Algunos pensamientos sobre el arte, la poesía y la poética cinematográfica de Tarkovsky – Virginia Fernández Collado

Algunos pensamientos sobre el arte, la poesía y la poética cinematográfica de Tarkovsky – Virginia Fernández Collado

Overview

Algunos pensamientos sobre el arte, la poesía y la poética cinematográfica de Tarkovsky

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Algunos pensamientos sobre el arte, la poesía y la poética cinematográfica de Tarkovsky

Me recojo alrededor de ti como en un lago
me cojo en tu cuerpo
como hierbas
y algas
y restos de peces muertos

Ghassan Jamad.

Hay una verdad que no está en la visión del ojo. La poética de Tarkovsky está llena de poesía y recuerdo, de infancia. ¿Cómo ve el arte Tarkovsky? ¿A través de qué poética? ¿Qué forma da a su arte? ¿Cómo ve el arte? En la lectura de Esculpir en el tiempo, Tarkovsky intenta dar respuesta a todas estas preguntas. Su visión es global, universal. Entiende el arte desde lo absoluto y la belleza de lo onírico y lo natural. A veces han dicho de él que es un místico.

La belleza está en todas partes; hay que tener ojos para verla y arte para expresarla. Es una estructura mental determinada. Se construye entre la poética de la vida y la belleza. No todo ojo ve esto.

Tengo una serie de poemas, que titulé “Momentos polaroids”. La filosofía de estos poemas era que secuenciaban algo, una puesta de sol, una mañana, una cita, todo a través de enumeraciones cortantes como si fueran polaroids. Al entrar en la obra fílmica del director ruso, pienso en la relación que hay entre los poemas y esta forma de asimilar el arte. En Tarkovsky, su objetivo es encontrar la verdad y mostrarla. El objetivo de un poema no está lejos de esto.

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¿Se puede representar la vida, con toda su fuerza y sus “momentos polaroids”, secuencias independientes que forman la vida, el todo, a través de la poesía?

¿Se puede representar todo esto en un poema y que emocione? Que esto haga surgir en las personas ciertas emociones o asociaciones a la emoción. La respuesta es que seguramente sí, pero no todas las personas sentirán lo mismo; quizás haya personas a las que esto no diga nada; sin embargo, a otras les moverá algo en su interior, pero en la vida sucede lo mismo. No todo el mundo es capaz de emocionarse al ver el mar o la luna llena. La vida está llena de belleza, de momentos que mueven algo en nuestro interior. Por ejemplo, me cruzo a alguien con una mirada inquietante, o esa mirada me hace sentir una emoción. ¿Soy capaz de describirlo? Y si lo hago, ¿se puede llamar a esto arte? ¿Emociona a otras personas?

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En una entrevista le preguntaron a Tarkovsky cuándo fue la última vez que lloró. Él contestó que cuando murió su madre, pero fue, describe, un llanto egoísta, pues lloraba porque su madre lo había dejado solo, lo dejó huérfano. Ese sentimiento, ¿se puede decir o siquiera intuir? Es difícil; el ser humano está solo y hay que partir de este hecho para subsistir.

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Fotograma de Зеркало / El espejo [1975 – Андрей Арсеньевич Тарковский / Andréi Arsénievich Tarkovski]

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La infancia y las asociaciones que hace nuestra mente sobre ella son vitales para el artista. He leído que las personas felices no pueden ser grandes escritores. Sinceramente, no creo que haya que ser infeliz para escribir y conmover al lector con el poema.

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La memoria o la mente recuerdan de una manera poética y esto es lo que hay que plasmar. Seguro que lo que hay en el recuerdo difiere de la realidad, pero ¿qué más da? Nosotros lo recordamos así. Cuando era niña, solía jugar en una calle de Bédar que, para mí, era inmensa. Cuando ahora paso por allí, siempre me viene a la mente el recuerdo de que ese lugar era mágico y grande. Esto muestra un ejemplo de que nuestros recuerdos son poéticos.

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Un bosque de abedules me hace soñar; mi propio libro Bosque está lleno de ellos y de espigas. Creo firmemente que cuando uno escribe, o hace arte con sentimientos profundos verdaderos, es capaz de transportarlos al lector. En mí misma, se me ha dado la circunstancia de leer un poema propio que escribí hace años y transportarme al estado anímico en el que lo escribí, sentir el mismo dolor o la misma alegría.

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Hay ciertos aspectos en mi obra que son autobiográficos. Yo diría que toda mi obra lo es. Todos mis poemas hablan de mí y mis gustos. Esto lo puede hacer cualquiera, porque, como dijo Thoreau, hay que hablar de lo que uno mejor conoce. Aunque la diferencia, la razón por la que no todos son poetas, ya la dio Hermann Hesse: “El ser poeta es algo que le está permitido ser a uno, no el hacerse”. Uno mismo no sabe si es poeta o no; debe ser el otro, el objetivo indiscreto, el que juzgará y dirá.

