a Aquiles y echar a perder sus planes; al menos no podrá ofrecer una virgen a su compañero como regalo. Tersites se deja hacer y expresa los versos de amor más hermosos estando en compañía de la mujer que adora, y que, sin embargo, sabe que no lo puede amar, que sólo es instrumento de una venganza particular. Tersites nos revela entonces su vida frágil, una vida plagada de sufrimiento y de soledad, sin amigos y sin amor, en la que la única relación posible con los otros ha sido provocar su risa y sufrir sus chanzas y sus insultos; y más aún, confiesa que es demasiado cobarde como para quitarse la vida y que sólo anhela que Aquiles u otro cualquiera lo mate en ocasión de alguna algarada. En este contexto reconoce que estar al lado de la amazona, aunque sea consciente de que todo es un juego y una farsa, ha sido la más feliz ocasión de su vida. Teleia le confiesa a Tersites la verdad, que todo ha sido una superchería para airar a Aquiles y le recomienda que huya para salvar su vida. Mas éste permanece en su sitio. A la llegada de Aquiles, una despeinada y semidesnuda Teleia le dice que ha yacido con Tersites toda una hora y que el tesoro que él guardaba para sí y más tarde para Patroclo ya se ha perdido. Aquiles mata ipso facto a Teleia con la espada y a continuación da de puñetazos a Tersites. Éste por primera vez en su vida se arma de valor y lo llama asesino y le pide que le dé muerte también a él, pero Aquiles ordena a sus hombres que lo fustiguen hasta que no lo pueda soportar más.

*

*

  En la última escena del drama Tersites, lacerado y sanguinolento, interrumpe el descanso de Aquiles para comunicarle no sin satisfacción que Patroclo ha muerto. Esta noticia hace tambalear al héroe que reacciona violentamente y lo echa por tierra de un solo puñetazo. Tersites cae moribundo al suelo, pero antes de expirar, se arrastra y acerca sus labios a los del cadáver de Teleia.

  A continuación voy a hacer un comentario acerca de los personajes tratados por Zweig y diré en qué medida guardan similitudes o diferencias con aquellos legados por la tradición. El Tersites del escritor austriaco es por un lado el mismo personaje monstruoso y de fealdad sobrecogedora que nos ha presentado Homero en la Ilíada. Nada se dice en el drama acerca de su estirpe, solo que se supone que pertenece a la plebe.  En un verso pronunciado por él mismo se nos indica que su fealdad es de nacimiento:

“Nur darum also, weil ein böser Faun die Mutter,
Als sie mich trug, erschreckte, darf ich nicht
Mensch sein mit euch.”

En castellano “sólo por eso, porque un Fauno malvado asustó a mi madre cuando me llevaba en el vientre, por eso no puedo ser una persona como vosotros”.

  Acerca de esta apariencia repugnante Aquiles dice que hay una relación entre ésta y la fealdad de su alma e indica que nunca podrán ser amigos por causa de su naturaleza. Piénsese que estamos ante el varón más bello que acudió a la Guerra de Troya y el más valiente, frente al más feo y cobarde. Porque es cobarde, en numerosas ocasiones él mismo lo reconoce con sus propias palabras en el drama de Zweig, mientras que en Homero uno estaría tentado de pensar que él mismo se cuenta entre los valientes, aun cuando así no fuera, en el discurso que pronuncia ante Agamenón; eso mismo cree o quiere creer Libanio en su Elogio. Aquí se busca comprender sobre todo a Tersites e indagar las razones de su comportamiento. Diera la impresión de que el Tersites de Zweig se hubiera pasado antes por el diván del doctor Freud. Como en Homero, gusta de increpar, zaherir, insultar y reprobar a los demás, especialmente a los nobles y reyes, y anda siempre murmurando por ahí, esclavo de la maledicencia, escuchando conversaciones ajenas. La diferencia estriba en que el Tersites de Zweig que, en su calidad de protagonista, acumula un papel más importante, justifica su comportamiento basándose en la soledad y el dolor moral que  ha sufrido desde niño por razón de su fealdad, y este mismo comportamiento  ha significado para él la única forma de interactuar con los demás, aunque fuera para convertirse en el hazmerreír del ejército o padecer su violencia, el único medio de “ser alguien sobre la tierra”, en palabras del Polifemo de Teócrito. En cuanto a la valentía, a esa cualidad que Tersites demuestra en el canto II de la Ilíada en su discurso ante Agamenón, y que hace que Homero haga alusión a él diciendo “agenor thymos”, que nosotros traducimos por “corazón valiente”, tiene ventaja el personaje de Homero sobre el de Zweig. En éste último, Tersites sólo se muestra valiente al final, al ver a Aquiles acuchillar a su amada Teleia y deseando también él una muerte rápida a manos del héroe. Pero hay un elemento entre los rasgos del Tersites de Zweig que nos lo hace más cercano y humano: el amor. Hay algunas concomitancias que remiten al Tersites de Zweig al cuento de la Bella y la Bestia, sólo que con final trágico, e incluso con el Cyrano de Rostand, especialmente en las escenas en que Tersites se dirige a ella velado por la oscuridad de la noche o a través de la lona de la tienda, temeroso de descubrir ante ella su fealdad. Tersites declara su amor a la amazona enamorado de su belleza y solidarizado con ella por el dolor que también ella siente, incluso pensando que tal relación es objetivamente imposible, aun sabiendo que la entrega de Teleia es tan sólo una cruel añagaza, que lo está utilizando como medio para vengarse de Aquiles, y su sinceridad consigue despertar la nobleza ingénita de la reina de manera que le confiesa la verdad y le pide que huya antes de morir a manos del Pélida. El Tersites enamorado que busca morir por amor al ver asesinada a su amada es un Tersites humanizado por fin, que nos llama a la compasión, como también el Tersites homérico que llora en el suelo tras recibir el cetrazo de Ulises. “¿Quién hay que no esté solo?” exclama en un pasaje.

