«Abisal», composición musical de Silvia Olivero Anarte

«Abisal», composición musical de Silvia Olivero Anarte

Encargo de la Banda Sinfónica Municipal de Albacete con motivo del concierto conmemorativo del Día Internacional de la Mujer – 8 de Marzo de 2018 . Banda Sinfónica Municipal de Albacete – Silvia Olivero Anarte [Directora]

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Abisal

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Las profundidades marinas abisales, allá donde no alcanzan los rayos del sol, contienen determinadas criaturas que son capaces de generar su propia luz. Esto se convierte en un espejo de la vida cuando se halla inundada de sombras en las que, emulando a de dichas criaturas, cada uno de nosotros podemos emitir nuestra propia luz.

Enfrentarse a un pentagrama en blanco implica una búsqueda en el interior, un laberinto de ideas, imágenes sonoras y una gran tormenta de silencio en la punta del lápiz. En esta ocasión Abisal traspasó el laberinto y clamó por ser expresado a través de la música.

Compuesta para ser interpretada por encargo de la Banda Sinfónica Municipal de Albacete, nació de las profundidades abisales de mi sensibilidad, recogiendo retazos de tropiezos y caídas de los que aprendí a levantarme con la fuerza que la resiliencia me regalaba. Cómo representar la luz que cada uno de nosotros podemos emanar en la penumbra a través de los sonidos se convirtió, de algún modo, en la propia creación lumínica de mis entrañas. Una idea que llevaba cerca de un año rondando mi cabeza, iniciada tiempo atrás, quedando interrumpida, hasta que la maduración de un pensamiento constante en el tiempo fue consciente de la necesidad de plasmarlo en el papel, sabiendo la posibilidad de ser auditívamente percibida.

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El germen sonoro nace del principio de la música: El ritmo. La naturaleza rítmica que con tanta fuerza proyecta la percusión, se alterna con un sencillo y delicado motivo melódico en el saxofón alto, posteriormente respondido por el saxofón tenor. Un diálogo enmarcado entre columnas sonoras que, precedido por el susurro sinuoso y disonante de hasta siete sonidos simultáneos, crece fundido en una melodía conjunta, ambos motivos superpuestos, creciendo paso a paso en masa sonora, ritmo e intensidad, acelerándose finalmente hasta la angustia. Un primer grito, amenazado de oscuridad y desesperanza.

Las fuerzas internas se trenzan y discuten entre el tam tam, el bombo, el plato suspendido y los timbales, antesala de una inmensidad lumínica, un coral nacido de la melodía inicial, interrumpido de nuevo por una aparente catástrofe inserta en un acorde de doce sonidos, agitada oscuridad que concluye con dos saetas sonoras, una flauta en el registro sobreagudo, y el timbal en el registro grave, emulando la luz y la oscuridad que se encuentran al unísono luchando entre ellas.

Silencio, tras el eco del tam tam que concluye la confluencia. Silencio que recoge la angustia transformándola en la luz interior cantada primero por el oboe y respondida por el clarinete, ambos engranados por el suspiro de un timbal.

Crear luz en la oscuridad nos transforma, proyectando su fuerza al exterior. La obra retoma, de este modo, la sonoridad inicial, pero renovada, los motivos enmarcados entre las columnas sonoras y la energía rítmica de la percusión dialogan en esta ocasión entre la trompa y la trompeta, reflejando la luz del metal. Una tuba anuncia la profundidad abisal en la gravedad de su susurro, acompañándose, tras las doce notas simultáneas en pianísimo, de una flauta en sobreagudo. Luz y oscuridad vuelven a confluir acariciándose entre ellas.

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Cuando tienes la fortuna de convertir tu obra escrita en ondas sonoras que traspasan la piel, cuando puedes parir más allá del mapa que trazan las notas, negro sobre blanco, y colocar la música sobre tus manos, ofreciéndola, compartiéndola, la emoción es indescriptible. Durante el primer ensayo confundía en mi mente el oído de compositora y directora, con la sonrisa de la primera escucha y la preocupación de hacerla crecer. La Banda Sinfónica Municipal de Albacete conectó inmediatamente con mi pensamiento y mi sensibilidad, cada gesto, cada mirada eran pura complicidad. No hay mayor alegría que percibir a través de tus oídos y tu piel cómo lo que piensas y lo que sientes traspasa a través de los músicos y regresa a ti engrandecido. Siempre quedaré agradecida por tan bello regalo.

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Silvia Olivero Anarte

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