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Andréi Tarkovsky dice en Esculpir en el tiempo: “Queríamos que el sentimiento de soledad lo dominara todo” [1].

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Mi primer contacto con el director de cine ruso, Andrei Tarkovsky, se produjo, seguramente, antes de la anécdota que voy a contar, pero que, cierto es, no tomé conciencia. Fue en diciembre del pasado año cuando el editor de la revista cultural digital Café Montaigne, en la cual colaboro, me empezó a pasar una serie de películas que él consideraba imprescindibles, entre ellas, unas cuantas de Tarkovsky. No las vi. Después, hacia el mes de mayo, el Ayuntamiento de Almería tuvo a bien, a través de Maribel García, invitarme a la presentación del documental de José Manuel Mouriño, Escribir Lugar, en el que hace un recorrido a través de la vida del poeta gallego José Ángel Valente. En esta presentación, Ramón de Torres introdujo a José Manuel Mouriño, y añadió, para mi sorpresa, algunos apuntes sobre la película El espejo de Tarkovsky; posteriormente, en el debate final, se volvió a nombrar al director ruso. Fue aquí cuando este director captó mi atención y quise ver El espejo que guardaba, sin ver. La película me pareció un canto a la belleza y a la infancia a través de los sueños y la naturaleza, pero decir esto es no hacer justicia a Tarkovsky; el que ha visto sus películas sabe de lo que hablo, pues Tarkovsky es un poeta y un filósofo, es un artista que lleva a la pantalla su propio ser. 

Conforme me he ido adentrando en las películas del ruso, he encontrado ciertos paralelismos con la estética de Ismael Diadié Haïdara, por ejemplo, en su libro Tebrae, pues este libro no es un libro lineal, no va desde un principio hasta un final, no es secuencial; lo mismo ocurre con las películas de Tarkovsky. Después, en una entrevista que le hacen a Andrei, como dije antes, le preguntan que cuándo fue la última vez que lloró y relata que ocurrió en la muerte de su madre; inmediatamente después, pienso también en el libro de Diadié Haïdara, Tebrae para mi madre, que lo escribe cuando ella muere inesperadamente. En el contenido del libro, he encontrado ciertas similitudes con las respuestas de Tarkovsky. También, en el final del primer largometraje de Andrei, La infancia de Iván, cuando están leyendo los expedientes de las bajas que causó la guerra, la forma de decir, nombre, fusilado, nombre, ejecutado, tiene la misma estructura de un poema que Diadié Haïdara publicó hace unos años, llamado Terceto para el fin de los tiempos.

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Fotograma de Иваново детство / La infancia de Iván [1962 – Андрей Арсеньевич Тарковский / Andréi Arsénievich Tarkovski]

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Toda esta correspondencia es fortuita, pues todos estos libros han sido escritos sin conocer al cineasta; es simplemente una hermandad. 

Cada uno de nosotros, dicho esto que sigue desde un punto de vista artístico, se va a mover por fuerzas interiores puramente personales, que no tienen por qué coincidir, lógicamente, con otra persona, pero cuando encuentras a alguien que entiende el arte como tú, se produce este hermanamiento del que hablo. También me incluyo en él y al cineasta José Manuel Mouriño, como le he dicho a él, en alguna ocasión. 

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La ciencia y el arte quieren ambos dar una explicación del mundo; uno desde hipótesis objetivas y otro desde subjetivas.

¿El arte, más allá de servir a un ser individual, debe servir de manera general al mundo? Es una pretensión ambiciosa, pero creo que debería ser así. También el arte debe transmitir el estado en el que se creó, transmitir una emoción, lo que el poeta sintió al crear.

La ciencia versus el arte.

La ciencia y el arte buscan ambas llegar a la verdad, pero el registro frío y limitado de la ciencia no se puede comparar con los caminos infinitos del arte.

¿Qué me dice, a mí, por ejemplo, un cuadro de Jordi Pallarés? ¿Qué le dice a él? Yo veo el infinito en sus cuadros; se crean una serie de registros mentales, una emoción determinada. Sus representaciones parecen similares unas de otras y, sin embargo, son tan diferentes. Si hablamos de un sentido científico del círculo, solo habría una definición posible. Esta es, creo, fundamentalmente, la diferencia entre los caminos que siguen la ciencia o el arte.

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Jordi Pallarés – Vermell, Vitalisme [2007] [Fuente: https://arxiuartistes.cat/es/artistas/jordi-pallares.html]

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Dice Tarkovsky que la finalidad del arte consiste en preparar al hombre para la muerte, conmoverle en su interioridad más profunda. Esto también lo ha dicho Montaigne de distinta manera.

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La literatura se construye a través del lenguaje, de las palabras. Su objetivo es mostrar el mundo, la belleza del mundo, su absoluto, pero el lenguaje se queda corto para abarcar el mundo. A través de la poesía se muestran los recuerdos y el tiempo.