  Aquiles acaba con la vida de Tersites, por último, de la misma manera que el Aquiles del canto I de las Posthoméricas de Quinto de Esmirna; no lo considera un rival al que hacer frente con la espada, no es digno, no está a su altura, no es persona.

  Aquiles es en el drama un personaje desmedido en todo, esclavo de su palabra y sobre el que pesa la terrible profecía que le anuncia la inmediatez de su muerte. Su valentía no tiene límites y es desesperada. Ha cautivado en el combate a una reina amazona que es valiente, noble y orgullosa, pero que para él no significa nada, si no es un hermoso adorno para su tienda. El verdadero amor de Aquiles es Patroclo, con quien se sincera y con quien comparte sus más íntimos secretos. Confiesa que le costó ganarse el corazón de Patroclo y que él no es de esos amantes que dilapidan su fuerza con mujeres:

 “War ich in andern Tagen
Ein Buhler, der die Kraft in Frauen giesst?”

  Ahora la traducción: “¿he sido alguna vez un amante que derrocha su fuerza con mujeres?”

  Las mujeres son un plato secundario para el guerrero, pues, prisioneras y esclavizadas, son parte del honor y de la recompensa del vencedor en la batalla, pero cuando uno se entrega a ellas de manera descontrolada sólo causan perjuicio al varón prudente (por cierto que estas mismas ideas reprocha a Aquiles el Tersites de Quinto de Esmirna). Late en él en todo momento el sentimiento de superioridad del hombre frente a la mujer. Además el Aquiles de Zweig se hace a sí mismo la promesa de no compartir el lecho de una mujer después de la entrega de Briseida a Agamenón.

  Este tipo de amor homosexual entre guerreros, que estuvo de moda en poblaciones dorias del Peloponeso en época arcaica, y que se extendió entre las clases aristocráticas de toda Grecia llegando a conformar toda una educación (paideia) que, más o menos sublimada, está en la base de los diálogos de Platón, sin embargo no se encuentra en Homero de manera explícita. El amor de Aquiles por Patroclo es correspondido y se basa en cierto poder de emulación que un amante proyecta sobre su compañero a la hora de cometer nobles gestas, tornándolos a ambos mejores. Pero a Patroclo le falta todavía ser admirado y honrado por Aquiles, así, en sus propias palabras, cuando le pide su permiso para incorporarse en el ejército griego que está combatiendo, en el momento más peligroso para las armas aqueas:

 “So lass mich denn allein zur Schlacht!
… Gib nicht halbes Glück,
Von dir geliebt zu sein. Was mir einst viel
Gewesen ist, ich werf’ es weg, ich will
Geliebt nicht sein, ein Ding, ein Weib, ein Spiel,
Du sollst mich ehren, ehren wie ich dich,
Dass reiner Einklang unsre Freundschaft trage.
Lass mich so Helden sein wie du! O gib
Mir heute deine Myrmidonen,und
Ich will mit Siegeskränzen dir sie bringen!”

  En español: “Entonces, ¡déjame ir y batirme solo! (…) No me des sólo la mitad de la felicidad de ser amado por ti. Lo que en otro tiempo fuera mucho para mí, hoy lo rechazo. No quiero ser amado, ser un objeto, como una mujer, un juego; me tienes que estimar y honrar como yo te honro, para que una sociedad profunda sostenga nuestra amistad. ¡Déjame convertirme en un héroe como tú! Oh, confíame a los mirmidones: te los traeré de vuelta cargados de victoriosas coronas.”

  Ante la petición de Patroclo, Aquiles le confiesa a su amigo la inminencia de una muerte cercana y su voluntad de que al menos Patroclo siga gozando de la vida, esa supervivencia vicaria, al menos, le hará más ligera la propia muerte. Responderá Patroclo a esta confesión de su amante con unas hermosas palabras:

“Dich zu überdauern
Wäre so trauervoll, dass du es nicht
Erhofen darfst für mich, der ich dich liebe.”

