Dos poemas para mi madre – Sebastián Gámez Millán

Dos poemas para mi madre – Sebastián Gámez Millán

Dos poemas para mi madre

 

***

 

 

***

 

Elegía a unos brazos

 

Esta tarde un resol irrumpe y estalla entre los azulejos,

entre los verdes, entre las tonalidades térreas.

Hay una luz irreal, como de recuerdo lejano,

mas aún vivo, tenaz, y flota un aire

transido de luz quemada entre las plantas

del patio que con generosa mano tú cuidas.

Y ahí, sobre la silla amarilla de madera y anea,

tú, muda en tu quehacer. Enhebras pacientemente,

de la tarea de aguas e hilos abstraída,

sin consciencia de tu edad y del tiempo

que te va alejando de ti y de los tuyos…

Hasta a ti me acerco, también callado,

con la palabra en la mano,

en el gesto difícil y tímido.

Y mi mano por fin te toca, toca tu brazo,

roza tu piel, acaricia tus carnes cansadas,

suaves, blandas, donde mi mano se esconde

y ampara como cuando niño.

Mi mano, en la tarde, extendiéndose por tu brazo,

resbalando, respirando tranquila, retozando de tenerte aquí,

junto a la palma, entre mis dedos,

que abarcan y afirman por entero tu brazo:

lo que eres, lo que has sido,

lo que no podrás dejar de ser: madre.

Este es el secreto que vine a confesarte en silencio,

mediante caricias y gestos,

que las palabras se encogen para decir esto,

que las palabras no saben hablar de afectos,

que las palabras limitan la infinitud del amor…

 

Y mientras acaricio tu brazo,

mientras delicadamente lo froto,

miro tu semblante, miro tu boca,

tus labios, tu cabellera todavía negrísima,

tus oscuros ojos atentos al quehacer cotidiano,

pero ya emitiendo destellos de gozo,

el gozo de la mano que te afirma.

Lentamente reparo en tus facciones,

en tus manchas y tus arrugas,

vestigios y surcos que los años levantan

para proclamar la derrota del cuerpo.

Y si te miro distante, no con estos ojos de hijo tuyo,

sino de alguien que ignora tu vida y observa

tu cuerpo semiderruido,

cuánta ternura y piedad puedes despertar en mí.

Eres entonces como un recién nacido,

como una criatura inerme,

como un ser cuya senectud y cuyas húmedas pupilas

parece ensayar a cada instante, con cada objeto,

una cálida y fraterna despedida.

 

Oh belleza arrasada, oh días juveniles y sonrientes,

¿Dónde estáis? ¿Dónde, dónde estás, dime niña, dime María,

dime dónde, madre?

Dime entre qué gladiolos te alegrabas;

dime entre qué soledades, herida, amabas;

dime entre qué amarantos soñarías;

entre qué visiones, atemorizada, te ocultabas.

Dulcemente estuvieras allí y no aquí

con tanta hermosura dormida ya para siempre

entre estos brazos que levemente

rozo y toco en la tarde de julio.

 

Para cuando ya no tenga tus brazos, calor de cuna primera,

para cuando no pueda ya tocarlos, rozarlos, acariciarlos,

para cuando repetir ya no pueda esta escena de hijo y madre,

escribo el poema, donde canto y guardo tus brazos.

 

*

 

Hechicera

 

A mi madre, que me llevó a conocerla.

 

De la noche a la mañana surges

Como la rosa de Silesius, sin por qué:

¿No eres acaso un repetido milagro de la naturaleza

Que, debido a la fuerza de la costumbre,

Hemos dejado de percibirlo como tal?

 

Durante apenas unas horas

Eres un solitario grito de agosto,

Un relámpago matinal,

Una llama violácea que destella

Y colorea y endulza el aire.

 

Ese frágil esplendor con que te alzas

Basta para justificar tu breve existencia,

Si es que tienes que justificar algo.

 

Al anochecer, mientras te cimbreas

Al son del aire cálido

Tu flor ya seca y apagada

Me conmueve como todo lo que es efímero

Y por poco tiempo resplandece.

 

Tu destino no nos es del todo ajeno;

A nuestros cotidianos días

La brevedad de la vida

Fulgor y belleza presta,

Así que mirando de frente al fin

No hay día sin gracia ni don.

 

Porque si fuéramos mortales,

Los días a los días se sucederían,

Sin ningún encanto,

Ni siquiera el triste encanto de lo que perece.

No conoceríamos la esencia de lo bello,

Que tal vez resida en esa misteriosa fluencia

Que atraviesa el corazón de cuanto existe.

***

Sebastián Gámez Millán

Autor
Categories: Literatura

Comments

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