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El colocar al hombre en un espacio ilimitado, el hacer que se funda con una masa inmensamente grande, directamente junto a él, y con hombres que pasan, alejados de sí, el ponerle en relación con todo el mundo: ¡ese es precisamente el sentido que tiene el cine!

Esculpir en el tiempo [2]

Antes de leer estos textos que tengo entre manos del libro Esculpir en el tiempo, justo cuando vi la película El espejo, más bien mientras la veía, pensé, me di cuenta de que Tarkovsky busca la vida; sus películas muestran la vida y no son argumentales, en el sentido estricto de la palabra. No significa esto que no tengan un argumento; de hecho, lo tienen, pero no son películas lineales, puesto que la vida tampoco lo es.

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Fotograma de Зеркало / El espejo [1975 – Андрей Арсеньевич Тарковский / Andréi Arsénievich Tarkovski]

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A mí, en cambio, de los “haikus” me impresiona su observación pura, sutil y compleja de la vida.

Esculpir en el tiempo [3]

Creo que esto es precisamente el efecto que consigue Tarkovsky en sus filmes. La poesía es inconexa; sin embargo, junta, forma una composición bella, un sentir o una imagen que queda grabada. Eso se puede apreciar en las composiciones llamadas “haikus”, especialmente.

Hay un haiku de Bashô que dice:

La suave brisa
La risa de las flores:
Es primavera.

Se ve claramente en este haiku que aparece una suave brisa, las flores y la primavera.  Se pueden leer los versos y te dicen algo, pero se puede decir que no es algo lineal, es una sucesión de hechos que nos llevan a la conclusión de que es primavera. Si se lee en su conjunto, es una descripción de la primavera muy bella. Para verlo hay que leer el poema en su totalidad. Esto ocurre en los filmes de Tarkovsky; a simple vista pueden parecer hechos aislados, pero en su conjunto forman la bella película en su máxima profundidad. Esto ocurre, o debe ocurrir, con la poesía en general.

Veo cierto paralelismo entre Tarkovsky y Omar Khayyam, en conceptos como el abandono o el paso del tiempo.

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¿Qué entendemos como paso del tiempo? Yo estoy aquí ahora, escuchando el mar. ¿Es esto el pasar del tiempo? Las olas se mueven, van y vienen en su vaivén; el viento mueve mi pelo, siento una brisa encantadora. ¿Es esto apreciado por todas las personas que me rodean? Estoy en una cafetería frente al mar, donde la gente conversa a la vez que toma algo; sin embargo, nadie aprecia lo que digo, por lo menos, aparentemente, y me pregunto si esto es el pasar del tiempo o la pura eternidad.

Somos seres efímeros, que, sin embargo, creen que son eternos. Es una contradicción.

¿Qué es la belleza?

¿Es ver caer la nieve?

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Cuando escribí mis poemas del libro Lluvia, poemas 2006-2016, que abarcan diez años de escritura y, por ende, de mi vida, especialmente en los años 2011, 2012, yo escribía, dígase como siempre lo he hecho, por la necesidad de dar cabida en el papel a un sentimiento que nace interno, un cierto estado anímico que yo llamo “estado poético”. Resalto esos años porque algunos lectores, cuando leyeron esa parte del libro que se corresponde con mi libro Depredador, dijeron que pareciera que yo, la que escribía, estuviera atravesando por un periodo de tristeza y algunos, incluso, me preguntaron si había atravesado un período de depresión y la respuesta es y era que no, pero ahora, al mirar con distancia esta época de mi vida, quizás el poema sí reflejara mi estado interior de tristeza, sin ni siquiera haber sido consciente de ello. Por ejemplo, cuando escribí el poema “Estar enferma”, hace referencia a un estado nostálgico. Estoy segura, aunque muchos escritores no estarán de acuerdo en la afirmación, de que nosotros estamos y somos los protagonistas de nuestros libros, y voy más allá afirmando que si no reflejamos nuestro pensamiento, nuestra filosofía, no se podrá decir que somos artistas o poetas, sino meros constructores de libros. Los poetas debemos estar en nuestros libros. Yo estoy en mis libros, pero en una forma poética, lírica, es decir, que no tiene por qué ser exactamente así la realidad que se atraviesa, me refiero a la realidad común, pero sí a su esencia interior.

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En mis poemas no busco crear un cierto sentimiento, sino, todo lo contrario, me muestro a mí misma y mis entornos ideales, que son la naturaleza, más que la ciudad, el campo, más que la vida urbana. Yo nací en un pueblo de apenas quinientos habitantes, un pueblo rodeado de campo y pájaros, y esto es lo que llevo dentro, y lo que recreo en mis poemas, especialmente en el libro Bosque.

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¿Para qué se hace arte?

La idea de hacer arte es llevarnos al camino que nos lleva al espíritu, muestra en la medida en que se puede la existencia de algo sobrenatural, algo a lo que solamente se llega a través del espíritu; la puerta a este mundo es el arte.

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Virginia Fernández Collado

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Notas al texto

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