En castellano: “sobrevivirte sería tan pesaroso, que no deberías desear tal cosa para mí, que te amo.”

  Leyendo estas declaraciones de amor, resulta comprensible que Aquiles no se diera cuenta en ningún momento que la reina Teleia estaba enamorada de él hasta la médula.

  En su relación con Tersites, en cambio, las cosas no varían demasiado en relación a la épica antigua de Homero o el de Esmirna. Existe un abismo insalvable entre Aquiles y el protagonista de la obra que va incluso más allá de la nobleza de carácter, cuando no de nacimiento, entre ambos. Aquiles no reconoce en Tersites a una persona, no digamos un igual. Aquiles es siempre fiel a su palabra, cueste lo que cueste; en la obra se mantiene en sus trece a la hora de abstenerse de la lucha, aun cuando la anhela, y también en lo relativo a entregar a Teleia a su camarada Patroclo. Cuando Aquiles se deja llevar por la cólera llega a extremos de crueldad innecesaria y esto se echa de ver en varias ocasiones, sobre todo, y más allá del maltrato que inflige a Tersites varias veces, esto se evidencia en la escena en que mata a Teleia a espada cuando ella le confiesa haber tenido sexo con el pernituerto. Aunque él no siente ningún vínculo  sentimental hacia la reina de las amazonas, de alguna manera siente que le han robado una cosa suya, algo que había prometido ofrecer a su amante y que ahora, mancillado por el monstruo Tersites, ha menguado su valor completamente. Cuando Tersites al final de la obra le anuncia la muerte de Patroclo, Aquiles, que al principio no podía creérselo, se desmorona anímicamente y asesina al jorobado de un golpe con su puño, que nunca recibió albricias el mensajero de malas noticias. La dimensión asesina e irracional de Aquiles también encuentra paralelo en la Ilíada en diversas ocasiones. La imagen que este personaje ofrece en la obra es absolutamente antipática.

  Teleia es la reina de las amazonas de nombre Pentesilea que aparece en el ciclo épico y en las Posthoméricas de Quinto de Esmirna, sólo que hay un intento por parte de Zweig de juntar en el tiempo tres momentos diferentes y separados en el tiempo del epos, a saber, la afrenta de Agamenón y la retirada de Aquiles, la muerte de Patroclo y la llegada y muerte de la amazona junto con Tersites. El austriaco parece haber recurrido al mismo procedimiento que Plauto en sus palliatae, es decir, a la contaminatio, de esta manera se maximizaban los efectos creados en la nueva obra. Así la muerte de Teleia y Tersites se hacen coincidir con la desolación de Aquiles al recibir la noticia de la muerte de Patroclo.

  En la lectura de esta obra se le vienen a uno a la memoria las palabras de Cervantes en su postrera obra Los trabajos de Persiles y Sigismunda, “todos deseaban, pero a ninguno se le cumplían los deseos”.  En efecto Tersites está enamorado de Teleia, pero Teleia lo está de Aquiles y éste, a su vez, de Patroclo. Todos son infelices y tres de ellos mueren violentamente al final, sólo sobrevive Aquiles, destrozado y sabedor de que le restan ya pocos días de vida. Es más, al menos dos de los personajes buscan la muerte para solucionar así sus amores contrariados, Tersites y Teleia, conformando así un drama romántico. El amor que siente Teleia hacia su asesino a la postre, surge a primera vista, en el mismo combate en el que  coincidieron, ella se enamoró de él. Sin embargo en los resúmenes de la Etiópide o en las Posthoméricas de Quinto de Esmirna es Aquiles quien se enamora de la amazona nada más verle el rostro, después de haberla alanceado y estando ya ella moribunda, cosa sin duda muy trágica y ya sin solución que recuerda los versos de Wilde en la Balada de la prisión de Reading que no me contengo en transcribir:

 “Yet each man kills the thing he loves,
By each let this be heard,
Some do it with a bitter look,
Some with a flattering word,
The coward does it with a kiss,
The brave man with a sword.”

En castellano queda más o menos así: “Y sin embargo cada hombre mata lo que ama, sépanlo todos. Unos lo hacen con una mirada de odio. Otros con palabras que acarician. El cobarde con un beso. El valiente con una espada.”

  Este efecto trágico, de lo mejor de Quinto de Esmirna, se desvanece en Zweig. El personaje de Teleia incorpora en sí todas las características del aristócrata homérico: coraje, audacia, sinceridad y nobleza, además de la belleza, pero en su comportamiento con Tersites adolece de la misma crueldad de la que gasta el Pelida: pretende servirse de él  valiéndose de su atractivo para poner celoso o al menos contrariar a Aquiles. Y es que en un principio Tersites es para la amazona algo parecido a una subpersona.  Pero hay conversaciones entre ellos que demuestran que detrás de la apariencia exterior de Tersites se esconde  una humanidad dolorida:

TELEIA: “Und bin ich ganz verlassen?

TERSITES: Jeder ist es.”

TELEIA: “¿Y estoy completamente abandonada?

TERSITES: Cada uno lo está.”

Sólo al final Teleia, presenciando la ternura de Tersites y su sinceridad al confesarle su puro amor, se arrepiente de su primitivo designio y le pide que se salve y que escape antes de la llegada de Aquiles, a quien ha llamado poco antes:

 “Nein! Ich will
Dir alles sagen. Ja, du warst ein Spiel,
Ein Spiel in meiner Hand. Ich habe dich
Betrogen, wollte dich zu einer Tat
Des Hasses nützen, doch mich ekelt nun
Die eig’ne Tat.”
…”Vergiss. Es war ein Spiel.”

  En nuestra lengua: “¡No! Te lo voy a contar todo. Sí, no eras más que un juguete, un juguete entre mis manos. Te he engañado, quería utilizarte para un acto de odio, pero ahora me siento disgustada por mi propia acción.” “¡Olvídalo!, ¡era un juego!”

  A lo que el pobre Tersites responde:

  “Ich hab’es längst gewusst.” Es decir, “hace tiempo que lo sabía”.

*

*

FUEGOS

  La escritora belga de lengua francesa Marguerite Yourcenar (1903-1987) publicó en 1935 un libro de poemas en prosa titulado Feux. En el poema titulado “Aquiles o la mentira” (Achille ou le mensonge) se pretende revisar el mito de Aquiles en Esciros que conocemos bien, entre otros, por la Aquileida de Estacio y que cuenta que la diosa marina Tetis, intentando salvar la vida de su hijo de un destino funesto en la guerra de Troya, disfrazó a su hijo Aquiles de joven doncella y la ocultó entre las hijas del rey Licomedes en Esciros. Allí tuvo amores con Deidamía, una de las hijas del rey  que quedó embarazada y pariría a Pirro o Neoptólemo, que por ambos nombres se le conoció.  De la isla salió gracias al ardid de los embajadores griegos Ulises y Diomedes, que acudieron con regalos para las hijas del rey que incluían sedas, mantillos, vestidos y…armas. Como era de esperar la naturaleza de Aquiles se impuso y asió las armas  y al poco zarpó de allí rumbo a la Guerra de Troya donde hallaría la gloria y la muerte.  En el texto de Yourcenar hay ciertas variantes con relación al mito, y son las siguientes: las hijas de Licomedes (ni el nombre del rey ni el de la isla aparecen en la escritora belga) son Deidamía y Misandra, en realidad son primas, la primera de ellas tendrá amores con el Aquiles travestido de doncella, mientras que la segunda, que como su nombre parlante indica (misos= odio; aner andros= varón) odia al macho, gasta pelo corto y luce brazos musculados. El nombre es el opuesto, por cierto, al de la amante de Alcibiades, Timandra, “la que venera al varón”) La tal Misandra siente en relación a Aquiles una mezcla de celos, odio y ansia de emulación. Cuando los embajadores griegos se presentan en la isla, estos son Ulises, Patroclo y Tersites. A este último se nos lo describe así:

  “Thersite soufflait, fatigué par l’escalier de mille marches, frottant entre ses mains ses genoux pointus d’infirme: il avait l’air d’un roi qui par lésine se serait fait son propre bouffon.”

  Es decir: “Tersites resoplaba, cansado de la escalera de mil peldaños, frotándose entre las manos las rodillas puntiagudas de enfermo: tenía la pinta de un rey que, por cicatería, se hubiera convertido en su propio bufón.”

    En el curso del encuentro Ulises  yerra, pues al considerar detenidamente a las tres jóvenes cree que Misandra, por su apariencia más viril, es aquella tras la que se oculta el hijo de Tetis. Pero la acción se resuelve de forma increíble: al notar Aquiles el enamoramiento que Deidamía manifiesta a todas luces ante la presencia del bien armado Patroclo, él mismo se dirige a ella y poniendo sus manos en torno a su cuello la estrangula con tanta fuerza que los ojos de la desdichada saltan de sus órbitas. (Esta truculenta escena  de sacar los ojos de una mujer nos recuerda aquella otra versión del mito en la que Tersites saca los ojos de Pentesilea muerta valiéndose de la punta de una lanza; acción que a la postre le costará la vida a manos de un Aquiles enamorado).

  El desenlace de esta obrita de Yourcenar nos indica que Misandra es quien guía de la mano al asesino Aquiles  y lo conduce hasta fuera de la torre para que así pueda embarcarse con sus compatriotas para afrontar su destino. Cuando finalmente embarca en la nave Patroclo se arrojó a sus brazos pensando que se trataba de Deidamía, Ulises sacudió la cabeza y Tersites “éclata de rire” (explotó de la risa). Añadió como colofón “Personne ne se doutait que cette déesse n’était pas femme”; en español “A nadie le cabían dudas de que esta diosa no era mujer”.

  En esta revisión del mito hay un enamoramiento entre las dos primas, Misandra se enamora de Deidamía y desata la tragedia movida por los celos. A su vez Aquiles siente celos de Patroclo y asesina a Deidamía.  En La mentira de Aquiles ya no nacerá ningún hijo que con el tiempo haya de acudir a la Guerra de Troya con objeto de sustituir a su padre fallecido.

  De las pinceladas con que esboza la figura de nuestro personaje Tersites sólo se resaltan dos: la primera es que su cuerpo deforme, especialmente sus piernas, pernituerta una  y coja la otra, le convierten la subida de una escalera de mil peldaños en un suplicio, de manera que es natural que apoye las manos en sus rodillas para recuperar el aliento. Dice que “tenía la apariencia de un rey que por tacañería se hubiera convertido en su propio bufón”. Se mantiene por tanto la imagen de lo ridículo que el personaje acarrea consigo. Y por fin se nos dice que Tersites “estalló de la risa”. Pareciera el mundo al revés, pues normalmente este personaje es quien resulta vapuleado y humillado y es quien suscita la risa de cuantos se hallan en su entorno. Pero ahora es él quien ríe. ¿Por qué? ¿Tal vez porque le hace gracia el embeleso con que Patroclo contempla a Aquiles pensando que se trata de Deidamía?  ¿O quizá porque sabe que su misión ha tenido el éxito que se esperaba ya que lleva a bordo al hijo de Peleo?

  Por último sólo me queda añadir que solamente en el Elogio de Tersites de Libanio de Antioquía se nos indica que el animoso cojo participara como emisario en la movilización del Aquiles travestido, y se apunta que probablemente ésta fue la causa de la enemistad que mediaría entre ambos.

*

*

PENTHESILEIA

Se trata de uno de los poemas de Robert Graves incluidos dentro del poemario Collected Poems que se publicó en 1959.

   Penthesileia

Penthesileia, dead of profuse
Wounds
Was despoiled of the arms by
Prince Achilles
Who for love of that fierce White
Naked corpse,
Necrophily on her commited
In the public view.

Some gasped, some groaned, some
Bawled their indignation,
Achilles nothing cared, distraught
By grief,
But suddenly caught Thersites
Obscene snigger
And with one vengeful buffet to his
Jaw
Dashed out his life.

This was a fury few might
Understand,
Yet Penthesileia, hailed by prince
Achilles
On the Elysian plain, paused
To thank him
For avenging her insulted
Womanhood
With sacrifice.

A continuación veamos cómo queda este extraño poema en versión castellana:

“Pentesilea, muerta por cuantiosas
Heridas,
Fue despojada de sus armas por el
Príncipe Aquiles
Quien, por amor hacia ese cadáver impetuoso
Blanco y desnudo,
Necrofilia practicó sobre él
A la vista de todos.
Algunos jadearon, otros se quejaron,
Mostraron otros su indignación,
A Aquiles no le importó nada, enloquecido
Por la pena,
Mas de pronto se dio cuenta de la obscena
Risa ahogada de Tersites
Y de una puñada vengativa en su mandíbula
Le quitó la vida.
Esta fue una locura que pocos podrían
Comprender,
No así Pentesilea, quien, saludada por el príncipe Aquiles
En los Campos Elíseos, se detuvo
Para agradecerle
Haber vengado su feminidad
Ultrajada
Con un sacrificio.”

En este poema se recoge la muerte de Tersites como consecuencia de la reprobación de una necrofilia que algunos mitógrafos nos habían transmitido, como ya hemos visto. De hecho los agudos y encendidos ataques del Tersites de Quinto de Esmirna al enamoradizo Aquiles tendrían más sentido si fueran consecuencia de un acto de esta naturaleza, por otro lado muy difícil de encontrar en la literatura antigua, pues tan sólo recuerdo uno de los Erotopathemata, o Sufrimientos de amor, de Partenio de Nicea, que aborde este tema. Pero que Tersites murmure y censure más o menos abiertamente la actitud de los reyes no es algo que a estas alturas del ensayo nos sorprenda. Sí sorprende sin embargo, y máxime en estos tiempos, el contenido de la tercera estrofa.

  En efecto, cuando Aquiles se encuentra con Pentesilea en esa parte del Hades reservada, entre otros, a los guerreros caídos en el campo de batalla con honor, causa estupefacción que ella no sólo no huya de su matador y violador post mortem, como cuenta Virgilio que hizo la reina Dido sin decir una palabra cuando se encontró inesperadamente con Eneas en los reinos de Plutón, y eso que el piadoso troyano sólo la había abandonado, sino que antes al contrario se detenga a agradecer al Pelida, tras el saludo previo de éste, la realización de un sacrificio fúnebre en su honor. Entendemos que el sacrificio realizado (¿un sacrificio acaso purificatorio?) ha sido la muerte de Tersites,  cual si éste se tratara de un enemigo más (recuérdese aquí que ya el enfurecido Aquiles capturó vivos a varios troyanos con intención de degollarlos en honor de los manes de Patroclo). El problema es que Tersites militaba entre las huestes helenas.  Pero pasma mucho más el hecho de que la reina no haga mención alguna del acto a todas luces reprobable que el Pelida cometió con su cadáver; ¿en qué consiste la feminidad herida de Pentesilea? ¿Más acaso en la mofa de Tersites que en la necrofilia de Aquiles? ¿O es que para esta noble y orgullosa reina guerrera el ultraje consiste en haber sido vencida en batalla, no dándosele un ardite nada relacionado con el sexo?  ¿O tal vez a un corazón altanero como el de la reina le preocupe más la intromisión de un plebeyo despreciable, como de seguro consideraría a Tersites, en este asunto, que el acto en sí cometido al fin y al cabo por un igual a ella en nobleza?

  Sea como fuere, la omisión del “detalle” de la necrofilia por parte de la reina amazona puede escandalizar a más de uno en la época del “sólo sí es sí”, y muy probablemente ese escándalo fuera muy del gusto del difunto Robert Graves.

*

*

EL REY DE LAS HORMIGAS

  El poeta polaco Zbigniew Herbert dejó inconcluso a su muerte en 1998 un escrito en el que llevaba trabajando sus últimos veinte años. Se trataba de un estudio de algunos mitos de la Antigüedad más o menos famosos. Entre ellos hace una breve mención a nuestro personaje en El repugnante Tersites, que procedo a glosar aquí brevemente. En los textos que cito utilizo la versión castellana publicada en Acantilado en el año 2018 con traducción de Anna Rubió y Jerzy Slawomirsk. Herbert cita a Homero directamente y luego nos presenta el personaje:

  “¿Quién era Tersites? Según Homero, un hombre despreciado por todo el mundo, el guerrero más feo de cuantos llegaron a las murallas de Troya. Cojo, de pecho hundido, la cabeza puntiaguda cubierta de pelusa rala: el vivo retrato del listillo. Su aspecto físico reflejaba sus cualidades espirituales. En el poema, Tersites es un cobarde, un camorrista y un eterno refunfuñón.”

  A continuación el poeta polaco se pregunta por qué cita Homero en su épica a un tipo insignificante, y se atreve a considerar que tal vez se trate de un divertimento, de un elemento cómico que dé un respiro en una atmósfera de sangre y de violencia.

  Después hace elucubraciones acerca de la etimología de su nombre, pues, aduce, Tersites no es un producto de la imaginación de Homero. Así nos dice que la palabra tersos significa “insolente”, y que según algunas fuentes Tersites significa “atrevido y valiente”. (El diccionario Oxford de Liddell  & Scott nos da pistas sobre la etimología de Tersites diciendo que viene del eolio thersos– en ático tarsos– más el sufijo de acción –tes, literalmente  “the audacious” o el atrevido. Y el verbo tharseo-ático tharreo– tiene un par de significados aparentemente opuestos: “to be of good courage, take courage” y “in bad sense, to be over-bold, audacious”. Se repite aquí nuevamente el doble significado de la palabra, positivo uno y negativo el otro, como ya veíamos en el término agenor).

  El episodio en que Tersites aparece significa una recriminación al rey Agamenón por aprovecharse de la guerra para su enriquecimiento particular. Formula críticas en el nombre del conjunto de los guerreros, en palabras de Herbert:

  “Tersites se atreve incluso a acusar al caudillo no sólo en nombre propio, sino también en nombre de los que permanecen callados. De este modo, representa la voz de los soldados perjudicados.”

  También el escritor de Leópolis se pregunta por qué interviene en la asamblea de los nobles un personaje a quien no se nos presenta como perteneciente a la aristocracia, del que nada dice Homero al respecto, y cuyo nombre es omitido en el célebre Catálogo de la Naves, donde se pone nombre a todos los caudillos griegos que condujeron tropas a Troya.

  Al final de su artículo Zbigniew Herbert apunta las siguientes interrogaciones:

  “Hoy en día, sin pedirle consentimiento a Homero, vemos a Tersites bajo otra luz. ¿Quién era? ¿Un representante de los pueblos conquistados, tal vez un príncipe minoico despojado del poder por los aqueos?”

  En los Escritos de juventud sobre el derecho, de Marx, se menciona al “Tersites comunista” (refiriéndose a Engels) que se atreve a llevarle la contraria a los creadores del estado norteamericano, al Áyax republicano. Es lógico que los revolucionarios identificaran a Tersites con uno de ellos. Al fin y al cabo, ¿para quién componía Homero su épica? ¿Para los reyes y los nobles o para los soldados? Es evidente que si fuera para los segundos, el soldado de tropa y la marinería no gustaría de ser representado por un tullido y deforme. Así pues los que luchan contra la burguesía en el siglo XIX se ven reflejados en este Tersites enemigo de la aristocracia en tanto clase gobernante. Por esta carambola de la historia vemos a Tersites convertido de villano en héroe, y no olvidemos que todas estas interpretaciones ya se encuentran in nuce en la Ilíada, todo lo relacionado con Tersites está tratado con una ambivalencia equilibrada; cortesía de Homero.

  También quiere Herbert contar en su artículo el final de Tersites, y nos refiere poco más o menos el mismo mito que utiliza Graves en su poema Penthesileia: es decir, el del asesinato de Tersites a manos de Aquiles, o mejor dicho a puños, por haberse burlado éste del Pélida cometiendo necrofilia con la amazona.

*

Attributed to Exekias – Attic black-figured pottery amphora. Under each handle, two patterns of spirals – Achilles slaying Penthesilea [ca. 540 BC – 530 BC – Vulci – Viterbo – Lazio – Italia / British Museum – London – UK] [Source: https://www.britishmuseum.org/collection/object/G_1836-0224-127]

*

EPÍLOGO

  Después de repasar en estas páginas el tratamiento literario que la figura de Tersites ha tenido en diversos escritores a lo largo de veintiocho siglos, llegamos a la conclusión de que la figura de cabeza puntiaguda ha sido siempre un personaje secundario e incómodo desde Homero. Ni siquiera él inventó al personaje, de manera que se limitó a destacar algunas características de su personaje y a omitir otras, según le interesaba para el episodio épico del que, por una vez, fue protagonista. Pero no pudo tergiversarlo, pues el auditorio de aquellos poemas seguramente conocía ya al personaje por otros poemas épicos que lo trataban.

  Y uno se pregunta al cabo: ¿era bueno o malo? El éxito del personaje estriba en que nunca es bueno del todo y tampoco malo del todo. Esta ambivalencia o mezcla de características ha hecho que cada momento histórico eligiera la perspectiva de Tersites más acorde con su tiempo, y éste daba de sí, y ha mostrado cada vez un aspecto diferente de su idiosincrasia. Así es evidente que los primeros siglos vieron en Tersites un personaje negativo porque su fealdad era identificada con maldad desde un principio y porque prevalecía en él la envidia hacia los mejores; recuérdese que la educación en la Antigüedad fue siempre privilegio de unas elites que emplearon como modelo el mundo aristocrático de los poemas de Homero, incluso si la aristocracia, como modelo político, había pasado de moda. Tersites, lo más opuesto a los reyes y caudillos que mostraban su atávico valor en el combate, tenía que ser también cobarde.  Por otro lado el don que tenía de pasar desapercibido por todos los sitios, le permitía enterarse de todas las conversaciones cruzadas de los cuarteles, de manera que su dimensión de correveidile maledicente y bufón le capacitaban para criticar acá y acullá, magnificando los defectos e increpando siempre a los que mandan. Pero hay un momento en que este personaje da un paso al frente y pretende arrogarse la voz de los que no gozaban del derecho a la palabra en la asamblea de los héroes y pronuncia su discurso ante el rey Agamenón. Y la cuestión es: ¿lo hace por envidia o de verdad se solidariza con las injusticias distributivas que sufre la tropa y se erige en representante de los sin voz para paliar su sufrimiento o defender su causa? Incluso si fuera por envidia, a Tersites no le falta el coraje de decirle al rey a la cara sus reivindicaciones y amenazas. Y si el discurso de Aquiles en el canto I dirigido también a Agamenón es valiente, ¿cómo entonces no habría de serlo el de Tersites que se refiere a las mismas cosas? Aunque es cierto que la dignidad del Pelida le hace hablar a título personal, mientras que la insignificancia de Tersites le obliga a manifestarse en una primera persona del plural y camuflarse entre la multitud. El castigo infligido por Ulises es también algo problemático, ¿Por qué lo golpea? ¿Acaso porque no es un aristos y por lo tanto no tiene derecho a hablar en la asamblea?  De ser así sería por motivos digamos procedimentales, por no respetar los modos (est modus in rebus). ¿O es que tal vez la moción de Tersites puede llegar a tener éxito? En ese caso el castigo de Ulises es el medio elegido para sofocar de raíz este conato de motín, de Ulises, un miembro conspicuo de la jerarquía aristocrática. Pero la humillación de Ulises causa la carcajada general de los aqueos, y de esta irónica manera el vapuleado cumple con su verdadera función en el ejército: la de bufón. Lo más interesante de la escena narrada es que Homero no condena a Tersites, no se aviene a la opinión mayoritaria o verdad oficial, y, de manera oblicua, lo llama “corazón valiente”.

  Andando el tiempo el Tersites de la perdida Etiópida renace en parte en las Posthoméricas de Quinto de Esmirna. Aquí aporta Tersites su lado más oscuro con una genealogía  brillante que Homero calló y que lo hace pariente nada menos que de Diomedes. El episodio de la muerte de Tersites no me parece literariamente hablando muy logrado, y si bien acabar sus días asesinado de un puñetazo es una muerte conveniente a un don nadie como él, ni este asesinato por parte de Aquiles ni el discurso previo que Tersites lanzó contra él me parecen justificados. Decía Tersites que Aquiles era un mujeriego y que la pasión por las mujeres, en todo punto inconveniente en un guerrero, embotaba su fiereza bélica. Pero es que estos argumentos no se avienen bien al hijo de Peleo en absoluto, ni menos en esta situación dada en que la lanza de Aquiles fue la única salvación en aquella jornada para los aqueos, que sufrían con gran mortandad la principalía de Pentesilea. Diera la impresión de que Quinto de Esmirna compusiera su obra épica a partir de un conjunto de textos que, o bien no supo elegir bien, o  bien no tuvo la maestría necesaria para ensamblarlos correctamente y ofrecer así una imagen conjuntada y bella.

  Los encomios a la figura de Tersites llevados a cabo por oradores griegos miembros de la Segunda Sofística  no aportan gran cosa a la comprensión del personaje, al menos el elogio supérstite. Tan sólo nos reafirman en que la opinión mayoritaria entre los lectores de los siglos II a IV d. C. era la de que Tersites era un tipo despreciable y malquisto, porque, de no ser así, estos maestros de la palabra no hubieran dedicado sus dotes retóricas a la defensa y encomio del individuo deforme, en la idea de que defender a semejante personaje requiere un dominio de la profesión tan exacerbado que dé lustre al orador que la haya emprendido. Un alarde.

  Es de lamentar que el escrito de Favorino de Arlés se haya perdido, porque es previsible que el autor del De exilio tuviera muchas cosas que decir en torno a la libertad de expresión, por un lado, él que fuera relegado por diferencias con el emperador Adriano, y por otro también en torno a la fealdad, pues Favorino era de naturaleza hermafrodita y lampiño de rostro. Mas, perdido el escrito en su totalidad, nunca podremos averiguar estos términos.

  A comienzos del siglo XVII nos encontramos en Shakespeare con un Tersites radicalmente crítico con los caudillos de la Guerra de Troya independientemente de que sean griegos o troyanos, incluyendo así mismo a las damas de la realeza como Helena o Cresida. La crítica que ejerce este personaje es mordaz, corrosiva, yo diría que desesperanzada, y se atañe fundamentalmente a aspectos relativos a la moral sexual. Aparte de lenguaraz, el genio y la intuición de Shakespeare lo convierten en un bastardo; y tal vez ésa sea la explicación del sentimiento de exclusión y de resentimiento que el personaje alberga en su interior hacia un mundo, la nobleza, que le es negado. Por lo demás continúa siendo el bufón que a grandes rasgos nos describía Homero. Fantaseando un poco podría uno identificar  a este Tersites con los puritanos fanáticos que decapitarían a su rey en 1640.

  Lessing profundiza en su Laocoonte en el papel de la fealdad dentro de la construcción literaria y en la esencia de lo ridículo. Pero ofrece una explicación de lo ridículo en la que, para que funcione, se necesita por parte del personaje burlesco que contenga ciertas potencialidades. No dice cuáles.

  Goethe recurrirá a él en la segunda parte de su Fausto y lo confundirá con una especie de diablo sofista que tanto puede defender una causa como la contraria, y siempre sin vinculación con la moralidad. Marx lo reivindica como prototipo del comunista que zahiere a la burguesía.

  Con Zweig entramos en el siglo XX y aprendemos a comprender al personaje desde dentro, de tal manera que por vez primera lo convertimos en protagonista de un drama en el que se nos da una explicación de su carácter y de su cobardía basada en su infancia; en efecto, fueron la soledad y la marginación sufrida desde sus primeros años los elementos que forjaron su personalidad. Es un personaje gris al que el amor de una amazona cautiva redime y salva, devolviéndole la valentía justo al final de sus días. Por eso decía más arriba que es un Tersites pasado por el diván del doctor Freud. Su antagonista Aquiles es un homosexual  egocéntrico y cruel, incapaz de empatizar con quienquiera que aparezca en su entorno.

  Por último los tres Tersites salidos de las plumas de Graves, Yourcenar o Herbert no contribuyen mucho más a la caracterización de un personaje hecho.

  Desprovisto de su mezquindad y de su envidia, creo que Tersites bien pudiera ser emblema y símbolo del intelectual de nuestro tiempo y de todos los tiempos, en la idea de que éste ha de ser siempre crítico con el poder y con los poderosos, y nunca condescendiente con sus anzuelos, subvenciones, parabienes o reconocimientos; un incorruptible francotirador siempre insatisfecho y alerta, que grite a los cuatro vientos “fiat iustitia et pereat mundus”, y que desde su soledad, sólo tenga por compañero un corazón valiente.

***

Santiago Blanco del Olmo

About Author